Audios de WhatsApp: última súplica de Tacacho antes del horror - LA GACETA Tucumán

Audios de WhatsApp: última súplica de Tacacho antes del horror

Tacacho envió una serie de mensajes de alerta a Cermignani, su abogado, seis días antes de que la mataran. La víctima pedía “perdón por molestar” y decía estar enloquecida por las amenazas de su agresor, Parada Parejas. En estos hechos se basa el primer episodio de la serie de podcasts “¿La escucharán ahora?” presentados hoy por LA GACETA.

30 Oct 2021 Por Irene Benito

Está agotada. Ya cerró sus redes sociales y una antigua casilla de e-mail, y, sin embargo, sigue siendo perturbada por internet. No sabe cómo explicar lo que le pasa: la irracionalidad en la que está inmersa. A esa altura ya pidió ayuda al menos 22 veces a la Policía y al Poder Judicial (ver una reproducción del “laberinto” de procesos en esta edición). Lo intenta por última vez el 24 de octubre de 2020, seis días antes de ser asesinada. Con paciencia expresa que no sabe de dónde saca su correo electrónico el sujeto que la ataca. “No sé, no tengo idea. Todas las veces que hice denuncias a mí me pedían datos, y, a veces, recibía llamados de números privados; atendía y del otro lado se quedaban mudos. Cuando él iba con su abogado (a la Justicia) se ponía a observar todas esas cosas, teléfono y mail, algo que me pedían en las fiscalías”, conjetura.

La que habla es Paola Tacacho. Su cansancio es evidente. El hastío atraviesa cada letra que pronuncia con su acento salteño. Con cuatro audios de WhatsApp trata de interpretar la cabeza de Mauricio Parada Parejas, el ex alumno que la persigue desde hace por lo menos un lustro. Su agresor acaba de mandarle por correo electrónico la imagen de una bola de fuego a punto de impactar en un planeta con la leyenda en inglés “passby###III” (“pasar cerca” -ver imágenes-). Tacacho se siente amenazada, hace una captura de pantalla y se la pasa a su abogado, Claudio Cermignani, quien le pregunta: “¿qué significaría eso?”. Tras recibir los comentarios de la docente de Inglés, incluida una traducción, el profesional escribe: “OK… es entendible lo que siente. Veré de preparar un escrito la semana próxima para activar la causa penal y q(ué) se puede hacer x ahí! (sic)”. Cermignani incluso se compromete a pedir al Ministerio Público Fiscal que investigue el origen del correo electrónico junto a “otras medidas”.

“¿Qué loco?”

¿Cómo se expresaba Tacacho en ese momento cúlmine del hostigamiento? La respuesta está en “Los últimos audios de WhatsApp”, primer episodio de la serie de podcasts titulada “¿La escucharán ahora?” que LA GACETA presenta hoy, en el primer aniversario del femicidio. Esta producción disponible en LAGACETA.com recrea los hechos con las voces de los protagonistas de la tragedia. Completan el capítulo inaugural principalmente Mariela Tacacho y Nilda Zerpa, mamá y prima hermana de la profesora de Inglés. Cermignani, cuyo testimonio tiene un valor clave para conocer por qué la Justicia no protegió a la docente, se excusó de participar: manifestó que prefería guardar silencio porque había una denuncia en su contra en trámite en el Tribunal de Ética y Disciplina del Colegio de Abogados.

“Doctor, te pido disculpas. Sé que esto (las amenazas de Parada Parejas) no tienen que molestarme; sé que son mensajes vacíos que no tienen sentido; sé que físicamente el ‘chabón’ no me va a hacer nada, pero no puedo evitar ponerme loca cuando recibo sus mensajes… me arruinan el día”, expresa Tacacho en el segundo audio que remite a Cermignani. Agrega que es mentira la versión de la familia de que su agresor no manejaba dinero. “Su hermano (Ronald Parada Parejas) afirma que (aquel) no dispone de computadora ni de internet, pero yo sé que se va a un ciber”, dice.

Para esa época, Tacacho ya interpuso 15 denuncias penales y hasta asistió a una mediación en la Justicia civil (ver en esta edición). Sobre el femicida pesaban dos órdenes judiciales de apartamiento que él violaba sistemáticamente, como reveló la autopsia periodística de los expedientes promovidos por la víctima. Nada funcionaba para detener al chico que se había obsesionado con ella; que la esperaba afuera de los institutos donde daba clases; que la seguía hasta el gimnasio; que se había metido en el edificio donde vivía y le había dejado mensajes intimidantes en las paredes, y que una vez incluso había corrido detrás de ella en la calle en un encuentro que la había dejado aterrorizada, según contó en una de las causas frustradas. Ninguna de estas señales de alerta fueron escuchadas.

