La pobreza es alta y se torna estructural

01 Octubre 2021

La pobreza sigue siendo alta en la Argentina. Y particularmente, en el Norte. Y en Tucumán. Las cifras dadas a conocer ayer por el Instituto Nacional de Estadística y Censo (Indec) pintan un panorama socioeconómico sumamente preocupante para todo el país. Y cuando surge algún indicador que se asoma como una leve mejoría, inmediatamente surge otro que lo anula.

El cuadro que describen las cifras oficiales muestra que hay un mínimo retroceso entre el actual porcentaje de pobres, 40,6%, respecto del segundo semestre del año pasado, cuando alcanzó el 42%. Sin embargo, en números absolutos, hay ahora más pobres que el año pasado: como la población ha crecido, la cantidad de pobres pasó de 11.680.000 a 11.730.000. Es decir, 50.000 personas más no ganan, por mes, lo suficiente para proveerse a ellos ni a sus familias de la “canasta” de alimentos, indumentaria, transporte, educación y salud, entre otros bienes y servicios esenciales.

Proyectada a todo el país, incluyendo las zonas rurales, se estima que son pobres 18,5 millones de argentinos.

Los datos del Indec revelan, además, las asimetrías en la distribución de recursos estatales para atender el flagelo de la pobreza, que hoy afecta a 2,9 millones de hogares.

En materia geográfica, los mayores índices de pobreza se registraron en el Norte Grande argentino: en el Noreste (NEA) trepa al 45,4%; mientras que en nuestro Noroeste (NOA) asciende al 44,7%. En contraste, las cifras más bajas se dan en el Gran Buenos Aires (39,2%) y en la Patagonia (34,4%).

Más drástica aún es cuando esa desigualdad se mide en materia de edades. La menor tasa de pobreza se encuentra entre los mayores, donde alcanza sólo al 13,8%, mientras que la mayor se da en los niños: son pobres el 54%. Es decir, uno de cada dos chicos menores de 15 años.

Las cifras son todavía más desalentadores en el escalón inferior de la pobreza. Es decir, el de la indigencia. Corresponde a quienes no ganan ni siquiera para proveerse de la canasta básica de alimentos (pan, arroz, fideos, papa, azúcar, legumbres secas, carne, menudencias, fiambres, aceite, huevo y leche) para proveerse de las proteínas y de las calorías indispensables. Son indigentes, a valores de junio pasado, las personas que, individualmente, no obtienen $ 8.000 mensuales; o las familias donde los ingresos por mes no alcanzan los $ 19.000. Este es el sector donde más duramente golpea la inflación.

Actualmente, la indigencia afecta al 10,7% de las personas: son 4,8 millones de argentinos.

Con respecto al segundo semestre de 2020, la indigencia, mostró un aumento de 0,4% en los hogares y de 0,2% en las personas, precisó el Indec.

El capítulo tucumano de la pobreza es no menos inquietante: los índices siguen en ascenso. Sólo en el Gran Tucumán-Tafí Viejo, donde residen unos 900.000 habitantes, alrededor de 418.000 personas se encuentran por debajo de la línea de pobreza. Es decir, el 46,2% de la población urbana tucumana es pobre. Es el mayor registro de los últimos 15 años, casi 5% más que durante el primer semestre del año pasado.

Resulta ampliamente probado que la pobreza se ha convertido en un problema estructural de la sociedad argentina. Frente a esta situación, y a las asimetrías geográficas y etarias, es evidente que las autoridades nacionales deben redefinir las políticas públicas paliativas, tanto por regiones como por edades. El paralelo, el freno a la inflación, las políticas públicas que alienten la inversión y, por tanto, que generen trabajo privado, son impostergables.

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