La misa de hoy: sinodalidad en el Servicio

17 Octubre 2021

Nos sirve el evangelio de este domingo para reflexionar sobre el servicio en la misión cristiana. Este domingo iniciamos el camino sinodal en nuestra diócesis de Tucuman y valga comenzar desde la perspectiva evangélica de saber que no se debe buscar estar sentado en el poder más privilegiado sino en el servicio real de entregar la vida por el Señor en su Iglesia al servicio de la humanidad.

1. Nos enseña Juan Pablo II: “la consideración fundamental es que la misión debe mirarse como servicio: lo que el servidor hace, ¿para quién lo hace? No para sí, si no para los objetivos del Superior. Asimismo el misionero: no trabaja para sí, sino para el reino de Dios y su justicia. Tenemos aquí una interpelación que va más allá de perspectivas meramente terrenas o humanas. No se trata de “aconsejarse de la carne y de la sangre” (cfr. Gál 1,16), sino de escuchar en lo íntimo del propio corazón el “murmullo” de esa “agua” de que ya habló el gran obispo-mártir San Ignacio de Antioquía: el agua pura y límpida de la fe y la caridad, y que decía: “Ven al Padre, ofrece tu vida por Dios y los hermanos” (cfr. “Carta a los Romanos”, cap. 6, 1-8, 3; Funk 1, 217-223).

2. El camino Sinodal no será un conjunto de acciones parlamentarias; se trata, como nos señala el Papa Francisco, de un camino eclesial que se deje guiar por el Espíritu Santo que ilumina el sentido real del servicio... Juan Pablo nos enseña: “el buen servidor se olvida de sí y de sus intereses para cumplir la tarea encomendada”. Y el servidor del Evangelio se comportará de la misma manera. Más como este sacrificio sobrepasa las fuerzas y razones de la sabiduría humana, el misionero, al decir su “sí” incondicional al Padre que lo envía al mundo, confía siempre y sólo, y con tranquilidad renovada en la ayuda divina, que se le concederá sobre todo en el momento de la prueba, que pudiera llegar hasta la cumbre del martirio.

3. Como toda tarea de entrega, el servicio no buscará el poder por el poder mismo sino su realización en el camino del Espíritu. Ahora bien, este trabajo supone cruz y a veces dolor e incomprensión. Nos dirá el Santo Papa Magno: “cuando en la hora más angustiosa del testimonio en el sufrimiento le parece al misionero que todo se ha perdido, en ese momento precisamente la luz de la fe le hace comprender que, unido a Jesús crucificado, y confiado plenamente a la misericordia del Padre, contribuye a difundir la luz divina de manera mucho más eficaz que cuanto hubiera podido conseguir con los medios humanos, incluso los más eficientes. No es que dichos medios no sean valederos para las misiones, sino que al contrario, son benditos; y sería de desear mayor incremento de los mismos; pero sólo son instrumentos que han de utilizarse según los planes de Dios y las exigencias pastorales de su reino”.

Que María de la Merced, guie y proteja a nuestra Iglesia.

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