imagen ilustrativa. TELAM

La psiquiatra infanto-juvenil del hospital Obarrio, Abigail Grosvald, explicó el impacto que tuvo en los chicos el nuevo cambio de la virtualidad a la presencialidad en la escolaridad.
Según comentó, dependiendo del grupo etario los procesos de adaptación varían ante cambios bruscos. "Con los niños más pequeños, que requieren a veces de mayor atención en estos contextos, ya hubo dificultades en la adaptación ya que concurrían a jardín de infantes o a maternales y debieron readaptarse y acostumbrarse de nuevo al ambiente y esto puede generarles miedos y ansiedad de separación de sus padres", advirtió.
El pasaje de la virtualidad a la presencialidad produjo en muchos niños una mejoría a nivel anímico, ya que salieron del aislamiento estricto y pudieron ver a los compañeros que extrañaban. Esto demuestra la importancia de la socialización y el poder compartir con otros durante los primeros años de vida.
Sin embargo, en otros casos, hubo niños que se acostumbraron mucho a lo virtual y a la comodidad de quedarse en casa y reincorporarse a un ambiente social les supuso una mayor dificultad.
“Por lo general los adolescentes están muy contentos de poder compartir todos los días con sus compañeros, si bien se ve mucho el temor de los padres a los contagios y también hay casos en los cuales el hecho de haber tenido de golpe muchas clases y tareas puede generar en la población Infanto-adolescente estrés y tornarse en una situación agobiante", explicó la profesional.
En este sentido la psiquiatra destacó la importancia de ayudar a través de la observación atenta y de preguntar cómo se encuentra el niño o el adolescente, cómo fue su día en el colegio y cómo se encuentran sus ánimos en general. "Si notan cambios bruscos como no querer jugar o hacer las tareas o cualquier cosa de su rutina de actividades habitual, esta debe ser una señal de alarma que llame la atención de los padres, ya que la ansiedad es una problemática que caracterizó a la pandemia y que se puede acentuar en el retorno a clases", dijo.
En lo que atañe al uso excesivo y apego extremo a los objetos tecnológicos, Grosvald recomendó acompañar en la realización de procesos de desapego y deshabituación gradual: "Es fundamental poder marcar límites en casa, quizás establecer horarios en los que se pueden usar o no, e incluso en los que introducir actividades al aire libre ya que su uso constante produce aislamiento social".







