Enduro: historias que bajaron desde la montaña - LA GACETA Tucumán

Enduro: historias que bajaron desde la montaña

Desde La Sala hasta El Cadillal, cientos de pilotos escribieron una nueva página del Rally Transmontaña. En cada edición de la carrera por equipos los mejores del enduro argentino se citan junto al mejor espíritu amateur. A los pilotos de punta que le apuntan al podio, como a aquellos que se internan en los cerros tucumanos con la intención de cumplir el recorrido, los impulsa lo mismo: vivir una aventura a máxima velocidad, si es que la geografía de los cerros de “El Jardín de la República” les da permiso.

13 Oct 2021 Por Mariana Apud

Las damas con marca propia sugieren que más chicas se sumen

Fue un quiebre cuando llegaron a la playa del dique Celestino Gelsi de El Cadillal. Entre la gente que esperaba el arribo de los pilotos, empezaron a aparecer espectadores con las características orejas de Minnie Mouse, la popular ratoncita animada de Walt Disney. Ellos estaban cumpliendo lo pactado con el binomio 34 que completaba el Transmontaña. “Todos, hombres y mujeres, nos tenían que esperar con la vincha puesta”, contó Antonella Rangeon Álvarez. Junto a Agostina Benavides, la salteña completó la carrera con la marca que quisieron llevar para distinguirse del resto. “Nuestros amigos nos dijeron que era importante que nos pudieran reconocer, que éramos dos mujeres para que nos pasen con más tranquilidad”, detalló la piloto. Así fue que se les ocurrió portar en sus cascos las mismas vinchas con las que sus conocidos las esperaron en la llegada.

Las orejitas que portaba la única dupla de mujeres en la edición 30 del rally por equipos, estaban igual de estables que Antonella y Agostina en sus motos. “La categoría Damas se habilitaba si llegaban a ser cinco duplas. No se dio, así que dijimos que nos pongan en Mixtos. Sabíamos que corríamos en desigualdad de condiciones porque, por ejemplo, no es lo mismo la fuerza de un hombre si se te cae la moto y tenés que levantarla”, explicó Rangeon Álvarez. “Eso fue un incentivo más: demostrar que las dos podíamos”, agregó.

Las chicas Minnie Mouse pudieron y con un muy buen rendimiento: quedaron segundas en la categoría. “Aparte no conocíamos nada del circuito. Largamos sin conocer”, le agregó más mérito Agostina a la actuación. Ambas tuvieron su primera experiencia en la exigente prueba y tras 3hrs.19’57”60/100 recomiendan al cien por ciento que más mujeres compitan. “Se tienen que animar. Manteniendo un ritmo constante, se puede completar el recorrido y, además, está la ventaja de salir primeras entre todas las categorías por lo que, los que te van pasando, son de tu misma clase”, analizó Benavides.

Con ese apellido y nacida en Salta, es inevitable asociar y hacer la pregunta. ¿Qué sos de Luciano y Kevin? “La hermana del medio”, revela sobre el parentesco con los experimentados enduristas de nivel internacional. “Luciano, el menor, es el que me incentivó. Empecé de grande. Lo mío es un hobby, nada que ver con lo profesional que hacen mis hermanos”, aclaró. “A los chicos, les encanta el Transmontaña. Cuando les dije que iba a correr, me preguntaron cuándo era, pero les coincidía con una carrera en Marruecos por eso no podían participar”, explicó la salteña sobre el entusiasmo que genera la carrera en sus hermanos.

Los calambres no los vencieron para llegar juntos

La imagen es siempre emocionante. Ver llegar a los integrantes de la dupla en una sola moto ya anuncia que la carrera fue durísima. Leandro Ortiz y Exequiel Brito lo confirmaron con palabras. “Tenía acalambrado todo el cuerpo, no daba más”, explicaba Brito que apenas podía mantenerse en pie. No siempre son los desperfectos mecánicos los que obligan a una pareja a llegar en un sólo vehículo. “Me caí y, como ya estábamos cerca, dejé mi moto”, detalló Brito.

