El otro partido - LA GACETA Tucumán

El otro partido

27 Oct 2021 Por Marcelo Aguaysol

La fecha se acerca; el pulso político se acelera. El dólar se pone nervioso. Y todos los argentinos miran el termómetro electoral. Indudablemente, los años impares implican un ejercicio de relajación del gasto público y de consecuencias directa en la economía de bolsillo de la sociedad. La moneda nacional se deprecia, mientras el mercado toma como referencia válida la cotización de un dólar informal que hoy vale $ 196 y que mañana no se sabe cómo amanecerá en las invisibles pizarras de la City. La demanda es creciente. Hay billetes en las calles, pero también una inundación de horneros anaranjados que van perdiendo valor a medida que pasa el tiempo. En cuatro años el billete de $ 1.000 perdió la capacidad de comprar 8 paquetes de café, 132 tazas de leche, 33 kilos de azúcar, 15 paquetes de pan lactal, 17 paquetes de manteca, 20 potes de dulce de leche o 47 kilos de naranjas, señala la “Inflación Desayuno”, un trabajo preparado por la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) con el fin de demostrar la depreciación que ha tenido el Peso por efecto de la suba sostenida de los precios.

“Un producto clave en la nutrición de nuestras familias es la leche, que fue duramente golpeada por la inflación: en 2017 con $1.000 nos alcanzaba para 44 sachets ($22,80), hoy solamente compramos 11 ($93,73), son 132 tazas menos”, puntualiza el Changómetro, el sistema ideado por esta fundación para exponer la caída del poder adquisitivo del ingreso.

Los precios juegan uno de los partidos fundamentales en la elección que se viene. Las consecuencias de la inflación saltan a la vista: la brecha de ingresos, es decir cuánto dinero le falta a un hogar para poder cubrir su canasta básica total promedio, es de un 40%. Una canasta básica total promedio de un hogar tipo es de $ 63.000, mientras que sus ingresos promedio son de $ 37.000, mensuales, describe el Instituto para el Desarrollo Social de la Argentina (Idesa). El camino es muy largo. A esa familia le faltan $ 26.000 para mejorar su condición socioeconómica.

Los gobiernos locales apelan a soluciones de coyuntura. Cada agente del sector público tucumano tendrá $ 40.000 más de ingresos en tres meses para acompañar la suba sostenida de precios. Se trata de una salida para apaciguar los estados de ánimo y esperar definiciones más concretas desde Buenos Aires. No hay mucho margen de maniobra. El mercado es tan incrédulo como el común de los argentinos respecto de que el Gobierno nacional enderece el rumbo de una economía plagada de incertidumbres. No hay plan y es probable que la Argentina siga siendo administrada desde la crisis hasta 2023. Así lo señalan varios economistas de renombre. Ese mismo mercado obligará a los moradores de la Casa Rosada, del Palacio de Hacienda y del Banco Central a corregir un atraso estimado en un 20% en el tipo de cambio desde el día posterior a las elecciones de medio turno; desde el 15 de noviembre. Un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional será como un paraguas para la gestión, pero que puede darse vuelta con el viento si sigue la tempestad cambiaria en la Argentina, ha definido recientemente un analista económico a un grupo de CEO de Tucumán. Las correcciones serán inevitables, más aún si se trata de tarifas. La cuestión pasa por establecer qué estará dispuesto a realizar un Gobierno que pone toda la carne al asador en las elecciones de noviembre, que van más allá de la renovación de ambas cámaras en el Congreso; define la gobernabilidad de los años por venir.

Tucumán, en este escenario, tiene sus propios torbellinos. A Juan Manzur y a Osvaldo Jaldo les ha tocado también administrar una crisis política interna partidaria, tras las PASO del 12 de septiembre pasado. Aún quedan sectores que no entienden los movimientos de la fórmula gubernamental que pasó de las agresiones verbales a la luna de miel que los ha caracterizado durante el primer mandato y el primer año del segundo. Los caminos del gobernador y del vice se unieron, independientemente de las funciones que hoy desarrollan cada uno de ellos. Manzur se ha convertido en un jefe de Gabinete de una gestión que necesita imperiosamente mejorar el resultado obtenido en las PASO. Pero se encuentra con los viejos fantasmas de las internas propias del PJ que pueden poder en riesgo a la coalición. En Buenos Aires señalan que el kirchnerismo se ha convertido en una trituradora de figuras políticas nacionales y de candidatos. Y Manzur debe sobrevivir a eso; de otra manera, no sólo pondrá en juego su cargo nacional, sino también un posible retorno a la gobernación. La ola amarilla que dejó las internas de septiembre lo desvela, al igual que a Jaldo. Si bien dentro del distrito el vicegobernador en ejercicio del Poder Ejecutivo cree que puede obtener un buen resultado en los comicios que se vienen, no descuida el efecto de la desilusión que ha causado su acercamiento a Manzur durante el último mes. De allí la estrategia del tranqueño de ir cumpliendo las promesas de campaña como fue el alejamiento de Claudio Maley del Ministerio de Seguridad. Estructuralmente, la Casa de Gobierno sostiene que el Partido Justicialista mantiene su hegemonía en Tucumán y no hay indicios concretos de que cambie de signo en la próxima elección y en 2023. De todas maneras, la reconstrucción del oficialismo será uno de los temas centrales de la cumbre de hoy en la Casa Rosada. Manzur y Jaldo saben que juegan otro partido, como varios de los postulantes a senadores y a diputados que miran más 2023 que al Congreso Nacional.

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