Una familia tipo tucumana necesita $ 2.180 diarios para no ser pobre

La incidencia en los hogares de la caída del poder adquisitivo por efecto de la elevada inflación.

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Pese a que se evidenció una desaceleración durante el mes pasado, la inflación no deja de ser una preocupación sin resolver para el Gobierno y que golpea a los que menos tienen. Un claro ejemplo de esta pérdida del poder adquisitivo del salario ha sido un reporte de Invecq Consulting que estimó que el salario real argentino está en su nivel más bajo de la última década. A valores constantes, ese salario real hoy se ubica en $ 84.100, pero continúa depreciándose ante la evolución inflacionaria.

Aquella cifra es un promedio de las remuneraciones del sector privado registrado. El poder adquisitivo de los trabajadores se redujo un 4,1% en los últimos 12 meses, pero tuvo una mejora del 2,3% en el primer semestre, según las mediciones realizada por la Fundación Libertad y Progreso en base a datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

La medición del Índice de Nivel de Vida de los Trabajadores (INVT) se toma comparando la evolución de los salarios y la Canasta Básica Total (CBT), utilizada para determinar la línea de pobreza. De la comparación de las dos variables, surge un preocupante deterioro del nivel de vida en plazos más largos, ya que desde agosto de 2013 la caída del INVT fue del 44%. Por eso, la Fundación, en su reporte, remarcó que en los últimos años “los trabajadores se han aproximado a la línea de pobreza” tanto por la pérdida de valor del peso como por los bajos niveles de inversión. En comparación con mayo, el INVT de junio tuvo una caída del 1,4%, en tanto si la comparación se realiza frente a la Canasta Básica Alimentaria (CBA, que marca el tope de la indigencia), la caída interanual es del 7,6% y el crecimiento del primer semestre se reduce al 0,1%.

En Tucumán, los últimos datos oficiales dan cuenta que el sueldo promedio en el sector privado ascendía a $ 51.853 mensuales hasta el primer trimestre de este año, mientras que el de un trabajador estatal era de $ 57.004. En ambos casos, se registró una mejora paulatina hasta el cierre de la primera mitad del año por efecto de las paritarias. Sin embargo, si una familia tipo tucumana viviera sólo de ese ingreso, no le alcanzaría para cubrir las canastas.

De acuerdo con los datos de la Dirección de Estadística de la Provincia, un matrimonio con dos hijos pequeños necesitó, en julio pasado, $ 67.576 para no caer en la pobreza. Ese valor correspone a la Canasta Básica Total (CBT), que contiene los alimentos y algunos servicios básicos para que ese grupo familiar precisa en un mes, y que ha subido un 55% interanual, cinco puntos por encima de la inflación del período. Esto quiere decir que, el mes pasado, esa familia tuvo que reunir a razón de $ 2.180 diarios para costearse la comida, el transporte, algo de indumentaria y la cuotaparte de los servicios que requiere en su vivienda. Peor ha sido la situación de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) que en julio ha subido un 64% interanual, ubicándose en $ 29.002 para ese matrimonio con dos chicos.

Todo esto lleva a proyectar que la tasa de pobreza de la población urbana tucumana en la primera mitad de este 2021, que se difundirá a fines de septiembre, puede afectar al 45% de los habitantes del aglomerado del Gran Tucumán-Tafí Viejo. Procesando datos de la encuesta de hogares del Indec, a nivel nacional se puede estimar que la pobreza en el primer trimestre de este año en el país está en el orden del 40% de la población urbana. Esto implica un aumento de unos 5 puntos porcentuales respecto de igual período de 2020, última referencia antes del inicio del confinamiento estricto por la pandemia, indica el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa).

La incidencia de la pobreza está fuertemente asociada a la informalidad (Tucumán registra una de las tasas más elevadas del país, con un 45% de los asalariados en negro). La razón es que el trabajo informal es la principal fuente de ingreso de los hogares pobres. En relación al empleo informal se observa una vuelta a la situación pre-pandemia. En el primer trimestre del 2021 el empleo informal (incluyendo empleo asalariado no registrado y el cuentapropismo no profesional) esta cerca de cinco millones de trabajadores en los grandes aglomerados urbanos. Esta cantidad es similar a la del 1° trimestre del 2020. Cayó mucho en la etapa dura del confinamiento, pero ya se recuperó, remarca Idesa.  

Recuperado el empleo informal, según el Instituto, lo que habría que observar son las remuneraciones de los trabajadores informales. Tomando el período que va desde marzo de 2018 (cuando comienza la crisis) hasta junio de este año, se observa que:

- Los precios de la Canasta Básica Total (línea de pobreza) crecieron a razón de 3,3% promedio mensual.

- El salario de los trabajadores informales se actualizó a razón de 2,3% promedio mensual.

-  Esto significa que el salario real de los informales cayó a razón de 1% por mes.  

Estos datos sugieren que con una inflación del 3% mensual es muy difícil bajar la pobreza. El aumento de precios provocó que en los últimos tres años el ingreso real de los trabajadores informales caiga a razón de 1% por mes. Por eso, la remuneración de los informales actualmente es un 33% inferior al nivel que tenían cuando comenzó la crisis. Esta es la razón fundamental por la cual la pobreza en el 1° trimestre del 2018 era de 26% y en el 2021 es del 40%. La inflación opera como una poderosa “fabrica” de pobres porque socava el ingreso de los trabajadores informales, explica la entidad.

"Proponer reforzar los planes asistenciales para reducir la pobreza en un contexto de alta inflación es voluntarista o un acto de irritante hipocresía. Darles dinero a algunos pobres (no a todos) con programas asistenciales de nombres ostentosos, como programa “Potenciar Trabajo” o plan “Argentina contra el Hambre por la Soberanía y la Seguridad Alimentaria” -entre el centenar que también ejecutan las provincias y los municipios– no tiene ninguna posibilidad de resolver el problema", expone. Por el contrario -añade-, por su diseño rudimentario y administración discrecional es claro que su funcionalidad no es social (reducir la pobreza) sino electoral (acrecentar el poder de quienes los gestionan). "También es voluntarista o hipócrita declamar que se trabajará para convertir los planes sociales en empleos decentes. Con el actual contexto inflacionario no hay generación de empleos de calidad y mucho menos para gente con bajos niveles de calificación", considera Idesa.

Bajar la inflación no sólo es imprescindible para reducir la pobreza. Como lo señalan varias encuestas, la inflación está entre las principales preocupaciones de la población. Sin embargo, en la campaña electoral prevalecen planteos elusivos e inconsistentes. Prevalece un amplio consenso de que en años electorales hay que aumentar el gasto público para poner “plata en el bolsillo de la gente”. Pareciera que gran parte del espectro político no escucha el pedido de la gente, que es, que la plata que le llega al bolsillo no se le esfume por la inflación, dice el Instituto.

Para reducir la inflación y generar condiciones propicias para la inversión y el crecimiento hay que abordar un ordenamiento integral del sector público. Se trata de ejecutar una agenda de transformaciones que no son de derecha ni de izquierda, sino guiadas por el sentido común. La meta es reconstruir el Estado para que sea financieramente sustentable y tenga la capacidad de producir los bienes públicos que la población demanda, concluye el reporte privado.

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