“Todos somos potenciales armas biológicas” - LA GACETA Tucumán

“Todos somos potenciales armas biológicas”

La médica Rosana Cheín habló sobre la creación de anticuerpos con las vacunas y sobre el peligro de permitir que el virus siga circulando.

19 Jun 2021 Por Juan Manuel Montero
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PROCESO FUNDAMENTAL. El hisopado para conocer si uno está contagiado es clave para los especialistas, que además se sirven de las estadísticas. LA GACETA / FOTO DE OSVALDO RIPOLL

¿Cuánto dura la inmunidad luego de haber padecido coronavirus? ¿Y luego de haberse vacunado? ¿Las vacunas son todas buenas? ¿Qué pasa si no me vacuno? ¿Vamos a tener que vacunarnos todos los años? La pandemia nos llena de dudas. 

Todos queremos volver a vivir de la forma que lo hacíamos hasta marzo de 2020. Pero la covid - 19 nos cambió ¿para siempre? la forma de comportarnos. Y hay decenas de preguntas a las que la ciencia aún no puede responder de forma certera ya que con un enemigo que todavía es desconocido en muchos aspectos, sus consecuencias también son inciertas. 

Pero hay otras que de a poco comienzan a despejar el manto de incertidumbre. Y las que más se hace el ciudadano común tiene que ver con los anticuerpos. ¿Hay algo que realmente nos va a proteger de todo esto que estamos viviendo?

La directora del Instituto de Investigación en Medicina Molecular y Celular Aplicada, Rosana Chehín, no tiene dudas: las vacunas y el distanciamiento social son las herramientas más efectivas para luchar contra este nuevo coronavirus. 

“Mientras el virus circule, aumenta la posibilidad que aparezcan variantes más contagiosas o más letales. Nos transformamos en armas biológicas donde el virus se multiplica y muta. Por ello es esencial cortar la transmisión y preocupan a sobremanera los movimientos antivacunas que, basados en estudios publicados en revistas de muy bajo rigor, generan confusión. La pandemia de la gripe española entre 1918 y 1919 mató a más de 50 millones de personas en el mundo. A esta vamos a pararla antes sólo con el esfuerzo conjunto ya que es esencial que se comprenda que la vacuna es también una responsabilidad social. Como todo medicamento, las vacunas tienen efectos adversos, de eso no hay duda, pero la relación riesgo/beneficio las convierten en un elemento esencial de lucha en esta pandemia”, explicó.

 Y luego abundó en un tema volviendo a poner énfasis en la responsabilidad colectiva “La vacunación, con los problemas que todos conocemos, está avanzando en medio de esta segunda ola que se caracterizó por la aparición de nuevas variantes. Sería importante que la vacunación avance a mayor velocidad que la aparición de variantes que eludan la protección adquirida con las vacunas. Mientras el estado hace su parte, nosotros tenemos que seguir sosteniendo todas las medidas de seguridad que aprendimos desde el año pasado. El distanciamiento social, la ventilación, el lavado de manos y sobre todo el uso correcto del barbijo son puntos clave en la lucha contra el virus y permiten apuntalar al personal sanitario. Cumplir lo que nos piden. Aunque haga frío hay que ventilar. Además del uso correcto del barbijo hay que usar un barbijo adecuado por su capacidad de interferir el paso del virus de forma eficaz”, advirtió.

La especialista indicó que “nuestro sistema inmunológico es un complejo sistema de células especializadas y tejidos que reconocen todo lo que no es propio. Preparan una línea de defensa con células y unas proteínas muy especiales, los anticuerpos. El sistema inmune solo es capaz de reconocer lo que no nos pertenece para intentar destruirlo, sino que tiene capacidad de aprender y de memorizar. Una vez que aprende a fabricar un tipo específico de anticuerpos, almacena en la memoria inmunológica esta información. Las vacunas enseñan al sistema inmune a fabricar su defensa y los refuerzos de las vacunas o “booster” permiten consolidar de algún modo lo aprendido". 

La respuesta inmune de cada individuo depende de múltiples factores que tienen que ver con la alimentación, factores genéticos, nuestro microbioma, fármacos, etc. “No es posible predecir la magnitud de la respuesta inmune de un individuo de antemano con certeza. Hay individuos que poseen  algún tipo de inmunodeficiencia genética y que al ser leve, cursa buena parte de su vida de modo compensada pero una infección respiratoria con el nuevo coronavirus desata un cuadro clínico imposible de anticipar. Las patologías relacionadas con el sobrepeso y la obesidad han demostrado tener correlación positiva con el desarrollo de la forma severas de COVID-19.  Por lo tanto, todos los consejos que nos empujan a tener una vida sana aplican para esta patología".

