Juguetes ecológicos: podemos jugar sin contaminar

El consumo excesivo de juguetes entre los niños también repercute en el planeta. Tendencias lúdicas con conciencia ambiental y dos emprendimientos infantiles con una visión sustentable y educativa.

AYAYA. Los juegos ecológicos (de madera) también se complementan con pedagogías de enseñanza alternativa como el método Montessori. ARCHIVO LA GACETA AYAYA. Los juegos ecológicos (de madera) también se complementan con pedagogías de enseñanza alternativa como el método Montessori. ARCHIVO LA GACETA
Por Guadalupe Norte 27 Mayo 2021

Dos, cuatro, seis juguetes tirados en el living y otra decena desperdigados por la casa. Con la intención de alcanzar prácticas de consumo conscientes ¿alguna vez chequeamos la cantidad de plásticos que hay en la habitación de nuestros hijos?

“Con los daños que sufre el planeta, la infancia y los hábitos que le inculcamos a los más pequeños deben ser repensados desde perspectivas ambientalistas. Al arrancar su niñez, convertimos a los chicos en acumuladores, ellos nos piden constantemente juguetes y nosotros se los damos sin pensar en la huella ecológica que dejamos detrás. Según las estadísticas, cerca del 90 % de los juguetes que se producen son de plástico y de ellos el 80 % termina en vertederos, incineradores o en los océanos”, explica la psicóloga Elena Conti.

Juguetes ecológicos: podemos jugar sin contaminar

El problema central con estos desechos es su lenta degradación: al estar fabricados con derivados del petróleo o PVC, un juguete puede tardar 600 años en descomponerse. Sin ir más lejos, un solo ladrillo Lego tarda entre 100 y 1.300 años en desaparecer del mar.

“Por eso es importante mostrarle a los niños un camino alternativo en el cual pueden divertirse mientras van en sintonía con la naturaleza. A través de actividades lúdicas ellos pueden aprender sobre ecología sin sentir sus esfuerzos como una obligación externa e imposición pasajera”, agrega.

Según Conti, el auge de la maternidad, lactancia y crianza respetuosa han contribuido mucho a esta visión familiar. Y, en el ámbito recreativo, el resultado es una mayor predisposición a los juguetes eco-friendly.

Juguetes ecológicos: podemos jugar sin contaminar

“Desde hace tres años, las opciones ecológicos fueron captando a una parte de las familias tucumanas, pero aún queda bastante por trabajar. Sobre todo porque los niños son atraídos por las publicidades y las grandes franquicias sin que haya mensajes locales igual de fuertes que contrarresten a los personajes de moda. Por otra parte, usar materiales reciclados es costoso así que por ahora hay pocas marcas masivas que elaboren complemente sus juguetes bajo estándares de sustentabilidad”, comenta Florencia Zavalia, dueña de una juguetería.

Sin embargo, entre los productos que asoman en los estantes, ya hay etiquetas con sellos verdes. “Lo más vendido son sets de encastres y rompecabezas con tintes vegetales o minerales (para evitar los colorantes artificiales y barnices químicos). También salen bastante los útiles escolares hechos con aceite de coco y cera de abeja y los juegos de construcción en los cuales se arman vehículos, animales o dinosaurios utilizando piezas de bioplástico o cartón reciclado”, detalla.

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Mini mercados de tela

El recurso más sencillo para desligarnos de los juguetes plásticos es optar la tela o crochet. “Es impactante que los niños de esta época deban emitir ocho veces menos CO2 que sus abuelos para evitar que el calentamiento global ascienda. A partir del ingenio, cualquier juego tradicional puede fabricarse con materiales menos contaminantes para el entorno. La mayor parte de los productos didácticos que compramos para niños menores de 10 años contienen ftalatos y es complicado rastrear las medidas de bioseguridad de sus fabricantes”, detalla María Ana Zamorano, dueña de Suavecito: un emprendimiento de juguetes cosidos a mano.

Con una gran destreza para el tejido, sus creaciones van desde mordillos, cubos sensoriales y sonajeros (de hilo de algodón) hasta una selección completa de productos de supermercado. “Este año los alimentos, verduras y frutas hechas de polar o telas estampadas son la sensación para jugar a ser pequeños chefs, reposteros o comerciantes. Lo bueno es que estas piezas aparecen con textiles biodegradables o luego pueden desmontarse y transformarse en nuevos objetos dentro de la economía circular”, agrega la profesora de Artes Plásticas.

Entre los juguetes que ofrece a las familias hay ingredientes para cualquier menú. La despensa trae pizzas, papas fritas y hamburguesas mullidas con vellón, panificados, cortes de carne (hay chorizos o patas muslo con semillas de lino en su interior) y dulces realistas.

Juguetes ecológicos: podemos jugar sin contaminar

De madera

Ayaya. Crecer jugando es un emprendimiento familiar que -desde hace 16 años- se dedica a crear objetos y juguetes didácticos en MDF o madera. En este mundo creativo los chicos pueden elegir entre 600 opciones lúdicas para incentivar su imaginación. Animales, hamacas, rodarines, motos retros, instrumentos musicales… todo es posible con una peladora, taladro y amoladora.

“En Tucumán hay un crecimiento en la cantidad de familias que buscan métodos de crianza diferentes que rompan con lo tradicional, por ejemplo con productos de pedagogías alternativas como Waldorf, Pikler o Montessori. En Europa estas visiones son más frecuentes y comerciales, pero acá recién está avanzando”, afirma la emprendedora Flavia Vergara Trejo.

Con este concepto de juego simbólico en mente, Ayaya apunta a que los juguetes no solo entretengan sino que colaboren al desarrollo cognitivo de los pequeños. Y de paso, los aproxime a la movida eco.

Juguetes ecológicos: podemos jugar sin contaminar

Aunque los juguetes de plástico sean la opción más económica por su industrialización, para Flavia el trabajo manual es inigualable. “La madera es un material biodegradable súper noble. Además, los niños sienten otra cosa al tocarla. En comparación al plástico, la textura es diferente y su color natural transmite sensaciones por sí mismo. Los juguetes de madera permiten ir más allá con la imaginación y desarrollar la inventiva porque no existe una sobreestimación de luces o sonidos. Los objetos no hacen las cosas por ellos, sino que hay que manipularlos para generar el juego”, explica.

Junto a su mamá (Claudia Trejo) y hermana (Soledad Vergara Trejo), ellas realizan desde cero escenas de granjas tridimensionales, carritos caminadores, memotest con tapitas y figuras de animales que se enhebran con cordones. El proceso incluye cortar las placas de madera, lijarlas, curarlas y pintar los juguetes con acrílicos y barnices al agua para evitar los componentes sintéticos.

A cambio el resultado son juegos el doble de duraderos y que incentivan la motricidad y autonomía.

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