
El estallido de júbilo nacional por la conquista de la Copa América de fútbol no tiene parangón. Si cada grito de alegría hubiera sido un toque de campana, a estas horas estaríamos todos sordos, pero felices. El equipo laboriosamente trabajado por Scaloni demostró que el éxito no es inaccesible cuando se sabe organizar, planificar, calcular y analizar exhaustivamente un plan de trabajo. Ojalá que el ejemplo de este pequeño grupo de argentinos nos contagie de confianza, fe, voluntad y honestidad para salir del pantano en que hemos caído y merecer algún día un aplauso similar, pero del mundo. Que el ejemplo de honradez y entrega total que nos dieron con este triunfo espolee nuestros esfuerzos en lo político para -a partir de allí- desatarnos de las ligaduras de esta mediocridad que nos consume y nos mantiene encerrados en el desconcierto, la incapacidad y la angustia. Si Messi con su equipo de valientes pudieron destruir un tabú de 28 años, nosotros, que cargamos 200 años a los tumbos, ¿no podemos hacer un gol histórico? Si es así, más bien dejemos de cantar “O juremos con gloria morir”.
Darío Albornoz