Respecto a las diferentes vacunas que recibieron autorización de emergencia en fase III, Chehin indicó que se usaron diferentes tecnologías 

“Están las tradicionales, que utilizan virus inactivados. Con este tipo de vacunas erradicamos importantes enfermedades de nuestro planeta. En las últimas décadas se pusieron en marcha muchas tecnologías ingeniosas. Algunas ya probadas en otras epidemias y otras totalmente innovadoras. El secreto de toda esta nueva generación de vacunas está en una proteína que forma parte de la corona que le da el nombre al virus. Esta proteína se llama espina o “spike” y tiene una región denominada RBD que es esencial para que el virus pueda entrar a las células. Los anticuerpos se unen a esta región, impiden la entrada del virus a las células y por lo tanto su replicación. Por este motivo, las nuevas vacunas llevan un fragmento de “spike” que contiene al RBD o bien el mensaje que codifica para está proteína (ADN o ARN) en lugar del virus completo inactivado. Si consideramos que el RBD es la llave que utiliza el virus para entrar a una célula, los anticuerpos contra esta región serían como un capuchón que le impide al virus unirse a su receptor y entrar a la célula. Tanto el RBD como el mensaje para su síntesis se deben transportar en vehículos para ser más eficientes. Algunas vacunas usan como vehículos virus respiratorios humanos o de chimpancé, otros  usan una especie de bolsa de lípidos llamada liposomas, otras usan la proteína directamente inmovilizada en nanotubos lipídicos". 

Chehín explicó que ninguna vacuna es perfecta y por lo tanto ninguna generará una protección de un 100%. Sin embargo, las nuevas tecnologías están demostrando un nivel de protección arriba del 90%. "Junto al Siprosa, estamos realizando un importante trabajo de estudio de la eficacia de las vacunas en nuestra provincia considerando diferentes grupos poblacionales, franjas etarias y a diferentes tiempos. Nuestros resultados son muy consistentes a los demostrados en otras vacunas y muestran que los individuos que tuvieron COVID previo desarrollan una respuesta inmune más rápida y persistente. Es importante recalcar que, aunque los títulos de anticuerpos anti-RBD comience a bajar luego de los 90 días de la inmunización, el sistema inmunológico que tiene capacidad de aprender y recordar, guarda en la reserva las células que aprendieron a fabricar estos anticuerpos". 

Ante la pregunta si considera que habrá que reforzar la vacunación todos los años, Chehín respondió que es probable ya que hasta no erradicar completamente al virus del planeta, tendremos que seguir enseñando a nuestro sistema inmune a arreglársela con las posibles nuevas variantes.

La especialista recordó que el hecho de estar vacunado no impide una reinfección, pero disminuye las posibilidades de hacerlo así como de desarrollar formas graves de la enfermedad. “Se están estudiando esquemas mixtos de vacunación con diferentes plataformas vacunales con resultados muy buenos. Por otra parte hay vacunas muy similares pero desarrolladas por empresas diferentes. Así por ejemplo el primer componente de Sputnik y la vacuna de Johnson son casi iguales y la segunda dosis de Sputnik es igual a Cansino y en principio, no debería haber problemas de usarla en reemplazo de esta para completar esquema. Pero esas son decisiones de las autoridades sanitarias que van a depender de la disponibilidad real de vacunas. ¿Qué tiempo debe haber entre la primera y la segunda dosis? Tres semanas fue la ventana estudiada en los primeros estudios. Luego el grupo de Oxford estudió extender esta ventana con buenos resultados, advirtió.

Chehín recordó que ella pertenece a un grupo interdisciplinario conformado por investigadores de  CONICET y Universidad que junto al Ministerio de Salud de la Provincia y específicamente el Laboratorio de Salud Pública desarrollaron un test serológico que está siendo usada para estudiar la respuesta inmune de la población.  “Estamos estudiando  la cantidad de anticuerpos capaces de interferir la entrada del virus a las células en post-infectados y post-vacunados. Analizamos, qué pasa en cada grupo con el tiempo. Los individuos vacunados levantan en promedio cuatro veces más anticuerpos que los infectados naturalmente. Realizamos más de 4000 determinaciones y del análisis estadístico de esta información tenemos los valores de referencia poblacional. Es importante destacar que junto a la CABA, Tucumán fue la única provincia que tiene estudios poblacionales con test propio. Córdoba y Río Negro también estudiaron su población con test comerciales.  Seguimos estudiando los diferentes grupos en el tiempo. Los sistemas de salud necesitan contar con esta información y nosotros estamos muy entusiasmados de poder colaborar en estos proyectos”, finalizó.

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