Belmondo, el feo más lindo del cine francés se fue de gira - LA GACETA Tucumán

Belmondo, el feo más lindo del cine francés se fue de gira

A los 88 años, y tras filmar más de 90 películas de autor y comerciales, murió uno de los monstruos sagrados de la gran pantalla del siglo XX.

07 Sep 2021 Por Alicia Liliana Fernández

“Mi secreto es no pensar en el pasado. Yo pienso en el mañana. A lo largo de mi vida he tenido todo y lo he hecho todo. Hice lo que quería hacer y hoy amo las cosas que tengo: la vida, el sol y el mar”.

Jean Paul Belmondo

Cuando Jean Luc Godard vio “Una doble vida” (de 1959), dirigida por Claude Chabrol, sólo se fijó en uno de los actores secundarios, un joven desgarbado que tenía nariz típica de boxeador y los dientes separados.

“¿Pero quién es ese que se come a todos los actores a su alrededor?”, preguntó Godard ignorando a los protagonistas. Aquel joven era Jean Paul Belmondo. Luego se encontrarían en la calle y el director le propondría hacer una película y pagarle 50.000 francos.

“Dudé sobre sus intenciones reales -explicó una vez al diario Libération-. Le respondí que el cine no me interesaba nada de nada”. Pero ante su insistencia, aceptó. Ese encuentro resultaría decisivo para ambos, y también para la historia del cine.

Ayer Francia y el cine perdieron a uno de los monstruos sagrados, un personaje muy popular que se convirtió en símbolo de una época.

Tras haber filmado más de 90 películas, Belmondo falleció a los 88 años, según informó escuetamente ayer su abogado, Michel Godest. “Estaba muy cansado desde hacía tiempo; se ha apagado tranquilamente”, comunicó en una entrevista.

Un símbolo

Aquella película que le ofreció Godard fue “À bout de souffle” (“Sin aliento”), se estrenó en 1960, con Belmondo y Jean Seberg, y se convirtió en uno de los símbolos de la Nouvelle Vague (Nueva Ola).

“Después del éxito de ‘Sin aliento’ los directores venían a mí”, recordaría Belmondo en 2016 en un libro de recuerdos, “Mille vies valent mieux qu’une” (“Mil vidas valen más que una”).

DEBUTANTE. “A pie, a caballo y en coche” (“À pied, à cheval et en voiture”, de 1957), de Maurice Delbez, es uno de sus primeros filmes.

Se refería a que lo convocaban los cineastas de las dos grandes líneas del cine francés, es decir, las centrales en el cine europeo.

Una línea es la que lo encumbró como un ícono de la modernidad que marcó la Nouvelle Vague, actuando para los grandes directores de su época, como su descubridor, Godard, así como también con François Truffaut, Alain Resnais, Claude Chabrol y Jean-Pierre Melville.

Simpático y caradura

La otra línea fue la del personaje simpático, caradura, gracioso y pícaro a la francesa, el feo seductor con un físico imponente, protagonista de películas comerciales, bien taquilleras, pensadas para el gran público.

Le gustaba protagonizar sus propias secuencias de acción, y que eso se viera en pantalla. Dejó la huella de un actor físico, amante de las peleas con gran dosis de humor en “Le cerveau” (“El cerebro”).

Su musculatura de boxeador le valdría populares éxitos en “El hombre de Río”, de Philippe De Broca, “Le professionnel” (“El profesional”, 1981) de Georges Lautner o “L’as des as” (“As de ases”), de Gérard Oury.

También actuó en comedias junto a diosas como Claudia Cardinale, Gina Lollobrigida, Catherine Deneuve y Sofía Loren. Algunas, como Ursula Andress y Laura Antonelli, serían sus parejas en la vida real.

“La gente viene a verme porque la distraigo; le doy fantasía, acción, bellas mujeres y casas lujosas. Filmo como me sale, y me sale bien. La prueba está en que en Francia nadie me gana”, se jactaba entonces.

Belmondo había nacido en 1933 en Neuilly-sur-Seine, en la periferia burguesa de París. Era hijo de artistas: su padre era un escultor de origen italiano y su madre, una pintora que solía tomarlo como modelo para sus lienzos.

