El juego de los niños: un "escudo protector" de la salud mental - LA GACETA Tucumán

El juego de los niños: un "escudo protector" de la salud mental

Unicef advierte, sin embargo, que con la prolongación de la pandemia se percibe un agotamiento de esta "capacidad de adaptación”.

04 Jun 2021
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VOLVER A SALIR. Los niños juegan en una plaza de Banda del Río Salí. LA GACETA

La capacidad de jugar permite elaborar y simbolizar la pandemia, según un estudio sobre el efecto del coronavirus en la salud mental de niños, niñas, adolescentes, presentado esta semana por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef ) en Buenos Aires. No obstante, el equipo de investigación alertó que, en los últimos meses, con la prolongación de la situación, se empieza a percibir un creciente agotamiento de esta capacidad de adaptación.

La representante de Unicef Argentina, Luisa Brumana, abrió la jornada en la que participaron Sandra Tirado, secretaria del Ministerio de Salud de la Nación; Silvia Bentolila, integrante del equipo regional de respuesta frente a emergencias sanitarias de la Organización Mundial de la Salud, y Daniel Korinfield, psicoanalista especialista en salud mental comunitaria. Los especialistas señalaron que las niñas y los niños de entre tres y 12 años desplegaron una gran capacidad lúdica y creativa en el último año. "A través del juego, encontraron formas de expresión y de comunicación para hacer frente al confinamiento y el distanciamiento social de sus vínculos afectivos", dijeron.

"Pero a medida que la situación se extiende en el tiempo y se complejiza, con la aparición de nuevas cepas y el incremento de casos, necesitan nuevas herramientas para procesar todo lo que ocurre a su alrededor", añadió Olga Izasa, representante adjunta de Unicef en nuestro país. Según ella, el acompañamiento de padres, madres y personas adultas de referencia es fundamental para explicar, contener y ayudar a procesar la angustia y la incertidumbre.

La investigación también evidencia la necesidad de recuperar los espacios de intimidad que se pierden durante el confinamiento: la construcción de casitas o carpas de juego permite recuperar cierta autonomía dentro del hogar. En este contexto, el déficit habitacional cobra especial relevancia: en el 39% de los hogares relevados para el estudio, los niños no tenían lugar para jugar en sus casas. Y aunque si bien el juego funcionó como escudo protector de la salud mental, poco antes de cumplirse el primer año de pandemia en el país ya se empezaban observar signos de agotamiento.

Pero, ¿cuáles son esas señales? Se observaron estados de mayor irritabilidad, mal humor, enojo, fastidio e intolerancia. En algunos casos, se manifestaron cambios o trastornos en la alimentación y/o el sueño. El estudio de Unicef incluye recomendaciones para las familias. En primer lugar, sugiere escuchar las preocupaciones y malestares. Luego se menciona la importancia de respetar sus opiniones y emociones y favorecer su expresión. Y por último se habla de la generación de espacios lúdicos o artísticos de juego.




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