Rumbo al Mundial 2022: el viento sopla en contra - LA GACETA Tucumán

Rumbo al Mundial 2022: el viento sopla en contra

La simultaneidad de la Copa América y la Eurocopa da un vistazo de lo que será el Mundial.

28 Jun 2021 Por Federico Espósito
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PARIDAD. La eliminación de Países Bajos ante República Checa (clasificada tercera) habla de un mayor margen de sorpresa. FOTOS REUTERS

Gracias a (o por culpa de) este descalabro que la pandemia provocó en los calendarios internacionales es que, por segunda vez en la historia, la Copa América y la Eurocopa se están jugando al mismo tiempo. Sin embargo, a diferencia del antecedente de 2016, esta vez la simultaneidad ocurre bastante más cerca del siguiente Mundial, por lo que brinda un panorama más preciso de lo que podemos esperar en Qatar. Y aunque en un Mundial todo puede pasar, lo visto hasta acá confirma que la tendencia va en la misma dirección que en las últimas ediciones: predominio europeo salpicado por alguna patriada sudamericana de Brasil, Argentina, Uruguay o tal vez Colombia.

Al menos, ese es el pronóstico que surge de la contraposición entre la dinámica y la verticalidad que se observa en líneas generales en los partidos de la Eurocopa, y la rispidez y la mezquindad que abundan en la Copa América. A excepción de Brasil, claro. Da la impresión de que el seleccionado dirigido por Tité (de buen juego y puntaje casi perfecto tanto en la Copa como en las Eliminatorias) es el único que podría perfilarse como aspirante al título si fuese invitado al certamen europeo. ¿Argentina? Sólo por tener a Lionel Messi y por el peso de sus individualidades, no por funcionamiento colectivo.

El ensanchamiento de la brecha entre el fútbol sudamericano y el europeo a nivel clubes se fue extrapolando al de selecciones a partir de la década del 2000. No es casualidad que, después del Mundial de Corea-Japón 2002, el Nuevo Mundo pasó de estar 9-8 en el conteo de títulos por sobre el Viejo Continente a estar hoy abajo 12-9. Y es que desde el pentacampeonato de Brasil en Asia, pasaron cuatro mundiales, todos con campeones europeos: Italia (2006), España (2010), Alemania (2014) y Francia (2018).

La estadística recrudece cuando se amplía el foco a los finalistas de esas cuatro ediciones: Argentina fue el único de este lado del Atlántico que pudo meter la cola, en 2014. El resto, todos europeos. Y sólo Brasil y Uruguay lograron rascar un cuarto puesto en estos últimos 19 años.

Ya pensando en Qatar 2022, hoy las probabilidades apuntan más hacia un quinto título consecutivo de Europa que a un quiebre de racha. ¿A qué se debe esa tendencia? Está claro que no hay respuesta simple y llana para una pregunta tan compleja. Las causas son varias, y una de ellas es bastante obvia: el dinero.

De la plata se dice que no hace la felicidad, pero brinda mejores perspectivas que la pobreza en un mundo capitalista. Y a Europa, la fortaleza de su economía le ha permitido comprar a los mejores jugadores del mundo y convertir a sus torneos en los más atractivos desde el punto de vista deportivo y económico. Las cifras que se manejan en las principales ligas europeas exceden por mucho al de cualquiera otra. Por algo la lógica del futbolista sudamericano es destacarse en su país para poder pegar el salto a Europa, donde lo espera el mejor nivel, los contratos más jugosos y los estadios más modernos.

Al respecto, el último relevamiento de AXEM (“Argentinos por el Mundo”, agrupación que sigue el paradero de los futbolistas de este país que actúan en ligas del exterior) reveló que, de los 3.476 jugadores argentinos que había repartidos por el mundo hasta mayo de este año, 2.212 actuaban en clubes de la UEFA, incluyendo las diferentes divisiones. El grueso del resto se dividía entre clubes de la Conmebol (558) y la Concacaf (473).

Esta lógica, claro, no funciona a la inversa: los únicos europeos que fantasean con venir a estos lares son los que ya están de vuelta y tienen ganas de darse el gusto de vestir alguna camiseta emblemática antes del retiro. Y de ahí a que lo hagan hay un trecho largo: por algo generó tanto revuelo Daniele De Rossi cuando efectivamente vino a Boca.

El meteórico ascenso de clubes antes postergados y hoy en manos de magnates o jeques, como PSG, Chelsea y Manchester City, refleja hasta qué punto influye el dinero en un proyecto deportivo. Otro ejemplo es el Red Bull Salzburgo, equipo al que se marchó Nicolás Capaldo: hasta 2006, cuando fue comprado por la empresa de bebida energizante, su palmarés en la Bundesliga austríaca se limitaba a tres títulos ya añejos; desde entonces ganó 12, los últimos ocho de manera consecutiva. El mismo sueño totalitario guarda su hermano alemán, el RB Leipzig, también propiedad de Red Bull. De no existir Bayern Munich, ya tendría el camino allanado.

Ahora bien, ¿tiene que ver esto con los seleccionados? Tiene. Si bien Sudamérica sigue siendo una fuente inagotable de talento (quizás como una respuesta evolutiva a esa constante demanda desde el exterior), las condiciones de formación de los futbolistas europeos suelen ser mejores. Y lo que no les da el potrero, esa desfachatez para salirse del esquema e improvisar, lo suplen con orden táctico y un desarrollo físico que les permite desplegar un fútbol de alto ritmo y toques precisos, de arco a arco. Y ese metodismo, aunque más frío y menos poético que la gambeta sudamericana, es el que viene mandando en los resultados de los últimos tiempos. ¿Podrá revertirse la tendencia en algún momento? O, por el contrario, ¿se irá haciendo cada vez más profunda con el paso del tiempo?

Bélgica dio el golpe al bajar a Portugal, el campeón defensor

Nada pudo hacer Cristiano Ronaldo para evitar la eliminación de Portugal. Un golazo de Eden Hazard le alcanzó a Bélgica para ganar 1-0 y dejar fuera de carrera al defensor del título en octavos de final. Antes, República Checa (que se clasificó tercera en su grupo) había dado la sorpresa vencer 2-0 y dejar afuera a Países Bajos, equipo más goleador de la primera rueda. Hoy se enfrentarán España-Croacia (desde las 13), y Francia-Suiza (16).

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