A la caza de esa escritura que hipnotiza, fascina y sorprende

Así define Liliana Massara al microrrelato, género que eligió para nutrir sus “Cuadernos de Penélope”. Un libro construido en el silencio.

COMO PENÉLOPE. “Comencé a pensar cómo pulir mi tejido para hacer un espacio singular”, destaca Massara. COMO PENÉLOPE. “Comencé a pensar cómo pulir mi tejido para hacer un espacio singular”, destaca Massara.
Guillermo Monti
Por Guillermo Monti 18 Agosto 2021

“Esa escritura que a veces hipnotiza, fascina, sorprende, está condensada en el microrrelato y ahí me estacioné para experimentar”, sostiene Liliana Massara. Y de esas “formas breves”, como le gusta denominarlas, se nutren sus “Cuadernos de Penélope”. Editado por La aguja de Buffon, el libro será presentado el viernes (ver nota aparte) y alimenta el intenso ritmo de publicaciones que las editoriales independientes tucumanas mantienen contra el viento de la crisis económica y la marea de la pandemia. Massara habla aquí del libro, del viaje desde la poesía al microrrelato, de su amor por la paciente Penélope y de su vida dedicada a la literatura.

- ¿Cómo nacieron estos “Cuadernos de Penélope”? ¿Cómo fue el proceso de escritura?

- En realidad creo que toda escritura creativa nace de una necesidad; al menos en mí siempre fue así; no me tentaban convocatorias a concursos aunque he participado y participo de algunas. La escritura me nace de ciertas perplejidades que me afloran en la vida, me permite realizar muchos y variados viajes en el tiempo y en el espacio con el conocimiento de que a través de ella puedo hacer desvíos, ir por otras sendas, sostenerme en ella y tenerla, asirla definitivamente conmigo mientras la vida se va por otras rutas, vaya a saber dónde, tal vez a la nada mientras la escritura me sigue perteneciendo y le pertenezco. El título llegó mucho después pero siempre estuvo la idea de “cuadernos” porque en principio tengo debilidad por ellos, tengo muchos que rondan en la casa porque, ante tantas cosas que uno realiza en el área laboral, el tiempo escurridizo no me permitía detenerme demasiado. Entonces hacía y hago anotaciones cada vez que me llega una idea a la cabeza y después busco los silencios para armarlas.

- Hubo muchos silencios durante los últimos tiempos...

- Hay cuestiones que me abruman, que las pienso permanentemente, aún más cuando leo alrrededor de ellas en ensayos o ficciones: el tiempo, el conocimiento de uno mismo, el libre albedrío, la infancia, la soledad, la espera, la muerte. En 2019 trabajé gran parte de estos textos, de los que ya había varios borradores, siempre pensando en ese límite borroso entre la experiencia y la literatura, y entonces afloran estas zonas; uno no se resiste, se pierde y se encuentra, parafraseando a Clarice Lispector.

- ¿Por qué elegís el microrrelato? ¿Qué encontrás en este género?

- En la secundaria comencé escribiendo poesía y cuando ingresé a la Facultad me animé además con el cuento breve. Cuando descubrí a Raúl Brasca -me impresionaron para bien sus breves- ya había leído a David Lagmanovich y a otras/otros escritores; me pregunté cómo sería trabajar estos relatos pequeños que también aportaban un proceso creativo en donde la condensación de la poesía y la tensión con el lenguaje tienen presencia en estas “formas breves”. Había que constituir un núcleo intenso, cargado de sustancia como recita el verso, y eso es lo que admiro en el género y es lo que quiero lograr. Esas vías de palabras que asombran en la poesía, ese potencial que no se sabe bien qué es, esa escritura que a veces hipnotiza, fascina, sorprende, está condensada en el microrrelato y ahí me estacioné para experimentar, pero en verdad, me interesa más el lenguaje que el género en sí mismo.

A la caza de esa escritura que hipnotiza, fascina y sorprende

- ¿Cuáles son los temas que van apareciendo en el libro? ¿Por qué los abordás?

