MASIVA CONCURRENCIA. El parque fue un imán para las familias.

Fiel al estilo popular, el plan del Día de las Infancias se festejó al aire libre. Parques y plazas fueron escenario de masivas congregaciones para honrar a los más pequeños. ¿Los favoritos?: el Parque 9 de Julio y el Avellaneda, salvando algunas disancias, ambos sintetizaron lo mismo: volantines que se entrelazaban en el cielo, fútbol entre amigos, caras tímidas pintadas de arcoiris, música y muchas risas.
Luego de un año encerrados, sin poder compartir con sus compañeros, haciendo tareas a través de Zoom y viviendo momentos de mucho estrés, los más pequeños se dieron revancha y le exigieron a los adultos una jornada de esparcimiento sin condicionantes. Así fue como “no quedó otra”- dicen algunos- y picnic de por medio se instalaron en distintos jardines a disfrutar de los 24 grados de sensación térmica que regaló el domingo.
Relax obligatorio
Mariana Lescano, mamá de Bautista, remarca la importancia de celebrar la fecha fuera de casa: “Es para que ellos se despejen, estuvieron sin poder tanto tiempo que ahora tinene que estar más tranquilos”. En este sentido, advierte las consecuencias que dejó el aislamiento: “los chicos han retrocedido mucho porque la nueva modalidad de la escuela no funciona, se atrasan mucho”. Destaca además las dificultades que tuvo que enfrentar para continuar la escolarización de su hijo: “como padres nos cuesta más acompañarlos. Mi marido y yo trabajamos y tuvimos que buscar una maestra particular para que lo ayude, lo que significó un costo también”.
Por su parte, Carolina Ruiz, coincide: “sabemos que nos podemos contagiar, pero los chicos también necesitan salir. Era mucho encierro para ellos, todo el tiempo lloran y se pelean. Los ves estresados y no saben qué les pasa”. Eso fue lo que la motivó a armar sanguchitos, empacar el mate y sacar de paseo a nueve de sus sobrinos.
Sobre la posibilidad de contagiarse, explica: “toda mi familia está vacunada, los chicos no por su edad. No me dio miedo salir, perdí muchos seres queridos por la pandemia, pero estamos tranquilos. Sabemos que nos podemos contagiar, pero era necesaria esta salida, cerca de nuestra casa no tenemos ninguna plaza entonces tampoco tienen a donde salir a jugar”.
Reposada en un lienzo mientras come galletitas, Estrella Naranjo (12), que fue con su familia a pasar el día, cuenta que está muy contenta de poder salir “tranquila” al parque a jugar. “Me gusta mucho venir al parque. Antes teníamos que estar todo el día en la casa”, reniega y admite que está muy ansiosa por volver por completo a sus actividades presenciales. “Me gustaría volver del todo ya”, añade la estudiante de primer año del secundario.
Niños perdidos
Carlos Pérez, subdirector de Defensa Civil municipal, explicó que durante la jornada, al menos, diez menores se extraviaron y fueron hallados por personal de la dependencia a su cargo. “De un momento a otro los chicos desaparecen, se distraen por múltiples cuestiones como juegos, música, etc, y el padre lo pierde de vista”, señaló. Para lograr reunir a los niños con sus tutores se desplegó un operativo en parques y plazas donde participó además la Dirección de Tránsito, la Policía, entre otros.
“Hay un descuido constante de los padres”, agrega y asegura que el promedio de resolución de la situación rondó los 20 minutos.
“Es un día para que el niño disfrute. Los padres tienen que estar a disposición de él”, dice la encargada del operativo, Mercedes Lucero.
Con lo que se puede
Comida, regalo, entretenimiento, transporte: celebrar cuesta caro. Aún más lo siente el bolsillo si se tiene en cuenta la fuerte retracción económica devenida de la pandemia y la inestabilidad laborar que muchos tucumanos experimentan. Por eso, iniciar con un obsequio esta tan ansiada fecha fue sencillamente misión imposible.
“No se puede comprar juguetes, mucho menos los que ellos ven en la tele. Son carísimos”, lamenta Ainara Ledesma, madre de Juán.
“Nosotros no hablamos de regalos, directamente vinimos y pasamos un momento juntos. Si vemos que algo le gusta, le compramos, pero siempre es un globo o un helado, a lo sumo”, agrega Marcela Pérez, mamá de Josefina de seis años.
Una oportunidad
El festejo se tradujo no solo en felicidad para los más chicos, sino tabién tuvo como portagonistas a los pequeños comerciantes que agradecieron la posibilidad de trabajar libremente para poder “llevar el pan al hogar”, como lo define Ulises Rodríguez, vendedor ambulante de algodón de azúcar,. Mariela Medina, que viajó desde Lules para instalar su puesto de cosas dulces cerca del lago cuenta que hubo mucho movimiento y eso le permitió concretar gran cantidad de ventas. “Esto es una ayuda para nosotros que estamos tratando de rebuscarnosla. Estamos contentos porque podemos trabajar tranquilos. La gente a veces regatea, pero termina comprando”, relata.
En tanto, Ramón Fernández, apostó todo y trasladó su cantina completa desde su barrio (San Francisco). “La gente no compra mucho, pero compra, se vendió despacio”, indica y concluye: “las cosas van mejorando, pero todo está complicado. Muy difícil”.
Magali Villagrán, emprendedora, explica: Nos fue re bien, la gente viene, le gusta. Pasan un lindo momento. Vamos repuntando”.
(Producción periodística: Guadalupe Pereyra)







