Fútbol, con estrellas o con talento propio - LA GACETA Tucumán

Fútbol, con estrellas o con talento propio

19 Sep 2021 Por Ezequiel Fernández Moores
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¿En serio puede afectar el rendimiento colectivo de un equipo la presencia de tres estrellas como “Leo” Messi, Kylian Mbappé y Neymar? El PSG del DT argentino Mauricio Pochettino jugará esta tarde contra Lyon por la Ligue 1 y el debate crecerá si el equipo vuelve a ser dominado como le sucedió el miércoles pasado contra el más modesto Brujas, de Bélgica, en el debut en la Champions. El trío de lujo jugó apenas un partido y, como las cosas no salieron bien, saltaron rápido las críticas apresuradas que plantean la dificultad de los llamados “Dream Team, los equipos armados en base a sus enormes estrellas más que a su juego colectivo. Suena apresurado el juicio, pero está claro que para tener la pelota, para imponer el peso de esos atacantes, primero hay que recuperarla. Una cosa serán los rivales más débiles de una Ligue 1 que PSG debería ganar sin complicaciones. Otra, muy distinta, será la Champions que comenzó la semana pasada y que mostró el peso colectivo que siguen imponiendo grandes equipos como Bayern Munich y Manchester City.

La pregunta surge inmediata. ¿Cómo se construye un equipo? Lo primero, claro, depende de la billetera. No es lo mismo PSG que, por citar un ejemplo local, Platense, acaso el equipo con menor presupuesto de nuestra Primera división, pero que inició un trabajo interesante para mejorar la formación del talento propio desde que asumió como secretario técnico Daniel Vega, goleador histórico del club, pero también contador, algo así como lo que intentó en su momento Racing con la figura de Diego Milito. Si PSG se puede dar el lujo de gastar 40 millones de euros en un goleador que luego termina anotando tres goles en una temporada, Platense no. “No buscamos los compilados que arman los representantes. Ese pescado podrido no nos interesa”, graficó Vega, en una charla radial.

Una vez definido el poderío económico del club está luego “la idea, el plan” del DT elegido. ¿Es un técnico que privilegia la posesión o que juega mejor de contragolpe? ¿Un fútbol más directo o más paciente? Porque de eso dependerá seguramente la elección del jugador. Un trabajo muy elogiado de cómo fichar jugadores lo hemos leído con el Leeds de Marcelo Bielsa. Contexto millonario de Premier League, pero equipo “pobre” comparado con Manchester United. Leeds realiza un trabajo muy elaborado antes de cada fichaje. Pero es fútbol. Y no hay casi nada garantizado. Ejemplo: su refuerzo más resonante en la era Bielsa, el atacante español Rodrigo Moreno, inicia muchas veces como suplente. Bielsa defendió la permanencia del centrodelantero de la casa: Patrick Bamford, que terminó siendo goleador del equipo y hasta ganó una convocatoria a la selección inglesa. Otro fichaje también español y también resonante, el zaguero Diego Llorente, se lesiona seguido, como le sucedió al alemán Robin Koch.

¿Y qué debería hacer Boca con sus fichajes colombianos, por citar otro ejemplo? En buena forma, Edwin Cardona y Sebastián Villa marcan diferencia cuando juegan. Sucede que cansan a veces otras actitudes, extradeportivas casi todas ellas. Pero que en un momento pueden influir dentro de la cancha. Porque el grupo mismo también puede agotarse. Y surge entonces otro gran debate en la construcción de un equipo: cómo cuidar la unidad interna, el llamado vestuario. La última semana, el ex jugador Christian Traverso, actual comentarista en TyC Sports, contó en su programa, casi llorando, de qué modo convivió el Boca de Carlos Bianchi, campeón de todo, con diferencias internas, lideradas desde un lado por Juan Roman Riquelme y, desde el otro, por el goleador Martín Palermo. La dura insistencia del DT de cuidar la unidad interna ayudó a que ese equipo cumpliera acaso el ciclo más formidable en la historia del club. Pero no siempre sucede así. Si no hay título esas diferencias terminan estallando. Sucede en el fútbol. Y también en otros escenarios, como lo sufre hoy el país.

Escribo este artículo luego de ver el sábado muy temprano al que todas las estadísticas señalan como el mejor equipo de la historia y de todos los deportes. Hablo de All Blacks, la selección de rugby de Nueva Zelanda, que volvió a dominar a Los Pumas, ya no con el 39-0 de una semana atrás, sino 36-13, con al menos un try que rompió una larga sequía argentina, posesión en el segundo tiempo y corridas de los backs que obligaron a una dura defensa al ganador. Entre uno y otro partido Nueva Zelanda cambió a once jugadores. Y su figura ayer fue uno de los más nuevitos, el tercera línea Ethan Blackadder. Ahí aparece entonces una de las claves: la formación de jugadores propios. País pequeño y sin el dinero inglés, Nueva Zelanda tuvo siempre claro que debía formar a sus propios jugadores. Lo hizo en los inicios del rugby más amateur y también ahora que circulan dineros de varios colores y magnates que utilizan al deporte como trampolín para otros negocios. El jugador propio ayuda a fortalecer el sentido de pertenencia, otro punto clave a la hora de jugar por un equipo, por una camiseta. Por una idea.

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