La interna oficialista: la meta es ganar; la unidad, lo secundario - LA GACETA Tucumán

La interna oficialista: la meta es ganar; la unidad, lo secundario

En Buenos Aires consideran que la prioridad es garantizar la gobernabilidad de Alberto y de Cristina y que en las provincias, el PJ debe dejar de lado sus diferencias internas para triunfar en las urnas.

10 Jun 2021 Por Marcelo Aguaysol
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Cosas del destino. El mismo día en que el binomio gubernamental debía estar festejando los dos años de la reelección, la realidad encuentra a Juan Manzur y a Osvaldo Jaldo tan distante como la cantidad de kilómetros que separan esta ciudad con Buenos Aires. La relación está rota y, por estas horas, resulta difícil pensar en un escenario nuevamente de concordia. Ni el gobernador ni el vicegobernador están dispuestos a ceder en la puja de poder que se desató mucho tiempo antes de 2023. Eso ha quedado más que claro en las redes sociales. Un aniversario de esta naturaleza no pasa desapercibido en el ambiente oficial, pero funcionarios, legisladores y dirigentes tragan saliva ante el desencuentro. El poder está ultrasensible.

En las redes sociales, Manzur “madrugó” a Jaldo al recordar de aquellos no tan viejos tiempos de mieleros. “Hace dos años el pueblo me confiaba en las urnas un nuevo mandato como gobernador, misión que asumí con mayor compromiso. Agradezco una vez más ese apoyo. Seguiremos redoblando esfuerzos, en este difícil contexto, para construir la provincia que soñamos. #PeronismoUnido”, escribió el jefe del Poder Ejecutivo en su cuenta oficial en Twitter.

“Hoy se cumple otro aniversario de las elecciones que permitieron al peronismo tucumano lograr una nueva victoria en la provincia. Caminamos pueblos, comunas y municipios escuchando a cada persona, con el compromiso de seguir acercando soluciones”, tuiteó, por su parte, el presidente de la Legislatura.

Manzur y Jaldo en algo coincidieron: ambos aparecieron solos en la foto que acompañó a sus tuits. El gobernador posteó la imagen cuando fue a votar en el Colegio El Salvador de Yerba Buena. El vice, con el cartel del boleto estudiantil gratuito para el interior.

Dos años después de aquel acontecimiento, en el que el Frente de Todos triunfó por el 50% de los votos por sobre Juntos por el Cambio y dos años y cuatro meses antes del recambio institucional, la palabra reelección sigue en la atmósfera oficial. Manzur sabe que para alcanzar esa meta necesita imperiosamente de una reforma constitucional. Jaldo, a su vez, cree que le ha llegado la hora de luchar por la gobernación y, por ende, no está dispuesto a darle a su compañero de fórmula la posibilidad de que introduzca cambios en la Carta Magna Provincial. Ese es el ojo de la tormenta justicialista.

Mientras sigue corriendo agua por debajo del puente peronista, el binomio afirma ante los micrófonos que están concentrados en sus gestiones, en lo institucional, en un escenario difícil por la pandemia de la Covid-19.

Cambio de roles

Este 2021 debe haber sido el primer año de los seis que lleva de mandato en el que Manzur no ha emprendido vuelos permanentes hacia otros destinos. Independientemente de la pandemia, el gobernador se ha dedicado a recorrer, de punta a punta, la provincia, para afianzar su imagen ante la dirigencia del interior. En toda la provincia, los manzuristas mandaron a pintar paredes y postes con una sola leyenda: “Manzur conducción”.

Jaldo, en tanto, se ha subido a un avión de línea, por segunda vez en el año, para viajar a Buenos Aires, con el fin de reunirse con el presidente del Instituto Patria, el senador Oscar Parrilli. De ese encuentro, que se desarrolló en la Cámara Alta durante una hora, el parlamentario le dejó en claro que la mejor estrategia electoral, política e institucional es fortalecer al Frente de Todos en todo el país. “Cuenten conmigo”, respondió Jaldo, que volverá la próxima semana a Buenos Aires. “Todos queremos garantizar la gobernabilidad de Alberto Fernández y de Cristina Kirchner”, indicó a LA GACETA el vicegobernador, al regresar a esta ciudad, luego de la reunión con Parrilli en la que también se analizó la situación sanitaria y económica de la provincia.

En esa cumbre ha quedado más que clara una consigna: obtener un triunfo importante en las elecciones parlamentarias del 14 de noviembre. En todos los distritos se cuecen habas. A la dirigencia nacional le inquieta tener tantos frentes internos abiertos en los cuatro puntos cardinales del país, lo que puede resultar una amenaza electoral, por la dispersión de votos que pudiera existir en caso de que se prioricen las cuestiones personales, más que las de la coalición gobernante. En el caso tucumano, la dirigencia nacional tiene en claro que, si no se logra la unidad de sus principales referentes, los caminos proselitistas pueden estar separados, pero imperiosamente deberán unirse en las urnas. Ganar es la consigna; la unidad de Manzur y Jaldo es secundaria.

¿Y el 9 de julio?

La línea directa del gobernador con la Casa Rosada sigue abierta. Según los manzuristas, los funcionarios de Alberto Fernández siguen de cerca los movimientos del vicegobernador. En la Casa de Gobierno señalan que la pelea entre el gobernador y su vice ha finalizado desde el momento en que, el mismo día que la Legislatura interpelaba al ministro de Educación Juan Pablo Lichtmajer, el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, revelaba en el Hipódromo que tanto Alberto como Cristina acompañan la gestión de Manzur.

La foto de la reconciliación parece no ser la prioridad para ninguno de los frentes internos, por más que se esté jugando tiempo de descuento con vistas al 205 aniversario de la Declaración de la Independencia, que tendrá a San Miguel de Tucumán como capital de la República, el próximo 9 de julio. Hubo intentos de referentes de ambos espacios en buscar la forma de que el gobernador y el presidente de la Cámara se sienten alrededor de una misma mesa para zanjar sus diferencias. No surtieron efecto.

Por estos días se baraja la posibilidad de que los actos centrales reediten el mismo escenario que se vivió el año pasado: de un Presidente encabezándolos por videoconferencia desde la Quinta de Olivos y la comitiva provincial presente en uno de los patios de la Casa Histórica. El protocolo de los actos patrios incomodaría al gobernador y al vice, pero no habría testigos nacionales de la fría relación que exterioriza el binomio gubernamental.

En el mundo justicialista, nada es imposible. En los próximos días se establecerá si es que el presidente de la Nación vendrá definitivamente a territorio tucumano, como dicta un decreto presidencial de 1991, o si -en definitiva- la virtualidad volverá a ser protagonista en tiempos de pandemia de la Covid-19.

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