A la espera de la próxima movida

La interna marca todo. La cancha, el ritmo de la Legislatura, las paredes (con pintadas), las charlas y las acciones de los dirigentes. Sobre este último punto se fija especial interés, porque el mundo peronista está pendiente de cada gesto de cada integrante de la agrupación: se comenta si alguien se reunió con un jaldista o con un manzurista; si hay algún guiño con uno u otro e incluso si existe la intención de conversar con un integrante de la otra facción. Como muestra basta un “Lalo” Cobos. Ni bien se conoció que el defensor del Pueblo había pedido una audiencia con el gobernador, apareció con el vice en la Cámara. Demasiada casualidad.

En los pasillos del edificio legislativo saben que esa conducta deriva de una causalidad, no de un hecho fortuito. El “huracán” tranqueño no quiere que se le escape ningún dirigente y envuelve en su torbellino a sus cercanos para que no osen ni siquiera acercarse a las huestes de Juan Manzur. En eso, afirman los legisladores, Osvaldo Jaldo ejerce una presión feroz. En la Casa de Gobierno sucede algo similar, pero con otra tónica. El seductor gobernador prefiere ejercer un estilo más apegado a su inseparable sonrisa y a su arraigada diplomacia para que los dubitativos se arrimen a su lado.

En el medio, en ambos sectores, hay quienes pregonan la necesidad de romper todo, si es que aún queda algo sin quebrar.

A comisión

La tarea de las comisiones de Educación y Asuntos Constitucionales sobre el informe que presentó el ministro de Educación da cuenta de la braveza con la que se juega la interna peronista. Con paciencia franciscana, los legisladores analizaron las 27.000 fojas que había llevado Juan Pablo Lichtmajer. De hecho, los parlamentarios afirman que en realidad son “apenas” unas 11.000, que la mitad es material “inservible” a los efectos de la interpelación (como planillas de asistencia a cursos docentes) y que lejos están de quedar despejadas las dudas que se le plantearon al funcionario.

Esta cuestión lleva leña legislativa a la hoguera que azuza el manzurismo. Quienes elevan la voz con la interpelación a Lichtmajer son los radicales José Ascárate y José Canelada. Lo hacen con el guiño cómplice del jaldismo porque claramente jamás podría haber llegado al recinto el ministro ni avanzado en la comisión la negativa a su informe si el oficialismo no se hubiese partido.

El embate de “los José” permite que los leales a Manzur fortalezca el relato que pretenden instalar: Jaldo juega con los “amarillos”. A los radicales no les preocupa que los liguen con el vicegobernador, porque entienden que la ruptura peronista les permite acercar agua para su molino. Pero al vicegobernador no le hace ninguna gracia que se lo tiña con el color del macrismo.

Respecto del informe Lichtmajer, el manzurismo confía en que algunos compañeros del bloque jaldista no están muy seguros de dar un dictamen negativo al funcionario. Insisten en que hay parlamentarios incómodos con la postura antigobernador que pregona el núcleo duro del bloque Justicialista de Todos. ¿Es deseo o posibilidad?

Maley, en la mira

El próximo paso que podría dar el jaldismo es la citación al recinto del ministro de seguridad. El polémico Javier Morof avisó que ya cuenta con dictamen un proyecto para que comparezca en el recinto. Podría haber novedades la próxima semana, salvo que algún acercamiento electoral (¿un nombre jaldista en la lista oficial?) lleve a cajonear el pedido.

Todos observan lo que sucede en la Legislatura y lo utilizan para acomodarse ante la proximidad de los comicios nacionales. Ricardo Bussi, con su natural talento de publicista, hizo clin caja con la ley que habilita al Poder Ejecutivo a adquirir vacunas. Empapeló la ciudad pidiéndole a Manzur que adquiera más dosis. Rápida y acertada jugada ante un oficialismo en plena riña y gran parte de la oposición a los mordiscones.

Otro José

Jaldo se preocupa en fidelizar el interior que aún lo acompaña y se apoya en los parlamentarios que le “regaló” José Alperovich para hacer pie en la capital. Dante Loza y Armando Cortalezzi (llegaron a la Cámara por el partido del ex gobernador) son los escoltas de gran parte de las recorridas del vice por San Miguel de Tucumán. A ellos se suma la dupla de inseparables del vicegobernador, Morof y Daniel Deiana. En todas partes, el tranqueño enarbola la misma bandera: pintadas y pasacalles que exhiben los nombres Jaldo-Fernández-Cristina. Quiere dejar en claro que juega para los líderes nacionales.

Ni quién les sirva el café

El manzurismo legislativo masculla bronca por la situación de vacío extremo que experimenta. Con el barrido de empleados que le aplicó el titular de la Cámara entienden que será difícil un diálogo o un retorno a los buenos modos. Los parlamentarios insisten en que Jaldo se equivoca, adelanta los tiempos de manera extrema y habilita a que la guerra salga de los reglas habituales y se torne sucia y peligrosa. ¿Quién hará la próxima movida?

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