“No entiendo qué pasa por la cabeza de quien no se vacuna”

La incorporación de Faustino Siñeriz a la Academia Nacional de Ciencias corrobora la calidad de las investigaciones que se realizan en Tucumán. Él habló de su carrera, del Proimi y del valor de los científicos.

SONRIENTE. Siñeriz y un paisaje que representa su amor por los Valles. Con esta foto se promocionó su ingreso a la Academia Nacional de Ciencias.  SONRIENTE. Siñeriz y un paisaje que representa su amor por los Valles. Con esta foto se promocionó su ingreso a la Academia Nacional de Ciencias.
Guillermo Monti
Por Guillermo Monti 10 Junio 2021

Faustino Siñeriz define su ingreso a la Academia Nacional de Ciencias como “un golpecito en la espalda”. Una caricia académica que premia medio siglo dedicado a la investigación. “He tratado de hacer todo lo que me correspondía y de la mejor manera posible”, añade Siñeriz, sorprendido todavía por la trascendencia que alcanzó el acto virtual realizado la semana pasada. “Asistió mucha gente que tuvo que ver con mi trabajo a lo largo de 50 años. Y tengo buena memoria”, detalla.

La entrevista es de lo más particular, porque Siñeriz está instalado en Amaicha del Valle y, para mantener una buena señal, durante la charla camina apuntando el celular en la dirección precisa. Así que al tope de la imagen se recorta siempre un pedacito de refulgente cielo celeste. Límpido y amaicheño. El discurso con el que se incorporó a la Academia llevó por título “Viaje de medio siglo: desde la Bioquímica hasta la Biotecnología Microbiana”. Fue, claramente, un recorrido por esa vida científica que lo trajo desde Buenos Aires a Tucumán.

“Toda mi educación fue bancada por el Estado, así que tengo una deuda para siempre con la Nación, que es toda la población. Porque la Nación somos todos nosotros, no es un ente extraño”, sostiene Siñeriz, que es Doctor en Química por la UBA, ejerció la docencia en la UNT y asentó sus investigaciones en la Planta Piloto de Procesos Industriales Microbiológicos (el prestigioso Proimi).

- Justamente, durante el acto fue notable cómo impactó todo lo referido al Proimi...

- Sí, y ahora con el tema vacunas quizás se podría lograr que el Proimi tenga alguna participación. Sería muy lindo que eso pasara y sé que hay planes dando vuelta. El Proimi es algo único en el país, ha tratado con plataformas de insumos biológicos, así que tiene la capacidad para producir. Hay varias vacunas en desarrollo en Argentina y es posible escalar alguna de ellas en el instituto. No en el caso de la vacuna rusa, porque se hace sobre cultivos celulares animales, con los que el Proimi no tiene experiencia.

- ¿Qué opina de los movimientos antivacunas y todo lo que generan?

- Hay que vacunarse sí o sí. La inventó Jenner y se llama vacuna desde 1780-1800, gracias a ella se extirparon la viruela y un montón de enfermedades. Toda esta controversia es extraña, por supuesto que no hay datos a largo plazo porque la pandemia empezó hace un año y medio. Dentro de 20 años se estudiaría mejor que pasó, pero estaríamos todos muertos. La realidad es que con los datos que hay, y hechos en Argentina también, las vacunas salvan vidas. Además las desventajas no existen, porque sufrir un dolor de cabeza o estar cansado durante un día después de vacunarse no se compara con que te metan a un cajón, donde vas a descansar todo el tiempo. Ahí no te va a doler la cabeza ni vas a sentir nada. La verdad es que no entiendo qué puede pasar por la cabeza de alguien que no quiere vacunarse.

- ¿Cómo ubica a Tucumán en el mapa de la ciencia argentina?

- Muy bien. Evidentemente la mayor concentración de científicos está en el área metropolitana -Buenos Aires, La Plata, Córdoba-. Depende también del tipo de trabajo. Ya hablamos de la producción del Proimi, que es algo único; por otro lado en ciencias sociales estamos adelantados; hay cosas muy buenas en ciencias naturales y el estudio de los recursos naturales, en lo que Tucumán también es único; en geología... No se puede hacer una escala nacional porque los temas difieren, incluso aunque estén dentro de la misma disciplina. Los temas de investigación y de trabajo tienen que ser distintos.

- ¿Y entonces?

- No hay que tener miedo. A veces tenemos esos complejos de inferioridad que no corresponden. Siempre me peleé con gente que piensa que Buenos Aires es mejor... Ellos son mejores en algunas cosas, en otras una porquería (risas). Que los porteños se crean agrandados es un problema de ellos.

- ¿Qué le falta a la ciencia para seguir creciendo?

- Uno de los primeros ministros en la nueva India, después de independizarse de Inglaterra, decía: “somos demasiado pobres para no gastar en tener los mejores ingenieros y la mejor ciencia”. Entonces, si queremos salir hacia arriba tiene que ser por investigación y desarrollo. Lo que no puede pasar, porque esto lleva tiempo, son años en los que no haya financiación. Los fondos tienen que estar siempre porque es lo que se necesita para que aumente el conocimiento.

- Si tuviera la posibilidad de regresar a la década del 60, ¿elegiría ser científico otra vez?

- Nunca lo encaré de esa forma. Entré a la universidad muy chico porque mi padre me decía “estudiá y si terminás la carrera te llevo a España”. Bueno, después nunca me llevó (risas). Pero eso hizo que terminara rápido. Había tenido muy buenos profesores en el secundario, en especial de química y de matemáticas. La gente se enloquece con esas materias, pero los principios son lo más fácil que hay. Al entrar a la universidad sabía lo que no quería; directamente fui a averiguar en Agronomía, en Bioquímica y en Química.

- Los resultados quedaron a la vista...

- Mi papá era portero de un edificio. Me acuerdo que el hijo del dueño me dijo: “vos no tenés capacidad para entrar a Medicina, si sos el hijo del portero...” Había unos prejuicios bastante interesantes. Pero si yo no hubiera tenido la oportunidad de hacer la secundaria y la universidad en el sistema público no habría logrado lo que conseguí,

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