“Un restaurador tiene que interpretar lo que la obra necesita” - LA GACETA Tucumán

“Un restaurador tiene que interpretar lo que la obra necesita”

Dolores González Pondal trabajó sobre “Paisaje”, un cuadro de Timoteo Navarro que será expuesto en la Hostería Municipal de Tafí Viejo.

21 Jul 2021 Por Fabio Ladetto
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EL RELEVAMIENTO. González Pondal analiza el cuadro que Timoteo Navarro realizó en 1958 para determinar el trabajo de recuperación a encarar.

“Paisaje”, un cuadro de 1958 de Timoteo Navarro, volvió a la vida. La obra sufrió distintos embates mientras estaba en la Casa de la Cultura Catalina Albarracín de Suárez de Tafí Viejo, y fue sometida a un proceso de restauración que le permitirá lucir como cuando se la conoció.

La labor estuvo a cargo de Dolores González Pondal, integrante del equipo técnico de la Universidad Nacional de San Martín, y su resultado podrá apreciarse desde fin de año en la taficeña Hostería Municipal Atahualpa Yupanqui, luego de que sea la protagonista de una muestra interactiva en la Casa de la Cultura sobre toda la obra de Navarro, con la idea de que se repita una vez al año dedicada a estudiantes de colegios secundarios, adelantó el secretario de Culturas, Marcos Acevedo.

González Pondal se abocó a la tarea desde el mes pasado, ya que el cuadro estaba en un muy buen estado general. “Los responsables de arruinar las obras de arte han sido los hombres en muchos casos. Es cierto, además, que los materiales tienen su propio envejecimiento natural y que actúan los factores ambientales, pero en general el deterioro comienza con un descuido”, afirma la experta, en diálogo con LA GACETA.

Sus palabras se confirman en los hechos. El principal daño del cuadro eran manchas de nicotina, de los tiempos en que se fumaba en las oficinas públicas donde estaba exhibido. También había pequeñas salpicaduras de pintura y desprendimientos de material, pero ningún deterioro de fondo. Se mantuvo el marco original, recomendación de la especialista, ya que Navarro los fabricaba especialmente.

LA EXPERTA. La restauradora trabaja en esta área desde hace 30 años.

- ¿Qué te atrajo del mundo de la restauración para abocarte a esta especialidad?

- Siempre me atrajeron las actividades prácticas y cuando salí de la secundaria estaba un poco perdida. María Campero me invitó a colaborar con ella en el área de Conservación del Museo Histórico del Norte. Ahí fui donde descubrí el mundo del arte y cuidado del patrimonio, del que no me separo desde hace 30 años.

- ¿La restauración de una obra de arte da margen para la intervención personal?

- Es al revés: el restaurador tiene que interpretar lo que la obra necesita y cuál fue la intención del artista cuando la realizó; debe ser anónimo, su trabajo no debe competir con el original. Quien esté a cargo de conservar una obra de arte debe ponerse a servicio de ella.

- ¿Cómo se reconstruye la historia original que el autor quiso contar?

- Hay que hacer una investigación y análisis previo de la obra, una suerte de historia clínica de la pintura, ubicar otras creaciones del mismo artista, poder relacionarlas con la que se tiene que trabajar y tener en cuenta los períodos. Cuanto más se conozca de las técnicas que utilizó el artista y de las restauraciones que se hicieron en otros lugares, menos complejo va a resultar la tarea o se la realizará sobre un material más conocido.

- ¿Hubo o hay un descuido importante en los patrimonios artísticos públicos?

- Hay de todo. Hay lugares en donde el cuidado patrimonial está muy dejado de lado, pero reconozco que en los museos hay muy pocas personas asignadas a la conservación y tienen que hacer malabares para dedicarse a cuidar muchas áreas que las que les corresponderían. En general falta desarrollo en estos sectores dentro de las instituciones, con el concepto de que las personas que trabajan en esta materia sean especialistas en el tema.

- ¿La restauración se enseña o se aprende?

- La formación es compleja, implica comprender varias disciplinas como la química o la historia del arte, es una tarea multidisciplinaria. Quien tiene verdadera vocación, debe ser un enamorado del trabajo manual porque estará largas horas frente a un cuadro. Y debe tener mucha paciencia, porque sin ella, sin práctica, estudio e investigación, no puede dedicarse a esta labor.

- ¿Cómo fue tu recorrido?

- Cuando comencé a estudiar no existía la carrera de restauración en las universidades todavía. Mi formación fue en el taller de Néstor Barrios durante cinco años, quien tenía armada una enseñanza con teoría y práctica. Fue una experiencia muy buena de trabajo y de estudio, de un modo que podríamos definir como medieval, con un maestro y dos o tres discípulos que tomaba por año. A la vez, estudié Bellas Artes y luego ingresé a un taller auspiciado por la Fundación Antorchas y la Academia Nacional de Bellas Artes, donde pude especializarme en pintura colonial; y terminé de prepararme en el exterior para ampliar estudios y conocimiento y tener contacto con diferentes períodos, sobre todo pintura española de los siglos XVII y XVIII. Desde hace dos décadas ya hay varias carreras y eso le abrió un gran panorama al país.

- ¿La innovación es constante en este universo, hay acceso desde la Argentina a las nuevas tecnologías?

- Actualmente hay muchísimos estudios, cada vez más profundos, que permiten descubrir técnicas innovadoras y conocer los materiales y las maneras en que el artista realizó sus obras. El arte moderno y contemporáneo es muy complejo en ese sentido, ya que las distintas escuelas no utilizaban la misma técnica. Cada artista tiene su propio lenguaje y sus propios elementos, y eso complejiza mucho el trabajo. Por suerte, aparecen cada vez mejores tecnologías que ayudan a que nuestra intervención sea lo menos invasiva posible. En cuanto a la limpieza de una obra, el uso de solventes está cada vez más minimizado, lo que es un beneficio tanto para el cuadro como para la salud del restaurador.

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