
“Si me preguntás a mí... yo quiero que vendamos 40.000, 50.000 bonos solidarios. Quiero que vendamos todo y más, cada año más, porque la ayuda que acercamos a la gente es impresionante”.
Hace dos meses que vienen organizando, faltan 17 días para el evento y José “Pepe” Ramón tiene el mismo entusiasmo que hace 20 años, cuando comenzó este sueño solidario que vio nacer y crecer a varias fundaciones benéficas tucumanas.
“Parece increíble que algo que comenzó como una ‘joda’ de amigos termine siendo esta cosa gigantesca de ayuda a la comunidad. Es indescriptible lo que se siente cuando logramos hacer una sala de un hospital, levantar una sede para una fundación, comprar equipamiento para los tratamientos de los chicos con autismo...”, dice “Pepe”, en una pausa de un día que comenzó a las 6 de la mañana y en el que se ha dedicado más a la organización del Ramonazo que al trabajo de oficina en su empresa.
Desde marzo está abocado principalmente a golpear puertas y a hacer llamados. “Mangueando”, dice él, disculpándose por lo coloquial y directo, pero auténtico, de su lenguaje. “Mangueando a proveedores, a clientes y a amigos. Es mucha la plata que necesitamos para organizar el Ramonazo, pero la multiplicamos y los beneficios son muchísimos más”, describe.
Al igual que el año pasado, pandemia mediante, el encuentro no será una mega reunión de amigos como en sus inicios, sino que será un show televisivo en vivo de ocho horas de duración. Será el 20 de junio, de 14 a 22, en la pantalla de Canal 10. Durante esa maratón televisiva, desfilarán más de 20 artistas y bandas locales, de todos los géneros imaginables: folclore, rock, jazz y tango, entre otros.
Durante el programa, además, se sortearán premios de distinta envergadura. Los más apetecibles son un auto 0 km y cuatro motos.
“Suena mucho y exagerado, pero la realidad es que los empresarios se suman y quieren participar con su aporte. Por su puesto que nosotros también tenemos que poner plata, porque organizarlo tiene un presupuesto de más de $ 2 millones. Pero con la venta de los bonos se recupera y se genera ganancia que va a parar a las instituciones. Esperamos juntar $ 12 millones este año, ojalá sean más”, explicó.
De la “joda” a la ayuda
El “Ramonazo” tuvo su primera edición a fines de los 90, como una reunión de 15 amigos que se juntaban a celebrar el cumpleaños de “Pepe”. Al año siguiente los amigos llegaron con más amigos y al año siguiente, ya se contaban de a cientos. “Creo que el éxito de esas primeras convocatorias es que la consignas eran claras: en el Ramonazo no se hablaba ni de política ni de religión ni de trabajo. Reglas de oro. Era una tarde de desconexión para disfrutar entre amigos y para escuchar a los artistas que tocaban, siempre de onda, con el fin de divertirnos”, relata Ramón.
De él fue la idea de convertirlo en un evento con tintes solidarios. Mario Albarracín, publicista y diseñador gráfico, ya venía haciendo remeras para “uniformar” a los invitados. José Alarcón, reconocido sonidista tucumano, era el responsable de montar los sistemas de sonido, con alta calidad. “Yo pensé que si tanta pila le poníamos a una joda, podríamos hacer lo mismo pero con un fin mejor, entonces desde los primeros años comenzamos a juntar donaciones para llevar a la gente de alta montaña y a algunas instituciones”, contó Ramón.
Con los años, la casa del cumpleañero quedó chica y los eventos comenzaron a hacerse en predios al aire libre, en carpas gigantes. “Llegamos a ser más de 1.700 personas; dejó de ser un evento mío para convertirse cada vez más en un evento solidario. Hasta que fue 100% eso: juntarnos a pasar una buena tarde con música y asado, pero principalmente para colaborar”, continuó Ramón.
La visión fue clara: organizar LA (con mayúsculas) fiesta solidaria de Tucumán. “Las instituciones que ayudamos no tienen los recursos para hacer eventos de este tipo. Hacen cosas más chicas, cada una por su lado, pero nunca hubo algo que las aglutinara”, destacó el organizador.
El nombre
Desde hace algunos años, “Pepe” plantea cambiar el nombre del evento. No quiere ser el protagonista. Pero el resto del equipo organizador, unos 15 amigos en total, no comparten esa mirada. “Colaboramos todos, todos aportamos, pero el gran impulsor de esto y el que más se mueve es “Pepe”, destacó Mario Albarracín, el responsable de la imagen y de la difusión del evento que hoy cuenta hasta con página web (ramonazo.com.ar) para comprar los bonos, que cuestan $ 300.
Desde el diseño de las remeras hasta los individuales para poner debajo de los platos de locro, toda la imagen, que a su vez le dio cierta “institucionalidad” al evento, fueron a critero de Albarracín. “Cada año eran más artistas, más músicos, más gente queriendo ir y nosotros felices. Comenzamos a cobrar entradas para donar el 100% a las fundaciones. Para nosotros es una obligación anual, que lo hacemos con muchísimo cariño”, destacó.
“No era machirulez”
Además de las consignas prohibidas, al Ramonazo se lo criticó por ser exclusivo para hombres. Ni entre los invitados ni en el escenario tenían cabida las mujeres. “No era machirulez -sostiene Lucho Hoyos, el responsable artístico del evento- sino que comenzó como una reunión de amigos, como un asado de varones, y cuando se convirtió en multitudinario continuó por ese lado. Creíamos que no era un ambiente cómodo para una mujer un lugar con 1.700 varones, todos tomados”, dice el músico.
La pandemia los empujó a una lección que ya se venía escribiendo en los pizarrones del Ramonazo: al no tener posibilidad de hacerlo en salones ni con público, a “Pepe” se le ocurrió hacer un show de TV, donde, ahí sí, tuvieron cabida las mujeres. “Y es un punto de no retorno, absolutamente. Ya no hay vuelta atrás en eso. No hay motivos para que las mujeres no participen y no hagan su aporte”, asegura Hoyos.
Para ellos, sostiene, ha sido uno de los grandes aprendizajes de los tantos que se cruzaron en este camino de 20 años. “Los tiempos han cambiado, nosotros también. Estamos cada vez mejor, porque el evento dejó de ser sólo una fiesta para convertirse en algo con mucho más contenido y profundidad”, finalizó.







