EN LOS CERROS TUCUMANOS. El Fiat de Reutemann avanza en el Codasur 81.

“Lo conocí, cada vez que nos veíamos nos saludábamos y conversábamos”, cuenta Cristian Lange. “Papá lo admiraba mucho. Andaba una barbaridad, estudiaba todos los circuitos, cada curva, era muy responsable”, asegura Ítalo Maresio (h), cuyó papá homónimo fue rival y amigo. Carlos Reutemann no sólo compitió en Tucumán, sino que hizo amigos, dentro y fuera de las carreras.
Lange aporta un dato exquisito. “Yo tenía 21 años y por esto de las competencias, me invitaron a ir a ver la F-1 en 1974 en Buenos Aires. Fue en enero, hacía muchísimo calor y el presidente Juan Domingo Perón estaba en el palco oficial. Fue la famosa carrera en la que él abandona por falta de combustible luego de la rotura de la toma de aire. Estuve en el box de su equipo el sábado. Él no hablaba con nadie, sólo con Bernie Ecclestone, el dueño del equipo Brabham y su gente. Todo el mundo moría por estar allí”, contó el concepcionense. Y amplió: “estuve en la tribuna el domingo de la final. Lo ovacionaban cuando pasaba. Y vi cuando empezó el problema de la toma. Y luego la decepción, nos agarrábamos la cabeza”. Lange dice haberlo conocido a “Lole” antes de ese día triste. “Fue en Córdoba. Me pareció un tipo muy churo, pero reservado. Él me conocía. Recuerdo una vez que elogió mi trabajo una vez que gané una etapa de una carrera de Turismo Nacional con un Renault 12 en 1973, justo el día antes en que se mató Nasif Estéfano”. Y cuenta una anécdota más reciente: “él era gobernador de Santa Fe. Yo había viajado por unos trámites. Un domingo caminaba por el centro y me lo encontré, solito, en un café. Me acerqué, charlamos un montón”.
Maresio (h) recordó la vez que su papá tuvo un accidente en una carrera en Córdoba. “Él lo fue a visitar en Cosquín. Desde la cama, mi ‘viejo’ le dice que no iba a correr más, que era muy peligroso. Pero ‘Lole’ lo hizo callar, porque ‘Mimicha’, su mujer de ese entonces, se iba a asustar. ‘Ya te vas a poner bien’ le decía el ‘Lole’, mientras reía”. Otra historia que cuenta no tiene desperdicio: “en la Vuelta del Noroeste del 67, Reutemann venía ganando y mi papá no podía recuperar terreno por problemas en el auto. Viniendo de Catamarca, en el puente de Las Termas, mi papá no quiso repostar, aun sabiendo que se iba a quedar sin nafta. Llegó con lo justo a Tucumán, pero sin esperanzas de haberle ganado. Pero el ‘Gordo’ Becker le confirmó el triunfo. Como no le creía, le apostó una cena en el mejor lugar de Tucumán. Obvio, ¡después tuvo que pagar una fortuna!”.







