La tecnología que se estaba volviendo obsoleta y resucitó por la pandemia

La tecnología que se estaba volviendo obsoleta y resucitó por la pandemia
Pablo Hamada
Por Pablo Hamada 20 Septiembre 2021

En una escena de la primera película de Jurassic Park, el creador del parque muestra maravillado a un mosquito atrapado en una pieza de ámbar. La conservación de ese insecto es el origen de una revolución científica que devuelve al mundo contemporáneo a los dinosaurios más increíbles. Y como un mosquito inerte, los códigos QR parecían encaminarse a su extinción, hasta que la pandemia les dio una segunda oportunidad y hoy nos rodean en múltiples usos cotidianos.

Los QR nacieron un año después del estreno de Jurassic Park, en 1994. Fueron ideados por el ingeniero japonés Masahiro Tanaka a partir de la necesidad que tenían los negocios de contar con mayor información en los códigos de los productos y de acelerar el tiempo de lectura de los mismos. Hasta ese momento, solo existían los códigos de barras, vigentes hasta ahora, limitados a contener aproximadamente 20 caracteres alfanuméricos y podían leerse en una sola posición. Dicho desafío fue encargado a la empresa Denso Wave, donde trabajaba Tanaka, quien era además aficionado a los juegos de mesa. Un día, frente al tablero del go (un clásico juego nipón con casilleros negros y blancos), se dio cuenta que allí se podrían desplegar diferentes patrones que servirían para transmitir información. Entendió además que la lectura de dichos dibujos se podía realizar desde cualquier posición, siempre y cuando las representaciones de los códigos se repitieran en todos los lados del cuadrado. Así nació el QR, que en inglés es la abreviación de “respuesta rápida”. A diferencia de las barras, el nuevo diseño podía codificar cerca de 7.000 números e incluir letras. Después de meses de ensayos y errores, los ingenieros a cargo de Tanaka pudieron hacer que la lectura fuese 10 veces más rápida.

En Argentina, los códigos QR están disponibles desde hace más de dos décadas. Hubo tímidos experimentos cuando internet comenzó a expandirse con la idea de conectar al mundo digital con el mundo material, pero nunca se convirtió en una tecnología masiva. De hecho, los viejos Blackberry tenían una función para compartir una tarjeta de contacto a través de este código, pero con la emergencia de los nuevos celulares quedó en el olvido. Quizás el último intento fue la idea de “realidad aumentada”, un concepto con el que se pretendía aumentar la información disponible en el mundo analógico a partir de datos digitales.

Como en otros ámbitos de la vida cotidiana y en los negocios, la pandemia vino a cambiarlo todo. El distanciamiento y el temor al virus encontraron en los códigos QR la solución para reemplazar al contacto físico con el papel, las tarjetas de crédito y las personas. De pronto nos encontramos utilizando la cámara de nuestro celular para pagar el supermercado, leer el menú de un restaurante, cargar nafta y hasta para certificar que estamos vacunados contra la COVID-19.

La segunda oportunidad del QR explotó principalmente en las billeteras virtuales. Hoy casi cinco de personas usan Mercado Pago y más de un millón de comercios implementaron esta forma de pago para comprar desde productos de lujo hasta las necesidades básicas en el almacén de barrio. Pero además se expandieron otras billeteras como TodoPago, Naranja X, MODO, entre otras. Sin embargo, el uso masivo de los QR encuentra hoy una amenaza. Los dispositivos con los que escaneamos son los celulares y allí tenemos toda la información de nuestra vida personal. Según un reciente artículo publicado en la revista Forbes, existen amenazas digitales que, a través de QR, pueden vulnerar nuestra lista de contactos, correo electrónico, mensajes de texto, ubicación y hasta nuestra cuenta bancaria. Por eso, si ya aprendimos a pagar con nuestro móvil, es tiempo de estar atentos para saber qué códigos escaneamos, asegurarnos que sean aplicaciones oficiales y de conocer a quien ofrece dichos patrones.

A casi treinta años de su creación, el nuevo desafío de los códigos QR ya no es hacerse masivos, sino hacerse seguros. Cuando los escaneamos le damos acceso a una parte de nuestro celular, y por ello, a datos sensibles que debemos cuidar. Rescatados del olvido, como un mosquito envuelto en resina, tendremos que saber domar su uso, antes de quedar atrapados como en las garras de un tiranosaurio.

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