El Cadillal, en alerta por los robos y las usurpaciones

En menos de dos meses se produjeron dos hechos de inseguridad en clubes. La ocupación de terrenos fiscales quedó al descubierto.

LAS ÚLTIMAS VÍCTIMAS. Hugo Torres y su madre, Doña Chepa, miran el espejo desde la costa de su camping que está ubicado en la zona de Tapia. LAS ÚLTIMAS VÍCTIMAS. Hugo Torres y su madre, Doña Chepa, miran el espejo desde la costa de su camping que está ubicado en la zona de Tapia. LA GACETA / FOTOS DE INÉS QUINTEROS ORIO
Gustavo Rodríguez
Por Gustavo Rodríguez 20 Agosto 2021

“La verdad es que no se entiende, podrían haber buscado a otro que tenga más cosas para robarle”, aseguró Hugo Torres, que sufrió un asalto el martes a la madrugada en El Cadillal. Es el segundo hecho de inseguridad que se denunció en la zona del río Tapia en menos de dos meses. Algunos lugareños y pescadores señalan que estos ataques no son casuales, sino que se tratarían de claros mensajes para amedrentar y quedarse con tierras fiscales que luego podrían ser comercializadas.

La víctima es hijo de Doña Chepa, la mujer que desde hace décadas administra un camping que está ubicado en la mitad del camino que une Ticucho con la villa del Cadillal. En los mapas aparece como la ruta provincial 312. Vulgarmente se lo conoce como “El camino del perilago”, pero la mayoría sostiene que es uno de los lugares más encantadores de ese centro de atracción turística, ya que está muy poco desarrollado. El que quiere descansar y estar alejado de los ruidos de la civilización elige ese destino.

Torres le contó a LA GACETA cómo se desencadenó el hecho. “Estaba durmiendo y de la nada aparecieron cuatro personas con pistolas. Después de amenazarme, me ataron las manos y comenzaron a revolver todo. Preguntaron dónde estaba mi madre y la plata que ella tenía guardada”, relató.

El hombre indicó que, después de varios minutos, los asaltantes se llevaron una desmalezadora, una motosierra, una caja con cubiertos, ropa de cama, el poco dinero de la recaudación del camping y el Renault 9 gris de Torres. “No entiendo cómo me eligieron. Quizás hubo alguien que nos entregó, pero somos pobres, no tenemos tantas cosas para que nos asalten así”, opinó. “Algo extraño está pasando, no sé qué, pero no es casual”, concluyó.

Y ese “algo extraño” que la víctima contó tiene que ver con los hechos de inseguridad que sufrió otro club que está en la zona. En junio, al de Caza y Pesca de la Universidad Nacional de Tucumán, primero le sustrajeron el techo de la casilla del terreno que le había cedido el Ente Tucumán Turismo. A los pocos días, desconocidos desmontaron la estructura y en el predio no quedó nada.

“Son situaciones raras que nos preocupan mucho. Hemos denunciado los hechos y estamos esperando que la Policía investigue. No descartamos que hayan cometido el robo personas del lugar. Nos hubiéramos enterado rápidamente”, explicó Carlos Nieva, presidente del club de la UNT. “Nos veremos obligados a tomar más recaudos para no sufrir robos. Por primera vez desde que abrimos la sede de Ticucho, tenemos las 24 horas el portón cerrado con candado”, indicó.

Diego Lobo, vicepresidente del Tucumán Yacht Club, entidad que hace poco recuperó dos hectáreas y media que desconocidos habían usurpado, también habló con el diario. “Con la ayuda del Estado recuperamos lo que habíamos conseguido para nuestra entidad. Esto es fruto del descontrol que existe en El Cadillal. Después de que LA GACETA diera a conocer lo que sucedía con la venta ilegal de terrenos, se detuvieron las construcciones. Pero con el tiempo, las edificaciones de viviendas fueron aumentando hacia la zona de Tapia y Ticucho”, señaló.

Factor común

Don Braulio es un lugareño que quedó aterrorizado con lo que le pasó a Hugo Torres. No habló mucho, sino lo justo y necesario. A LA GACETA le contó que además de los robos, en los últimos tiempos se produjeron hechos vandálicos. Entre otros, destacó el ataque a la granja avícola que está ubicada a la vera de la ruta 312 y los repetidos cortes de las mangueras que llevan agua a los clubes y campings de la zona.