Mal alumno, jugaba al fútbol y era boxeador profesional durante su juventud. Decidió ser actor en la adolescencia, pero no le resultó fácil: lo rechazaron en el Conservatorio de Arte Dramático de París tres veces hasta que pudo entrar en 1952, y se convirtió en uno de los alumnos más carismáticos.

Después de algunas participaciones en obras de teatro debutó en el cine en la película “À pied, à cheval et en voiture” (de 1957), pero casi todas sus escenas fueron eliminadas durante el montaje. Sin embargo en 1959 Jean-Luc Godard le dio el rol principal en “Sin aliento”, y se convertiría en un clásico del cine francés.

El amigo Delon

Junto a Alain Delon, el otro monstruo sagrado del cine francés, tuvieron carreras paralelas y fueron amigos, a la vez que rivales con caracteres diametralmente opuestos.

AMIGOS INSEPARABLES. Junto a Alain Delon en septiembre de 2010, cuando el actor fallecido ayer inauguró un museo dedicado a su padre.

De jóvenes se conocieron en el rodaje de “Una rubia peligrosa”. Como debutantes, interpretaban papeles de pequeños estafadores. Los dos frecuentaban los mismos bares del barrio chic de París, Saint Germain des Près. “Entre nosotros empezó una amistad que nunca menguó”, escribió Belmondo en su autobiografía.

Y sin embargo, “siempre nos opusieron, tratando de crear una adversidad para alimentar la leyenda”, agregó. “En realidad éramos amigos, pese a una divergencia evidente de origen social -relató-. Su infancia fue tan triste, pobre y solitaria como la mía lo fue de feliz, burguesa y llena de amor”.

En lo profesional, ambos actores rivalizaron en taquilla; cada uno cultivando su imagen y encarnando los mismos roles de policías, truhanes o asesinos.

Belmondo se apoyaba en el humor, la ligereza y la desenvoltura, mientras Delon encarnaba al solitario distante, bajo tensión.

En 1970, Jacques Deray los reunió en la pantalla en “Borsalino”, la historia de dos jóvenes malhechores que se convierten en los reyes de la mafia en Marsella.

Siempre se rindieron homenaje mutuamente. “Jean-Paul siguió su camino. Yo otro. Eso es todo. Es una gran estrella nacional. Tiene mucho talento y como a mí, le gusta su profesión y tomar riesgos”, declaró Delon (85 años).

Belmondo decía: “siempre se habla de esta supuesta rivalidad, pero para mí no puede haber rivalidad entre nosotros. No tenemos para nada el mismo empleo. Delon no me molesta y no creo que yo le moleste”.

Patrice Leconte los reunió de nuevo en 1998 en “Uno de dos”. “En ningún momento podríamos haber invertido los papeles antes del rodaje -dijo el director-. Son diametralmente opuestos, lo que hace que sean complementarios y a la vez, similares. Es raro ver dos actores que no tienen nada y todo que ver al mismo tiempo”.

La de Belmondo y Delon fue una relación duradera que la revista francesa Paris Match escenificó en junio de 2019 con un reportaje en el que aparecían sonrientes y cómplices, midiendo sus fuerzas con el pulso.

En el teatro

En 1987 Belmondo retornó al teatro, tras 27 años de ausenciacon “Kean”, de Jean-Paul Sartre; luego hizo una larga temporada en París con “Cyrano de Bergerac”. Claude Lelouch lo convocó para “Una vida no basta”, que le valió el premio César, y para “Los miserables”, donde interpretó a Jean Valjean. En 2001 desapareció casi totalmente de las pantallas a causa de un accidente cerebro vascular.

En el PSG

En los últimos tiempos, a Belmondo se lo veía en las tribunas de Roland Garros. Era fan del tenis tanto como del boxeo, del ciclismo y del fútbol. En este deporte era hincha destacado del club que ahora alberga a Lionel Messi, el Paris Saint Germain (PSG), en cuya creación participó en 1970.

“Me pidieron que montara este PSG. Como ellos, puse el dinero para comenzar la aventura, pero no me quedé mucho tiempo. No era compatible con mi horario. ¿Si sigo siendo seguidor del PSG? ¡Sí, siempre!”, explicó en una entrevista a Le Parisien. Y siempre se lo seguirá a él.

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