Agustín "Ayo" Delacroix: "hay un universo enorme que nos tenemos que animar a explorar" - LA GACETA Tucumán

Agustín "Ayo" Delacroix: "hay un universo enorme que nos tenemos que animar a explorar"

El empresario gastronómico afirma que hay que desarrollar más en Tucumán un estilo de alimentación más saludable, incorporar a la dieta distintos productos naturales que estaban relegados. El valor de los afectos y la dura experiencia de haber estado internado con coronavirus. Una batalla de la que salió “debilitado, rasguñado, pero en pie”.

02 Jun 2021 Por Camila Carceller
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Es amante de la literatura, empresario, emprendedor gastronómico y fanático del golf. Hace más de nueve años que aporta diferentes propuestas con el objetivo de crear experiencias sensoriales que trasladen mentalmente a sus clientes. Confiesa que cada bar que abrió lo hizo con la idea de compartir con amigos y esa es la clave de su éxito. Hablamos de Agustín “Ayo” Delacroix, quien atravesó una complicada experiencia con la covid-19 y logró salir adelante.

La faceta emprendedora

- ¿Por qué decidiste comenzar a emprender?

Lo primero que me llevó a hacerlo fue una cuestión casi lúdica: tratar de hacer algo que yo quería que estuviera en Tucumán y que no estaba. En vez de quedarnos a esperar, con mis socios decidimos crearlo nosotros y así surgió nuestro primer proyecto. Era algo chiquito, a puertas cerradas, dedicado a los amigos, tipo bodegón; la armamos en un taller de camiones y se llamó “Cayetano”. Ese después desencadenó en otros y otros.

- Muchos emprendedores comienzan sus proyectos por la necesidad de conseguir algo que en Tucumán no encuentran. ¿No?

En mi caso, es un motor. No me gusta quedarme esperando que alguien haga algo que me gustaría que existiese. Me motiva ese desafío de tratar de hacerlo. Puede ser que exista en algún otro lado o que nos surja en la cabeza, lo creemos nosotros y veamos qué pasa.

- ¿Qué no puede faltar en uno de tus restaurantes?

No puede faltar lo simple. En materia gastronómica, hubo una época en la que se asociaba la megaproducción y un estilismo extremo con bueno. Me parece que se revirtió toda esa etapa y hoy apostamos a lo simple, a productos básicos, buenos y con una elaboración lo más simple posible. Me parece que hay que desarrollar muchísimo más en Tucumán un estilo de alimentación más saludable, incorporar a nuestra dieta distintos productos naturales que teníamos muy relegados. Creo que hay un universo enorme que nos tenemos que animar a explorar.

- ¿Cómo es emprender en Tucumán?

Es difícil, da miedo, pero también es muy gratificante. Ver que un producto que tenías en la cabeza, lo lográs plasmar y que a la gente le gusta y te apoya, es fantástico. Claro que esta situación actual que vivimos es un tremendo vendaval en contra, pero está también el desafío de encontrarle la vuelta, de saber adaptarse y de no parar, para poder salir adelante.

Amigos e infancia

- ¿Qué extrañás del Tucumán de cuando eras chico?

Extraño esa tranquilidad de vivir sin peligros, mucho más en contacto con la naturaleza, mucho más silencioso. Era un ámbito donde realmente me sentía seguro, donde te daban ganas de salir a jugar todo el tiempo, pero las ciudades “malcrecieron” y eso cambió.

- ¿Qué significan los amigos en tu vida?

Mis amigos son mi familia más extensa, nada más. Creo que los tengo porque me entrego entero, primero los quiero yo a ellos y después ellos me terminan queriendo. Esa es la ecuación.

Renacer: la experiencia con la covid-19

- ¿Qué significa el 24 de marzo de 2021 en tu vida?

Fue un día muy movilizante para mí. Además de ser el día de mi cumpleaños número 41, fecha que siempre me gusta festejar desde que tengo conocimiento. Este año me tocó arrancar el día internado después de una larga batalla que le di a la covid y que, por suerte, salí triunfante. Debilitado, rasguñado, pero en pie. Ese día, sin pensarlo, no estaba previsto que me dieran el alta y una de las médicas (no sé si se apiadó o realmente me vio mucho mejor) me dijo que me vaya y comparta con mi familia mi cumpleaños en casa. Salir de la clínica ese día, después de un proceso tan revolucionante, fue una alegría gigante.

- Fuiste compañero de habitación de Adrián Lugones, un ex compañero del diario muy querido, que lamentablemente falleció por la enfermedad. ¿Qué te acordás de esos días?

Llegamos la misma noche con Adrián. Estábamos realmente muy aterrados. La incertidumbre es lo que te genera mucho temor. La primera noche fue muy callada, pero al otro día dijimos que íbamos a pechar esto juntos, hay un montón de gente que está cavando del otro lado, empecemos a cavar desde acá y vamos a llegar antes al encuentro. Me aboqué mucho más a ayudarlo a él que a pensar en lo que me estaba pasando a mí y creo que él hizo lo mismo. Fue una convivencia de trinchera literal. Comenzamos a rezar los dos y nos empezamos a sentir mejor los dos.

Él me dijo que en la otra habitación había un amigo de él, también luchándola, y me pidió que le tiremos buena energía también para pelearla los tres juntos.

- ¿Cómo fue enterarse de que ese amigo que te ayudó a juntar fuerzas no iba a volver?

Fue muy duro. No pasó un día de mi internación y de mi alta sin que yo les preguntara a los médicos por Adrián. Estaba muy al tanto de lo que era su evolución. Un día me desperté muy tempranito, abrí Twitter y me di con la foto de él. Todos los medios y periodistas del NOA tuvieron algún comentario para con Adrián. Fue muy difícil desmantelar todas las imágenes que yo había proyectado para el día que nos reencontrásemos.

- ¿Qué cambió en vos esta experiencia?

Fue un caer en cuenta de la presencia y del poder de la mente, tanto para bien como para mal y cómo uno se tiene que esforzar para dominarla. Descubrí la presencia del otro y a través de ello, la presencia de Dios mismo, de la oración. Algo que quizá ya conocía, pero lo reafirmé.

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