Controlando al guardián - LA GACETA Tucumán

Controlando al guardián

09 Oct 2021 Por Roberto Delgado
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Los casos del ex guardiacárcel Roberto Rejas y de los dos policías que mataron al niño Facundo Ferreira llevaron al tope la cuestión policial. Homicidas en los dos casos, condenados a perpetua, y sospechosos de colaboración en la fuga por vínculos corporativos o por coima en el caso del ex agente penitenciario, se planteó esta semana la posibilidad de que se cree la oficina de Asuntos Internos, llamada “Auditoría de Asuntos Policiales”, para controlar la conducta en la fuerza de seguridad y detectar a las “manzanas podridas”. La Auditoría “intervendrá de oficio en cada denuncia por corrupción, sobornos, enriquecimiento ilícito o faltas normativas por parte de policías”, dice el texto.

¿La manzana o la canasta?

La propuesta, que cae muy bien en una sociedad sacudida por la inseguridad -no importa si en el oficialismo se habla de baja de un 35 % en el índice de homicidios, lo que impera es la sensación de peligro después de tanto tiempo de violencia- da la idea de que se va a aplicar el bisturí en el centro de la corrupción y de la impunidad que estos dos casos han visibilizado. Agentes que matan a un niño perteneciente a sectores vulnerables y dicen hasta el último momento que ellos cumplieron con su deber en la fuerza; y otros que hacen la vista gorda ante la fuga de un ex compañero. La Justicia ha actuado en los dos casos puntuales de homicidio, pero queda la duda de qué ha generado estas conductas. ¿Son realmente manzanas podridas que, al ser separadas, dejan el cuerpo limpio? ¿O bien, como consideraba Bertrand Russell, hallar elementos malsanos en una canasta nos indica que el resto puede estar también contaminado, o en riesgo de contaminación?

La cuestión no es menor. La tarea policial está en el límite entre lo bueno y lo malo en la vida social y se encarga precisamente de hacer la distinción y actuar en consecuencia para hacer que funcione esa vida social. Para ello se les da a los agentes la potestad de decidir sobre la conducta de la gente, que puede ser penalizada según el contexto. Hace un año podía ser detenida una persona por salir a la calle en medio de la cuarentena, y recibir una multa. La Policía era el órgano que aplicaba la norma. Es un poder impresionante en agentes que asumen la representación de ser los guardianes del comportamiento, los que dan respuestas a las necesidades de la gente.

¿Están tentados a abusar de ese poder? No es fácil responder a esa pregunta, pero hay que hacerla. Charles Campisi, a cargo de la oficina de Asuntos Internos de la Policía de Nueva York -entre 1996 y 2014- consideraba que la corrupción era inherente a la tarea policial y por ello era capaz de poner un auto con dinero en una calle para ver si los policías se tentaban de quedarse con la plata. ¿Raro? Hace unos años hubo un escándalo por unos agentes que se quedaron con dinero que había en un auto accidentado en la ruta 9 cerca de Tapia. Fueron descubiertos. Habría que tantear lo sucedido en otros casos.

Lo cierto es que Campisi (que tenía muchos agentes trabajando en la tarea más odiada -soplones, entregadores- por los policías neoyorkinos) siguió una tradición de control en la fuerza de seguridad norteamericana que parece muy difícil de hacer. Ahí están los casos de Frank Serpico (historia encarnada en el cine por Al Pacino) y de las comisiones que investigaron el comportamiento policial. Parece lejos, pero muchas de las teorías y de los enfoques usados por la fuerza de seguridad estadounidense son espejos en los que se miran los organismos de seguridad de otras partes.

Entre nosotros han llamado la atención la teoría de las ventanas rotas -la “tolerancia cero”- que en los años 90 hizo bajar las cifras de crímenes en Nueva York y también la estrategia de la policía orientada a los problemas. No hace mucho se trajo, en el marco de las tareas de la Comisión de Emergencia en Seguridad de la Legislatura, a agentes de Los Angeles para contar cómo es su tarea y cuáles son sus estrategias.

