
Cuando las generaciones futuras se dediquen al estudio de la era Covid, seguramente llegarán a la conclusión de que los cambios radicalizados, fueron moneda corriente en la sociedad a partir del 2020. Todo cambio genera incertidumbres, temores y falta de certezas; imagínense un fenómeno que genere desestructuraciones en el plano económico, social, político y educativo. En la actualidad, la palabra “esencial”, está presente en el imaginario colectivo; con esta definición hacemos referencia a aquellos profesionales que cumplen un rol trascendental en este presente tan tumultuoso. Haciendo mención a los docentes, muchas veces desvalorizados y menospreciados, se han enfrentado a uno de los desafíos más grande en años. La pandemia ha logrado lo que ninguna reforma educativa logró: un cambio estructural acelerado. Mutar desde la presencialidad a la educación en línea, significó el abandono de la zona de confort de muchos docentes, y con ello, la oportunidad de reinventarse y “amigarse” con las herramientas tecnológicas. Son demasiadas las adversidades por las que pasan los profesionales de la educación a causa de esta reconversión forzada. Desde la compra de insumos tecnológicos para poder trabajar (ya sea notebooks o celulares), hasta la falta de un espacio con la privacidad adecuada para impartir las clases. Es común en la naturaleza humana que no se valore algo hasta que se pierde. Esto mismo se puede trasladar como un ejemplo que denota la esencialidad del personal docente. Son ellos los que pueden facilitar la apropiación de conocimientos complejos fundamentales en los estudiantes; son ellos quienes se encargan del cuidado de los jóvenes, que cada vez se encuentran más autónomos debido a la inserción contemporánea de la mujer en el mercado laboral; y fundamentalmente, son ellos los encargados de supervisar y regular las reglas de convivencia que hacen posible el tan necesario proceso de socialización en niños y jóvenes. Si establecemos un paralelismo entre la medicina y la educación, la primera tuvo la certeza de que se enfrentaba a un fenómeno de raíz viral, mientras que en la educación, un gran número de docentes, al cerrarse las aulas, se enfrentaron ante algo que muchos desconocían; y aunque no haya conocimiento docente que alcance a resolver los problemas cotidianos que se dan de manera renovada, ellos seguirán brindando lo mejor de sí para lograr la formación de ciudadanos íntegros para una mejor sociedad, siendo esto un hecho esencial, hoy y siempre.
Pablo Courtade
Ricardo Rojas 1.836
Concepción







