Rejas ingresó a su “guarida” vestido como enfermero - LA GACETA Tucumán

Rejas ingresó a su “guarida” vestido como enfermero

El condenado fingía estudiar Fisioterapia.

16 Oct 2021 Por Nahuel Toledo
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REFUGIO. En esta cabaña turística de un camping se hospedó durante nueve noches el ex agente penitenciario condenado por un doble homicidio. La Gaceta / fotos de Nahuel Toledo

La coartada debía ser creíble, por eso, el 29 de septiembre Roberto Carlos Rejas llegó al camping ‘Finca Mi tata’ con un ambo de enfermero. Los dos hombres que lo transportaron en un vehículo hasta el predio ubicado a unos seis kilómetros del municipio de Coronel Moldes ya habían reservado el alojamiento y comentado al propietario del lugar que un joven estudiante de Fisioterapia iba a ser el inquilino por nueve noches. Ese supuesto muchacho de nombre ‘Leo’, era el ex agente penitenciario condenado a prisión perpetua por el femicidio Milagros Avellaneda (26) y el crimen de su hijo Benicio (2).

Durante ese periodo de tiempo, Rejas gozó de las comodidades que ofrece el complejo turístico de la provincia de Salta: una cabaña con cuatro camas, aire acondicionado, televisión satelital, parrilla y una privilegiada vista al embalse General Manuel Belgrano (más conocido como dique Cabra Corral). Allí se mantuvo con los víveres que le dejaron sus cómplices y solo en un par de ocasiones se acercó a la proveeduría del lugar para comprar algún lácteo, fiambres o alimentos no perecederos.

“Con las personas que lo trajeron no tuve tiempo de hablar demasiado. Ellos vinieron, preguntaron si tenía disponibilidad en las cabañas, me dejaron una seña y un par de horas después regresaron con este hombre (por Rejas)”, dijo Dardo Verchán, propietario del camping. En diálogo con LA GACETA, el hombre recordó que después de dejarlo en el lugar, las otras personas pagaron los $45.000 en efectivo que habían acordado por el hospedaje, se retiraron diciendo que debían continuar viaje y nunca más regresaron por Rejas.

Cumplido el plazo de la estadía, el agente que estaba prófugo de la justicia siguió alojándose en el complejo, pero en condición de jornalero. Hasta el día de su arresto Rejas realizó tareas de mantenimiento, jardinería y limpieza de lanchas. “Leo, como se hizo llamar, se mostraba callado, hablaba muy poco de su vida y me dijo que no le importara que yo le pagara por el trabajo porque se había quedado encantado con este lugar”, relató Verchán.

La cabaña

En el lugar que habitó por nueve noches, todavía permanecen algunas pertenencias de Rejas. El condenado fue recapturado por los efectivos de la Policía de Salta y en la cabaña quedó medio paquete de galletas de agua, una pasta dental, un frasco de edulcorante, agua mineral, productos de limpieza personal, una cama destendida y una par de ojotas. “Él tenía la heladera llena de comida. Cuando lo trajeron le dejaron carnes y un montón de cosas más para que se alimente”, comentaron los habitantes del predio.

Aunque la señal telefónica es inestable por la zona (una bahía rodeada de montañas), en el camping hay internet con conexión wi-fi y el prófugo hacía uso de ese servicio. “Desconozco con quién se puede haber llegado a contactar, pero si mantenía contacto. Solo no estaba”, deslizó el propietario del lugar.

El acento, una clave

Rejas se instaló en el lugar argumentando buscar tranquilidad para preparar un examen de su carrera. También dijo ser oriundo de la ciudad de El Carmen (Jujuy), pero la tonada de su voz hacía poco convincente ese aspecto de su relato. “Yo estudié en Tucumán y el acento de este muchacho era tucumano, pero él me había dicho que era jujeño y uno no pide muchas explicaciones”, contó otras de las personas que se desempeña en el camping del dique.

Durante todo este tiempo, el acento de la voz fue lo menos convincente en el relato del joven tucumano, pero nada hacía suponer a los propietarios sobre la verdadera identidad de Rejas. “En la tarde del jueves ingresaron dos hombres a las instalaciones y cuando salí a ver qué necesitaban aparecieron otros más y ahí me informaron que eran de la Policía y venían a detenerlo”.

Un allegado a la investigación había comentado que cuando los efectivos con vestimenta de civil irrumpieron en el camping, el prófugo estaba lavando una de las lanchas que cuidan en el lugar. “No opuso resistencia y cuando lo redujeron solo atinó a pedirle disculpas al propietario del lugar y decir que solo lo hizo por una cuestión de supervivencia”, detalló un testigo.

Caminante solitario

El Saladillo no se trata de un paraje densamente poblado. El alumbrado público escasea, hay más de cuatro campings, un exclusivo complejo hotelero, una escuela y varias viviendas de fin de semana. Horacio es un hombre mayor de edad que trabaja cuidando una de esas residencias y día por medio toma su bicicleta para ir hasta Coronel Moldes en busca de insumos. Y en uno de esos viajes se topó con Rejas. “Veo su foto ahora y lo reconozco. Nos saludamos y cruzamos un par de palabras cuando nos encontramos y me dijo que había salido a caminar”, contó el cuidador y se mostró sorprendido al enterarse de la detención.

En el camping también confirmaron que uno de los pasatiempos que tenía Rejas era salir a recorrer el camino vecinal de ripio que une al paraje con la ruta provincial N°68.

Pueblo impávido

El operativo desplegado por la fuerza de seguridad para recapturar a Rejas no alteró la vida de Coronel Moldes. Para la localidad ubicada en el corazón del Valle de Lerma, a unos 62 kilómetros de la capital salteña, lo ocurrido entre la tarde noche del jueves y la madrugada del viernes pasó un tanto desapercibido. El movimiento de patrulleros y efectivos si provocó que algunos curiosos quisieran saber qué sucedía en la localidad, pero no mucho más que eso. María Eugenia y Jorge son comerciantes que trabajan en locales cercanos a la Comisaría donde Rejas permaneció durante horas. Ambos dijeron desconocer que un hombre oriundo de Tucumán se encontraba prófugo y era intensamente buscado.

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