Si bien fue poco el trayecto en el que tuvo que maniobrar la máquina con su compañero atrás, Ortiz sintió el rigor. Los dos tomaron nota de la situación para una estrategia futura, más teniendo en cuenta que se puede producir en plena montaña. “Tomábamos la misma decisión si pasaba en el circuito: abandonar la moto y llegar como sea”, afirmó Exequiel. “Cuesta mucho más moverla. Además, ya no tenía fuerza en los brazos. Pedía llegar por favor”, reconoció Ortiz. Pese a ese intenso cansancio, el piloto quería finalizar el recorrido del sector alto del súper prime en una sola moto junto a su amigo. Atinadamente, los organizadores desviaban por precaución a los competidores que estaban en una situación como la de Ortiz y Brito. “Sí, me enojé un poco, pero no pasa nada. Quería terminarlo bien, bien”, insistió el piloto.

Hay más responsabilidad que corriendo solo

Desde Mendoza, Marcos Santana, Carlos López Herrera y Gustavo Valles corrieron el Transmontaña en “modo burbuja”. Esa es la sensación que queda cuando los tres amigos cuentan lo que vinieron a vivir por tercera vez en Tucumán. “Buscamos más que nada vivir una aventura corriendo de a tres. Quizás, en binomio sí buscamos un tiempo determinado”, dijo López Herrera. Los mendocinos, integrantes del grupo “Los Picantes”, corren como en un mundo aparte cuando se trata del Transmomtaña.

“Había 110 anotados. Siempre hay 10 o 15 que vienen a pelear la punta. El resto, como nosotros, tratan de hacer una vuelta redonda. Lo fabuloso del Transmontaña es que lo podamos terminar juntos”, aseguró Valles.

El Transmontaña fue la carrera pionera por equipos. A los enduristas los colocó en una posición distinta: ya no sólo dependen de sí mismos y además otros dependen de ellos. “Es más responsabilidad correr en equipo. Cuando estás solo, dependés de vos y, si tenés un problema, es tu culpa. En equipo, sentís la obligación de no fallarles y, a la vez, más compromiso”, analizó Santana.

El trinomio también destacó un elemento clave que cada vez está siendo más utilizado en la competencia. “Tenemos intercomunicadores. Eso ayuda porque tranquiliza mucho”, indicó Valles. “Ganás mucho tiempo en no pararte para ver cómo está el otro”, agregó Santana.

Tuvo un debut feliz y va por otro sueño que quiere cumplir

Entre tanto vínculo que se puede encontrar en la carrera por duplas, los salteños Pablo Núñez y Enrique Pfister pusieron en escena el lazo padrino y ahijado. No fue una decisión sencilla para Núñez aceptar ser el compañero del jovencito de 12 años. “Me puso feliz, pero su papá y mamá tuvieron que hacer un trabajo de convencimiento”, explicó. La responsabilidad que significa competir en plena montaña cuidando a Enrique fue una presión, como también sentir que no estaba lo suficientemente entrenado. “Me convencieron a último momento”, explicó Núñez.

La cuestión era que Pfister no se perdiera el debut en el Transmontaña. Ya venía entrenándose para correr con su papá, pero Enrique padre sufrió una lesión. La emoción de él al ver que su hijo pudo completar el exigente recorrido valió la dura tarea de convencer a su amigo para que acompañara a su ahijado. “Fue mi primer Transmontaña. Estoy contento por haber corrido con Pablo, pero me encantaría correr con mi papá”, rompió en llanto Enrique. El rostro del salteño, al llegar a El Cadillal, tenía mucha tierra por lo que sus lágrimas se tornaron marrones. A metros, su padre lo miraba igual de emocionado. “Él es el que me crió; sueño con correr junto a él”, dijo entre los sollozos.

También un poco de ese desahogo tuvo que ver con la particular situación que se produjo con las categorías de “Padre e Hijo”. Los organizadores recategorizaron la divisional: aquellos que no tenían ese vínculo, se los agrupó en la categoría “Tutores”. Núñez consideró que la decisión no fue justa, aunque favoreció para el desarrollo de la personalidad del joven endurista. “Con 12 años, compitió contra chicos de 25. No hay punto de comparación y no es medible. Por eso es más que meritorio lo que logró”, elogió el padrino a su ahijado.

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