Exaltación del periodismo - LA GACETA Tucumán

Exaltación del periodismo

09 Oct 2021
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Carlos Duguech

Columnista invitado

De los galardones que se otorgan todos los años (desde 1901) honrando con su nombre a su creador -el industrial e inventor sueco Alfred Nobel- cinco de ellos son otorgados por la Real Academia Sueca de Ciencias y otros institutos y academias de ese país nórdico. Corresponden a Literatura, Física, Medicina, Química y Economía. Todos ellos enfocados a distinguir un trabajo ya concretado y con suficientes merecimientos, originalidad e importancia a nivel universal. Se puede colegir que los distinguidos con ese esos Nobel, aunque el escritor no publique una sola línea más; ni los científicos realicen nuevos inventos o descubrimiento; ni los economistas innoven mejorando su estructura doctrinaria, los premios que recibieron coronaron sus respectivos trabajos sellando así el mérito suficiente para ser premiados con el Nobel, en cada caso.

Sin embargo el Nobel de la paz, es el único otorgado por el Comité Noruego, con sede en Oslo, que es el evaluador de las cientos de propuestas que les llegan de todo el mundo por parte de quienes están autorizados a hacerlo. Alguna vez, en los años ochenta, la Universidad Nacional de Tucumán estaba autorizada a proponer nominaciones para el Nobel de la Paz.

La diferencia que con los otros Nobel tiene el de la paz es esencial y casi un privilegio en favor de quienes los reciben, sean personas o instituciones. Porque no necesitan haber concretado un plan, o completado la gestión por la paz del mundo. Hay que decirlo con todo énfasis: el Nobel de la paz es el gran reconocimiento e incentivo para las personas o instituciones o grupos en torno a un proyecto pacífico, en elaboración o en divulgación.

El Nobel de Obama (2009)

No habían transcurrido sino algo menos de 90 días (exactamente 75) desde que asumiera en la Casa Blanca el 20 de enero de 2009. Su discurso de Praga del 6 de abril de ese año, optimista y de reconocimiento to al país que lo recibía ya como miembro de la OTAN en su décimo año, incluyó una frase que despertó el entusiasmo de la muchedumbre, seguramente sorprendida por semejante comunicación del presidente de los EEUU, nada menos. “Hoy afirmo, claramente, y con convicción, el compromiso de América (EEUU) de buscar la paz y la seguridad de un mundo libre de armas nucleares”.

Ese fue el billete que le permitió llegar al Nobel. Entre otros como el discurso en El Cairo (Julio de ese mismo año 2009) donde valoró la tradición del Islam y extendió una mano comprensiva y generosa a los musulmanes. Se confesó cristiano y a la vez dijo que su padre era musulmán.

Estos dos discursos, el de Praga y el de El Cairo fueron suficiente razón para entusiasmar al mundo y a los miembros del Comité Noruego del Nobel de la paz. Apostó a que Obama inauguraría una era nueva encaminada a un logro espectacular: el desarme nuclear total. El Nobel de la Paz fue un incentivo que cayó en saco roto. Se desperdició un empujón beneficioso para una gran tarea. Ante la desilusión por esta cuestión suscribí en una de mis columnas en El Nuevo Herald de Miami un artículo con el título: “Obama, la otra mitad”. En síntesis, él podía gobernar con la mitad de sus ideas, de sus planes, de sus capacidades. La otra mitad estaba conformada por los ya clásicos lobbies de los sectores de la industria bélica y de las corporaciones financieras que se benefician de ese negocio antes, durante y después de las guerras.

El Nobel de la paz 2021

El periodismo de investigación, de denuncia, de transparentar la verdad, tuvo en los galardonados Maríaa Ressa, filipina y Dmitry Muratov, ruso, a representantes del periodismo que hace falta en todo el mundo. La prensa que calla lo que sabe, que publica lo que no le consta, que oculta parte de la verdad porque conviene a un sector, es el periodismo que no le sirve al ciudadano. Que lo perturba, lo confunde y lo predispone equivocadamente porque le informa mal o tendenciosamente.

Claro que por otra parte los gobiernos que encierran sus fuentes para no informar sino lo que creen les convienen genera un periodismo, por lo general, incompleto pese a la predisposición de los editores. Ocurre que en nuestro país –para o precisar una situación- solo cinco provincias no adhirieron a la ley de Acceso a la Información Pública 27.275. Entre ellas Tucumán.

E, inclusive, hasta se esconden del Boletín Oficial –la ventana publica- algunos decretos del Ejecutivo como aquel que lo designara a Alperovich como asesor ad honorem del PE con rango de ministro. Por eso fue, entre otros aciertos de periodistas de LA GACETA, descubrir ese decreto guardado, como un triunfo. Y un logro digno de un premio internacional: las inolvidables fotos de las valijas con dinero que se llevaron del banco en camionetas comunes hasta la Legislatura. Por ello vale decir que alboroza saber que esta vez el Nobel de la Paz está dirigido hacia los periodistas que se animan a la verdad y la siguen noche y día, convencidos de su aporte a la convivencia. A la paz.

No hace falta

A pesar de que la ley 27.275 establece la facultad de las provincias de adherirse, el artículo 96 de la Constitución de Tucumán obliga a la vigencia de esa ley en el territorio tucumano, también.

ART. 96.- El Gobernador y Vicegobernador tomarán posesión de sus cargos ante la Legislatura reunida al efecto en sesión especial. En dicha oportunidad prestarán juramento de rigor que respete sus convicciones, jurando sostener y cumplir la Constitución de la Provincia y de la Nación, defender las libertades y derechos garantizados por ambas, ejecutar y hacer ejecutar las leyes sancionadas por la Legislatura de la Provincia y por el Congreso de la Nación, y respetar y hacer respetar a las autoridades de la Provincia y de la Nación.

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