Herbívoros y carnívoros

Si tanto los miramos, ¿no veremos cómo les ha ido con sus oficinas de Asuntos Internos? Los norteamericanos incluso describen los niveles de los que caen en la corrupción como “herbívoros” o “carnívoros”. Los primeros, que comen pasto, son los tentados ocasionales -aquello de “la oportunidad hace al ladrón- que aprovechan el momento justo, como fue el caso de la plata en el auto volcado en Tapia. Los “carnívoros”, en cambio, son los que generan la oportunidad. Son más complejos, difíciles de detectar, escondidos en áreas específicas (los estadounidenses hablan de áreas de lucha contra las drogas, por ejemplo). No hace mucho tuvimos en Tucumán un caso de agentes -de las Policías provincial y Federal- acusados de secuestrar a un empresario supuestamente vinculado con el narcotráfico.

En los últimos tiempos hubo varias circunstancias que pusieron sobre el tapete el comportamiento policial, además de los casos Rejas (condenado por el femicidio de Milagros Avellaneda y el asesinato de su hijo Benicio) y Nicolás González Montes de Oca y Mauro Díaz Cáceres (condenados por el asesinato de Facundo). Dos policías que circularon en auto borrachos y haciendo tiros al aire fueron sometidos a sumario administrativo y se comprometieron a ayudar en la Sala Cuna a modo de compensación del daño cometido con su conducta. Aún resuena entre nosotros la tragedia del campesino Luis Armando Espinoza, asesinado por efectivos de la comisaría de Monteagudo.

La tarea con esta oficina que se va a crear a partir de tres proyectos de legisladores de distintos signos políticos tiene varios interrogantes. Habrá una comisión externa para examinar los asuntos internos, en la creencia de que si fueran policías habría riesgo de que actúen corporativamente y protejan a las “manzanas podridas”. De hecho, desde hace tiempo se dice que hay una oficina de asuntos internos en el interior de la fuerza que, en los hechos, no funciona. Pero también exteriormente, en el Ministerio de Seguridad, hay una oficina de Control de Gestión que, a partir de su denominación, bien podría ocuparse de estos asuntos, aunque no lo hace.

Primera pregunta: ¿se puede desde afuera examinar las conductas internas? En los Estados Unidos son policías los que controlan a los agentes. Acá parece caber la advertencia de Alberto Lebbos, padre de Paulina, la estudiante asesinada en 2006, cuando dice que “jamás en la historia de la humanidad los causantes de los problemas fueron responsables de su solución”. Lebbos remarca que en 2006 la Comisión de Familiares de Víctimas de la Impunidad planteó que se creara el Departamento de Asuntos Internos y de Evaluación de la gestión policial, “integrado por representantes de sectores sociales independientes”.

Lebbos dice que es una corporación muy corrupta y que se debería investigar el patrimonio de sus integrantes. En función de esto, queda en duda si alcanzará con actuar solamente ante denuncias, o si se debería trabajar como Campisi, investigando conductas para prevenir malos comportamientos.

Los negocios adicionales

Por detrás de todo esto queda subyacente la segunda pregunta, a partir del concepto de la tentación de abuso del poder. ¿Es la estructura la que permite esa tentación?

De hecho la Policía es un organismo que genera movimiento de dinero a través de todas las actividades administrativas que dependen de ella (desde otorgar certificados de buena conducta hasta estampillados) y, por supuesto, el lucro con el negocio de la seguridad adicional, que ha generado muchos escándalos y controversias, si bien en los últimos tiempos no ha habido noticias al respecto. Pero se mueve dinero con eso.

Precisamente, en los Estados Unidos las comisiones que investigaron el funcionamiento policial han trabajado sobre la hipótesis de que es el sistema el que puede determinar el comportamiento y la impunidad.

Trabajar en la ley que se quiere generar implicará analizar estas cuestiones. De ello se podrá inferir si esto va a ayudar a cambiar las cosas en una fuerza de seguridad que, pese a los vientos de los nuevos tiempos, se ha mantenido estructuralmente bajo las consignas de normas como la Ley Orgánica, que viene de tiempos anteriores a la dictadura. Es toda una cultura que requiere modificaciones integrales. Acaso estamos en oportunidad de comenzar a discutir esto.

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