- Uno de los temas es el tiempo que se escapa entre los dedos y cuando lo presentís y lo matereializás es cuando la escritura comienza a ubicarse en otro centro que conduce a la memoria: los recuerdos te llaman, vienen a uno para dejar, a veces, excesiva nostalgia, o permitirte jugar a ser niño; el tiempo y la memoria invaden y con ellos el miedo al vacío; la imaginación se abre como un escalpelo, puede ser peligrosa pero tiene magia para decir de partidas, de abandonos, para descongelar secretos; para interrogar este mundo en el que los personajes no se reconocen; exploran, se metamorfosean. Penélope quiere ser pájaro, quiere navegar otras aguas y no esperar.

- Margaret Atwood eligió hace poco a Penélope para abordar el mito desde otra perspectiva. ¿Por qué es tan fascinante el personaje?

- Ya tenía maquetado el libro cuando llega la buenísima historia de Atwood que además, ironías del destino, reseñé para la página literaria de LA GACETA. Yo había enviado mi texto a colegas escritoras para que lo lean y corrijan, las que se sorprendieron tanto como yo de estas “casualidades”. Penélope siempre me fascinó con ese tejer y destejer; yo intuía que en esas prácticas que llevaba a cabo el personaje, en ese hacer y rehacer, Penélope perfeccionaba su tejido, lo recomponía, por lo que comencé a pensar cómo pulir mi tejido, cómo utilizar las agujas para hacer de “mi Penélope” un espacio singular, propio, alejándome de formas preconcebidas.

- ¿Cómo trabaja La Aguja de Buffon?

- Yo le había prometido al editor de La Aguja de Buffon, Julio Estefan, que cuando decidiera publicar microrrelatos lo haría con su editorial. Es una editorial que se inició en 2009, ya cuenta con más de 50 títulos, y además, tiene el sello de Calidad, marca Tucumán. Me parece serio el trabajo de selección, de corrección y de responsabilidad para con el autor; las observaciones son acotadas y precisas; acordamos en el detalle, y en las generales para que resulte un buen texto. Además, me dio libertad para elegir figuras y colores, aunque hacía sus apreciaciones -en esta oportunidad el diseño de tapa lo realizó mi hijo-.

- ¿Dónde la ubicás en el panorama de editoriales independientes tucumanas?

- Creo que en la actualidad hay buenas editoriales independientes que le están dando otra fisonomía -nueva y mejorada- al material simbólico que representa a nuestra literatura tucumana y del NOA. La imagen en el libro es muy importante, si está lograda, el texto, primero entra por el color y las figuras, y predispone a los ojos a abrir el libro e iniciar la lectura.

- Hace poco decidiste dejar la docencia universitaria ¿Extrañas algo de la enseñanza de las letras?

- Toda transformación, todo cambio, conlleva la dificultad de la adecuación; también genera nostalgia por aquello que no volverá a ser, pero en mi caso fue una decisión personal pensada desde hacía varios años. Consideré que debía retirarme cuando aún estuviera fuerte para hacer otras cosas y dejar el espacio a la gente joven del Instituto que está muy bien preparada y con experiencia en manejar adecuadamente las cátedras. Le dediqué mucho a la docencia, no sólo aquí en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT, sino a la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de Jujuy, la UNJu; ambas muy queridas por mí. También dicté clases en Tartagal, en La Rioja, en Santiago del Estero, y en otros lugares de los que guardo buenos recuerdos.

- ¿Cómo fue ese trayecto?

- La docencia fue realizada con compromiso y con pasión; no me equivoqué en la profesión que elegí. La extraño, sí que la extraño, pero tengo la posibilidad de compartir y de seguir enseñando en los cursos a los que me invitan algunos colegas de Salta y de Jujuy con quienes hemos realizado experiencias anteriores. También aquí, el grupo del equipo del IILAAC de la Facultad de Filosofía y Letras, tienen perspectivas de cursos y talleres en los que puedo aportar algunos ratos de mis horas -de hecho sigo como miembro integrante del proyecto de investigación- para seguir dialogando y eso es muy bueno. Lo rescato y me da felicidad poder compartir alguna reunión con el grupo, en donde las literaturas de la Argentina, entre ellas, las del NOA que son el eje del proyecto, están en los temas que nos convocan a juntarnos, ahora, dadas las circunstancias, de manera virtual. Son momentos en los que todo parece ser un continuum de lo que me dio y me da placer realizar.

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