Los robos y los ataques se produjeron en una zona de mayor potencial turístico. El monte agreste resiste el avance del hombre. Las chillonas charatas no temen mostrarse saltando de rama en rama, algo que no sucede con las tímidas corzuelas que no quieren ser descubiertas y los pícaros zorros que buscan hacer alguna travesura. Pero el mayor tesoro es el agua, ya que en ese sector mantiene un buen caudal durante todo el año.

Pero todas esas bellezas naturales no pueden ocultar algunas irregularidades que estarían registrándose. El club de Pesca y Regatas, durante décadas, por una concesión del Estado, tuvo su sede en Ticucho. Al recibir un nuevo predio en Tapia, tal como estipulaba el acuerdo, abandonaron el primer terreno. Fue ocupado por otras personas que montaron el camping La Soñada, un emprendimiento privado. Fuentes del Ente Tucumán Turismo confirmaron que se trata de una situación irregular y que ya están actuando sobre el tema.

Al club de la UNT, hace cinco años, se le otorgó un predio en Tapia para que lo explotara. Pero no pudo hacerlo por una insólita situación: el supuesto dueño de las tierras que rodean el terreno se niega a darle el paso de servidumbre, es decir, permitir que las personas ingresen al lugar que el Estado cedió a entidades para que se encargaran de mantenerlo y le dieran una utilidad para sus asociados y toda la comunidad. El caso se encuentra en la Justicia desde meses y no tuvo ningún avance.

Y hay más. La situación de los clubes Scania y El Cardumen es un verdadero misterio, ya que institucionalmente las entidades habrían desaparecido. En el primero, los dirigentes le entregaron el predio al casero como pago indemnizatorio. En Turismo le dijeron que eso no podía suceder y, tras firmar un acuerdo, le permitieron quedarse en el lugar hasta que otra entidad se hiciera cargo del terreno y pueda brindar el mismo servicio a los nuevos tenedores. Pasaron los años y nada de eso ocurrió. El ocupante ya habría sido denunciado por venta de terrenos.

Invasión

“Y aquí vienen máquinas, desmontan, ponen alambrados, instalan una casilla y listo. No podemos decir nada porque ellos dicen que compraron la tierra de buena fe. Lo más grave es que nosotros estamos hace toda una vida aquí y no tenemos nada. La plata lo hace todo”, dijo el lugareño Claudio Mamaní.

Don Braulio contó que los días de semana, cuando el movimiento de personas es casi nulo, se siente el sonido de las motosierras cortando los árboles del monte sin piedad, pese a que la zona está protegida y sólo con una autorización se puede cortar un ejemplar. El habitante relató que ninguno de los residentes se anima a decir nada por temor a sufrir represalias o un ataque como padecieron los Torres.

“Aquí, aprovechando que nadie controla, hacen cualquier cosa. No sólo están metiendo casas como locos, sino que varios pícaros están haciendo sus negocios. Hacen caminos se adueñan de ellos para cobrarles a las personas que quieran entrar a pescar. Ahora es esto, después te cobrarán peaje en la ruta”, señaló Hugo Romano, pescador de Tafí Viejo.

Antecedente: una tragedia que derivó en desalojos

En julio de 2018, Martín Jiménez y su hijo Facundo, dos expertos conocedores de El Cadillal, se subieron a una lancha para ir a buscar leña en las costas de la zona de Tapia. No volvieron más. Después de 19 días de intensa búsqueda, sus cuerpos fueron encontrados sin vida. Las pericias determinaron que se habían ahogado, pese a que uno de ellos fue encontrado con la gorra puesta. La teoría era que los lugareños llevaban un peso excesivo de leña en la embarcación y por el oleaje, se dio vuelta y terminaron cayendo al agua. La lancha nunca fue encontrada, lo que agrandó aún más las dudas. El caso también dejó al descubierta la posibilidad de supuestos contactos narcos en la zona y el drama de las usurpaciones. Meses después, por iniciativa del entonces fiscal de Estado y actual vocal de la Corte Suprema de Justicia, Daniel Leiva, se realizaron varios desalojos y se frenaron emprendimientos inmobiliarios con tierras fiscales que estaban en marcha.

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