Argentina logró cortar la sequía de títulos, luego de casi tres décadas, porque jugó la Copa América como un verdadero equipo. La Selección desde hace un tiempo dejó de ser Messidependiente, un punto clave para explicar el cambio de rumbo que tuvo durante el último tiempo, y que terminó con el final feliz que todos esperaban y que se venía negando desde hace muchísimo tiempo.
Lionel Scaloni fue clave al frente de un proceso que fue casi una refundación de la Selección; una etapa en que adquirió una identidad sólida y contundente y recobró el fuego sagrado ese que parecía perdido desde aquellos planteles campeones de América en el inicio de la década del ‘90. El inesperado DT (al que muchos criticaron, minimizaron y hasta ningunearon) se encargó de hacerle frente al inevitable cambio generacional; ese al que le escapó Jorge Sampaoli, en la previa de Rusia 2018. Dejó afuera a esos futbolistas que para muchos entrenadores parecían intocables pese a que desde hace mucho tiempo no venían mostrando su mejor nivel, y tuvo la sapiencia de acertar en la elección de algunos jugadores que para gran parte del país futbolero eran desconocidos.
Así, amalgamó primero al grupo. Con mucha unión, dentro y fuera de la cancha, Argentina fue haciéndose camino a lo largo de la Copa. Con errores a cuestas (que evidencia cualquier equipo durante el proceso de formación), fue sacando adelante cada juego hasta llegar al duelo final. Con orgullo, con amor propio, con solidez y con una cuota de buen fútbol, cuando la oportunidad se le presentaba, ganó y ganó hasta quedar cara a cara con la gloria.
Era necesario que ayer en el Maracaná este grupo pudiera sacarse la “mufa” y levantara la Copa. Sobre todo para respaldar un proceso serio, al que muchos intentaban desestabilizar pidiendo entrenadores en medio de una competencia.
Ayer contra Brasil, Scaloni se recibió de estratega, acertando lo que muchos le recriminaban en la previa. El entrenador metió mano en el equipo; fue a fondo y modificó cinco nombres respecto a la formación titular del juego de semifinales contra Colombia.
Claro, Brasil no es el combinado “cafetero” y el DT actuó tal cual la situación lo ameritaba. Las modificaciones tenían como fin anular el circuito ofensivo del “Scratch”, sabiendo que en el mano a mano llevaba las de perder.
Y Argentina ayer hizo un culto del juego colectivo. Los futbolistas corrieron, metieron y aprovecharon la chance que le entregó su rival para acertar un pleno que vale mucho más que una Copa ante el rival de toda la vida y como visitante.
Todo gracias a que la Selección fue un equipo y en eso tuvo muchísimo que ver su DT.








