Un escritor pura y exclusivamente parecido a sí mismo - LA GACETA Tucumán

Un escritor pura y exclusivamente parecido a sí mismo

Rescate de uno de los más grandes narradores latinoamericanos.

13 Jun 2021
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Felisberto Hernández.

ANTOLOGÍA
CUENTOS SELECTOS
FELISBERTO HERNÁNDEZ
(Corregidor- Buenos Aires)

Felisberto Hernández (Montevideo, 1902-1964) soñaba con ser un gran pianista. Y, en buena medida, dicen que dicen, lo fue. Tomó clases con los renombrados Clemente Colling y Guillermo Kolischer, compuso, interpretó, dirigió una orquesta, alternó esplendores de orilla a orilla entre su ciudad natal y Buenos Aires y hasta fue contratado para presentarse en la mismísima París.

Pero si fuera aceptable y aceptada la arbitrariedad de condensar su vida con la sola referencia de un oficio cultivado con singular maestría, valga la imperiosa salvedad de incluir a Felisberto Hernández en la galería de los más grandes narradores latinoamericanos. O, como mínimo, para no ir más lejos, entre los más grandes del extendido olimpo de las letras rioplatenses.

En algún sentido, Felisberto es lo que se da en llamar “un escritor de culto”, y eso, por cierto, a despecho de la entusiasta gestión de la poeta Cristina Peri Rossi, que hacia entrados los años 70 asumió como una causa personal difundir en España una obra extensa y variada.

Por caso, cuando nos aventuramos en “La casa inundada” nos vemos tentados a atribuir entidad de deslumbrante literatura fantástica, pero más temprano que tarde descubrimos que esa deducción fue debidamente refutada por Julio Cortázar: “Nadie como él (Felisberto) para disolverla en un increíble enriquecimiento de la realidad total que no sólo contiene lo verificable sino que lo apuntala en el lomo del misterio”, perfiló el autor de Rayuela.

Otras narraciones de los Cuentos selectos del montevideano cuya prosa supo cautivar hasta al insigne Gabriel García Márquez nos precipitan a nítidos o vagos parentescos con los modos costumbristas, intimistas, incluso algunos emanan un no sé qué a las aguafuertes que hicieron célebres Wimpi y Roberto Arlt, pero en rigor son vanos intentos de resistir a la pulsión clasificadora y los incordios del vacío. A decir de Italo Calvino,  prologuista del inusitado y delicioso Nadie encendía las lámparas, es justo encontrar en Felisberto a un escritor pura y exclusivamente parecido a sí mismo. Pavada de honor le confirió Calvino. “Inconfundible”, observó. Inconfundible, Felisberto, por beneficio de “francotirador”. Y recomendable a tambor batiente.

En cualquier caso, sea al modo de un juego que propone el autor de estas líneas, se propone iniciarse en el cautivador universo de Felisberto Hernández con la lectura de “El Cocodrilo”, el entrañable, inefable vendedor de medias que dispone del don de llorar en el preciso instante que se lo propone.

© LA GACETA

PERFIL

Felisberto Hernández nació en Montevideo, en 1902. En 1925 publicó Fulano de tal, costeada por un amigo. En 1927 dio su primer concierto en el Teatro Albéniz de Montevideo. En 1939 ofreció un recital en el Teatro del Pueblo de Buenos Aires con notable éxito. A la vuelta a Uruguay fundó una librería, que fue un fracaso. En 1942 publicó Por los tiempos de Clemente Colling, por el que recibió un premio del Ministerio de Instrucción Pública. Entre sus obras, cabe mencionar a La cara de Ana, El caballo perdido, Las hortensias y Nadie encendía las lámparas. Murió en 1964.

Walter Vargas

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