
La semana que hoy empieza será crucial para Atlético. Es cierto que está en pretemporada y todavía no hay partidos ni torneos oficiales a la vista, pero el momento es más que especial: la dirigencia intenta repatriar a uno de los ídolos máximos de su historia: Luis Miguel Rodríguez. Todo indica que su situación se resolverá definitivamente en estos días y la oportunidad vale para tomar dimensión de lo que significa el jugador para la provincia.
Decimos provincia y no hacemos la división clásica de “mitad y mitad” porque el “Pulguita” ha logrado lo que pocos: trascender a los colores. Por supuesto que se trata del ídolo del “Decano”, pero el cariño le llega también desde los hinchas de San Martín. Miles de ellos vieron con alegría hace algunos días cuando el simoqueño salió campeón con Colón de Santa Fe.
De hecho, fuera de Tucumán donde ya es mayoritariamente aceptado, también goza de una gran reputación. En la última época que tuvo con Atlético y su estadía en el “Sabalero” le garantizaron elogios y fanatismos a nivel nacional.
“‘Pulguita’, desde hace tiempo que no es ni de Unión Simoca o Alto Verde, ni de Atlético o San Martín. Ni Colón ni Boca (al que estuvo cerca de llegar en 2009). Luis Miguel Rodríguez pasó a ser de todos. Patrimonio nacional, como le cantaban a Diego Maradona cuando no queríamos que se fuera a Europa”, escribió hace unos días, tras el título, Ezequiel Fernández Moores, columnista de LA GACETA. “¿Quién, excepto los hinchas de Racing, por supuesto, no quería que Colón y “Pulga” celebraran en la final?”, preguntó retóricamente el periodista.
El de la Copa de la Liga fue su primer título en tres finales, pero quizás no nos deberíamos quedar solo con esos números para definir un jugador como él. Sobre todo con las opiniones que podemos recoger del simoqueño. Día a día, en las escuelas y los clubes de fútbol se forman jugadores para ganar títulos, pero Luis Rodríguez no es quien es, solamente porque ahora es campeón.
El reconocimiento a “Pulguita” comienza en detalles como los de ser un patrimonio nacional y no solo de los fanáticos “decanos”. Sin quererlo o proponérselo definitivamente, lo logró.
Tal vez se trate de algo que debamos imitar o cultivar en los más jóvenes. Al menos en la formación justamente de los nuevos jugadores. El carisma, las desfachatez y sus instintos de jugador de potrero son virtudes que necesitamos explotar también en los más jóvenes de nuestro fútbol, además de los trabajos sesudos y estadísticos en los campeonatos ganados, los córners, los tiros libres y las atajadas. El fútbol, está visto, significa más que eso y el “Pulguita” es un claro ejemplo.
La perseverancia quizás sí sea un punto en común con lo que se le inculca a cualquier jugador de inferiores, pero en el caso del (por ahora) ex Atlético fue llevada al extremo. Su historia de superación es altamente conocida y eso también le generó la empatía de todos.
Parece fácil decirlo, pero necesitamos más “Pulguitas”. No importa necesariamente que sean campeones, pero sí que se lleven el fútbol por delante con gambetas y trabajo.
Que provoquen el cariño sin importar la camiseta y que obliguen a pensar en ellos cuando se hable de Tucumán, Simoca o cualquiera de sus localidades. Su llegada será festejada y debería ser aprovechada.