El 30 de octubre alrededor de las 21, Parada Parejas apuñaló a Tacacho en la calle Monteagudo al 500, pleno Barrio Norte de San Miguel de Tucumán. Luego tomó el cuchillo y se quitó la vida. En la casa materna de la víctima en Salta se enteraron tres horas más tarde. “Eran las 0.15 o 0.30 del 31 de octubre. Yo estaba dormida cuando escucho que me dicen ‘el loco la mató a Paola’. ‘¿Qué loco?’, dije yo. No entendía nada. Si alguna vez supimos que una persona molestaba a mi hija eso había sido muchos años atrás. Nunca más ella nos dijo que sufría tanto acoso y amenazas. Es inexplicable la desesperación que sentía. Con la poca claridad que teníamos, hablé con mis familiares y armamos el viaje a Tucumán. Íbamos en la ruta y pensábamos que estaba en el hospital, que aún seguía con vida”, rememora entre lágrimas la madre, Mariela Tacacho. E interroga y se responde: “¿quién está preparada para ver a un hijo muerto? ¡Nadie!”.

Doce meses después, la progenitora reflexiona que no es que la joven no haya podido tener justicia, sino que se la negaron. “La lección que nos dejó es que debemos seguir pidiendo justicia. Luchamos para que no se olviden lo que le pasó”, afirma.

Negación

Nilda Zerpa relata que hablaba todos los días con su prima radicada en Tucumán, Paola Tacacho. Cuenta que la víctima tenía devoción por su hija Juana y que ese 30 de octubre le había mandado una foto de la niña. A las 20.55, cinco minutos antes del ataque, Tacacho le respondió con un emoticón. Fue el último contacto. La joven tal vez venía mirando la imagen en el teléfono cuando Parada Parejas la sorprendió por atrás, puñal en mano.

La profesora había llevado su historia tenebrosa de hostigamiento en soledad: sólo estaban al tanto de ella sus amigos íntimos tucumanos, entre ellos Marcelo Rodríguez, el testigo que el juez Juan Francisco Pisa y la fiscala Mariana Rivadeneira desecharon -por considerarlo impreciso- en sus respectivos procesos.

En 2017, Zerpa recibió mensajes amedrentadores de Parada Parejas vía Facebook. El femicida le había mandado una foto de Anahí Benítez, víctima de un femicidio ocurrido ese año en la provincia de Buenos Aires. “Allí decía que tenía vigilada a PET, las iniciales de mi prima (Paola Estefanía Tacacho). Y agregaba insultos como ‘india salteña’ o ‘salteña putona’. Después empezamos a conversar en la familia y advertimos que a varios nos mandaba este tipo de mensajes. Cuando lo hablamos con Pao, ella minimizó el problema. Nos dijo: ‘es un ex alumno que está enfermo. Yo ya hablé con la familia. Quédense tranquilos, no me jodan’. No supe interpretar ese ‘no me jodan’. No vi que de su parte había una negación”, relata Zerpa para el podcast de LA GACETA.

Un día, Zerpa recibió un chat desde una cuenta apócrifa que consignaba “falta poco para morir”. “Llamé desesperada a Paola. Luego me arrepentí mucho de haber actuado en ese estado porque creo que la asusté. Ella sintió que nos estaba preocupando demasiado. Ahora pienso que quizá si yo la hablaba más tranquila, ella me hubiera contado lo que le pasaba”, se lamenta la prima. “Después de eso, nunca más me comentó nada”, agrega. Y cuenta que ella también denunció a Parada Parejas en Salta y que, a partir de esa actuación, las agresiones habían cesado: “por eso no comprendíamos nada cuando nos dijeron que la había matado. No conocíamos la cantidad de denuncias que había hecho ni que la habían echado del instituto Mark Twain por exponer esta situación de acoso”.

“Ella lo sentó”

Las familiares de Tacacho se aferran al enjuiciamiento en desarrollo del juez Pisa, acto que consideran el primer gesto de justicia de Tucumán para con su hija y prima asesinada. Este es el único procedimiento disciplinario que prosperó en el año transcurrido desde el femicidio y se sabe que avanzó por una carambola del destino: la burocracia de la Administración Nacional de la Seguridad Social impidió al juez concretar la jubilación con el 82% móvil que el gobernador (con licencia) y actual jefe de Gabinete de la Nación, Juan Manzur, le había aceptado en febrero. “Paola sentó a Pisa en el banquillo de los acusados”, asegura su madre. “Sentí por primera vez algo de alivio en el cuerpo”, apunta Zerpa.

A la sombra de Pisa hay media docena de fiscales, un auxiliar de fiscal y los policías que omitieron una respuesta estatal acorde al peligro que la víctima enfrentaba, y que expuso sistemáticamente durante su calvario. Pese al desgaste y al rechazo que sufría en el sistema judicial, la joven no bajaba los brazos ni aceptaba que estuviese condenada a la violencia. Los últimos audios de WhatsApp reflejan que, hasta el final de su vida, Tacacho confió en que las instituciones iban a oírla.

Comentarios