

Alejandro Mastesich
Psicólogo
Actualmente, debido a los tiempos difíciles que estamos atravesando, todos en alguna medida nos hemos visto/encontrado con que nuestros quehaceres diarios, nuestra manera de operar, las cosas que hacíamos y como las hacíamos, se han visto modificadas y/o alteradas.
Se escucha seguido a nivel social y en los espacios clínicos más aun, como toda esta crisis pandémica ha llevado a muchos a sentir “una falta de motivación” para con las cosas que ahora nos toca hacer: conectarnos a una pantalla para trabajar, entrar a una clase virtual de estudio, hacer actividad física por si solos para no concurrir a espacios de aglomeración, etc. Hasta la utilización del tiempo libre puede haberse modificado en parte; cosas que hacíamos, dejamos de hacer. Se escucha seguido entonces como a veces dormir de más se ha vuelto habitual, pasar más tiempo viendo series o programas, hacer cosas de menor importancia para “pasar el tiempo”, etc.
Una queja generalizada, que nos impide ver más allá de…, por fuera o desde otra posición desde la cual acostumbrábamos. Tiempo y soledad, dos variables con las que quizás, no estábamos familiarizados.
Vivimos en un mundo, en donde rigen imperativos (de mercado, de producción), en donde el ideal de ejecución se impone: “hay que hacer algo”; es decir, el movimiento físico como sinónimo de producir, lo que muchas veces sabemos no es tal, a veces hacemos cosas que hasta ni sabemos porque las hacemos, simplemente nos encontramos ejecutándolas, las compras son un claro ejemplo. Una acción panificada no es lo mismo que un impulso desregulado.
La situación global actual, ha llevado a una ruptura, un quiebre de esa dinámica, ya que los ritmos de vida se han visto modificados; el afuera, ya no es el afuera que conocemos. Resulta difícil entonces, vernos de otra manera. “Cambio el mundo” y nosotros también en alguna medida.
Estamos ante una crisis mundial: sanitaria, económica, social. Y en toda crisis hay oportunidades, la noción de crisis no es negativa per se, será positiva o negativa de acuerdo a como la atravesemos. Entonces, ¿cómo pensar la nada de este tiempo.?
Desde el psicoanálisis, si consideramos esta “falta de motivación” o esta “nada” que se escucha en el discurso social, al darle un estatus de síntoma o malestar comunitario, sabemos que, en lo latente, podrían estar operando diversos factores. Pensar en “algo” concreto para suplir esta nada, podría no ser la contrapartida necesaria.
“La nada", no es ausencia de algo. Puede ser incluso la presencia de todo. Aun cuándo nada es nada, (lo poco que hacemos en nuestro tiempo), ya es algo; ausencia de otra cosa. La característica de un significante es nombrar la ausencia, lo que falta.
Muchas personas creen pasar tiempo hacienda nada, pero en realidad ese tiempo puede estar siendo ocupado o: para evadir pensar y pensarme, porque hay resistencias, bloqueos y negaciones, (entonces hay algo ahí) … escucho música, veo Netflix y uso el celular, “paso el tiempo”; o para uno cuestionarse y pensar psíquicamente. Dar vueltas sobre algunas ideas, sobre interrogantes, sobre los sueños "que venimos teniendo", las dificultades para dormir, sobre lo que nos angustia, sobre síntomas y malestares físicos, sobre lo que nos frustra, etc.
Esta última posición muchas veces puede ser vista también cómo estar haciendo nada; por qué aquí se pone el cuerpo de otra manera, no para la ejecución de actos, sino para registrar lo que acontece en el mismo. Acostumbramos a mirar afuera cuando pensamos en los que nos involucra hacer. ¿Y si este es un tiempo, en donde “el adentro” sea el lugar que nos involucre estar?.
Para que algo emerja en el hacer conductual (acciones, decisiones, proyectos, movimientos personales), primero, en alguna medida, algo debemos atravesar desde el hacer psíquico: pensarnos, darle cuerpo (simbólico) a aquello que nos pasa.
Resulta difícil entonces, ver en "la nada", la oportunidad de algo, de un hacer psíquico. Porque pensarnos resulta difícil, porque vivimos en un mundo que exige acción, donde parar, pausar, darle tiempo y lugar a los que nos pasa, parece ser no productivo. Y también, porque hay resistencias y bloqueos, propias del psiquismo, y hacer algo a veces, incluso lo que sea, parece tener mayor sentido que pensar lo que realmente nos interpela.
Las oportunidades de la época están, poder pensarnos y vernos de una manera diferente a como habituábamos y desde allí, encontrarnos con otras posibilidades, nuevas, diferentes y quizá hasta superadoras de aquellas que teníamos.






