Basta entrar por la calle del complejo de Naum Alperovich, desde avenida Perón al 600, y recorrer hacia el Norte los dos km del camino de sirga junto al canal Caínzo-Las Piedras hasta la entrada a los barrios Alto Verde I y II, para tener una dimensión de lo que está pasando con el crecimiento de Yerba Buena y la zona del piedemonte. Las obras de construcción de barrios cerrados (sobre todo) pululan como organismos vivos, moviéndose al ritmo de un progreso contrastante pero complementario de la profunda crisis del país. Mientras padecemos las consecuencias del desastre económico y de la pandemia, las casas y los countries se multiplican casi con desesperación. Yerba Buena, que primero se había desbordado hacia el oeste y hacia el Sur -casi devorándose al Manantial y a San Pablo- ahora se está derramando hacia el Norte. Gran ejemplo de ese derrame es el intríngulis del canal Caínzo-Las Piedras. “Esta es la crónica de un final anunciado. Convergen una cantidad de problemas que en su momento no se los trató”, describe el arquitecto Luis Lobo Chaklián, ex funcionario municipal de la Capital y vecino de siempre de Yerba Buena.
Tierra de nadie
El lugar donde el camino de sirga está a punto de ceder ha sido escenario de varias protestas vecinales en los últimos años, porque es el único acceso a los barrios y lo usan miles de personas. “Acá hay 500 familias viviendo. Son más de 2.500 personas. Y esto está al borde de colapsar”, dice el vecino Marcelo Duarte, del directorio de Alto Verde II. Pero el camino está dentro del territorio de la municipalidad de Yerba Buena y los barrios están en el territorio de la comuna de Villa Carmela. Y como el pavimento se hizo sobre el camino que bordea el canal, depende de la Dirección Provincial del Agua. O sea, tres jurisdicciones y nadie se hizo cargo. El mismo pavimento, en el sector cercano a los barrios, se hizo por iniciativa de los vecinos del Alto Verde II, según contó José Veiga. Un informe de la DPA que está en manos de los vecinos dice que el camino junto al canal “fue expropiado como camino de servicio, para entrada de máquinas y vehículos de mantenimiento del canal; por ello no debiera nunca haberse utilizado como acceso a ningún emprendimiento urbanístico, ya que no se trata de una calle pública”.
¿Quién decidió que fuese la entrada a los barrios? Acá entra otro elemento en el cúmulo de responsabilidades, que es el desarrollador urbanístico Pablo Padilla, que ahora está buscando con la gente de la Municipalidad de Yerba Buena hallar una salida alternativa a través de un camino en una picada que va por la calle Roca hacia el este, directo a la Fanzolato. Es una vía todavía intransitable pero son sólo 600 metros que había que habilitar. El responsable de Obras Públicas de la Municipalidad, Alfredo Alfieri, dice que “se está empezando con el trabajo en el lugar, pero eso demora mucho tiempo”. Las urgencias en la administración para hacer un “by pass” para aventar el riesgo no son iguales a las urgencias que les dicta la inquietud a los vecinos. Ellos cada día van poniendo más conos, bolsas, cintas y carteles en el lugar del peligro y achican el paso al mínimo indispensable, esperando el impacto. Se cree, no obstante, que en una semana estaría esa salida alternativa.
La crisis líquida
Dice Lobo Chaklián que hace seis años, “cuando una tormenta monstruosa tapó el canal y desconectó al barrio del golf, se advirtió el riesgo. Seguimos haciendo gaviones como el elemento más fuerte para el agua. Es como que en vez de semáforos pongas lomos de burro”. Añade que hace 20 años el canal Caínzo, que recorría una zona de cañaverales, tenía revestimiento de hormigón, tres metros de profundidad y no recibía el caudal brutal de estos tiempos en que se está urbanizando a pasos agigantados todo al norte de la avenida Perón hasta el final de Yerba Buena y mucho más allá del canal. “Estamos asistiendo a lo que ya sabíamos que iba a pasar y nadie se hace cargo. Se lo va a llevar puesto. Esto obliga al trabajo de sistematización de las bajadas de agua porque es demasiada superficie que va proveyendo de agua para ser contenida por un canal muy chico”.
¿Demasiada agua? La urbanista Claudia Gómez López, directora del Centro de Estudios del Territorio y Hábitat Popular de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, dice que el canal Caínzo, “como muchos otros paleocauces, con las urbanizaciones desborda agua que antes era absorbida por el suelo. No se ha hecho estructura de pluviales. El agua busca drenajes naturales con las calles”. En realidad, dice, el problema del agua es gravísimo, tanto en la provisión como en el manejo del líquido. Se ha construido y se va construyendo pensando que basta con hacer pozos y cada vez hay menos agua, como se ve con la limitación diaria de la provisión en Yerba Buena. “En Tafí Viejo hace 20 años que no hay agua”, explica. Acota que El Cadillal, que fue construido en los 60 para la mitad de la población de la capital, no da abasto. “Encima Tafí Viejo es más alto que El Cadillal”. ¿Hay opciones? No. “Construir otro dique no figura en ninguna agenda de los políticos”, agrega. Y el proyecto más cercano, Potrero de las Tablas, en caso de que se hiciera, serviría tal vez para un área que va de San Pablo a Monteros, pero no llegaría a Yerba Buena. “Yo vivo desde hace 50 años en El Corte -dice Lobo Chaklián- y siempre hubo falta, y siempre se dependió de la precaria estructura del acueducto de Anfama”,
Ambos arquitectos advierten sobre los peligros del crecimiento inmobiliario sin la gestión del agua. Yerba Buena, que tiene código de planeamiento, se está extendiendo hacia Cebil Redondo sobre terrenos que no tienen agua ni acceso troncal -es lo que ha pasado en los barrios Alto Verde- y tampoco hay adecuado control. Lobo Chaklián critica que se estén haciendo barrios cerrados con loteos de 300 m2 (es decir terrenos de 10 x 30) para que la gente vaya a amontonarse en vecindarios que les dan la ilusión de verde y seguridad.
Los problemas del crecimiento han ido poniendo emergencias puntuales a las autoridades de la “ciudad jardín”. Al comienzo de su mandato, el intendente Mariano Campero suspendió la urbanización en el piedemonte (la preferida), que estaba afectando el sistema hidrológico de Yerba Buena y la Capital. Ahora hay algunos casos puntuales -en El Corte, cerca de la comisaría, se está haciendo un barrio cerrado, y en la zona de El Tipal, cerca del río Muerto, están extendiéndose las viviendas- y cada tanto aparecen conflictos a resolver, como el planteado por los vecinos de La Rinconada en el área de calles San Juan-camino de sirga-Chubut-España, que temen que vayan a inundarse en el verano a causa de las construcciones de barrios cerrados sin drenajes.
La emergencia de la gente de Alto Verde es también un tema puntual, con una salida relativamente rápida -el camino alternativo- y otra compleja, planteada como solución, que es canalizar todo el canal Caínzo. En 2019 se estimaba que hacían falta 2.200 millones de pesos para eso. La DPA no sabe qué proyectos le van a aprobar en Buenos Aires ni si tendrá dinero para ello. Pero la canalización no parece ser la solución de fondo si el crecimiento urbano sigue así, descontrolado.
Cuidando quintitas
Pronto toda el área de Cebil Redondo-Villa Carmela-Tafí Viejo estará saturada como Yerba Buena. ¿Cómo se gestionará el agua? “Hay que articular las políticas de organismos públicos. Las municipalidades no pueden resolver por su cuenta, sino consensuar. Hay que hacer un plan de ordenamiento. Por ahora cada uno cuida su quintita”, dice Gómez López. “Falta sistematizar toda la bajada de los cerros “, agrega Lobo Chaklián, que acota sobre la necesidad de una política general de la tierra. “Se está empezando a desmadrar la continuidad urbana a partir de la falta de planificación integral del crecimiento de la ciudad”, sentencia. Lo del canal Caínzo, en este sentido, es solo una señal. Un presagio del pasado que comienza a cumplirse.








