Las lágrimas de Alicia Castillo, coordinadora de la Terapia Intensiva de la Torre Covid del Centro de Salud son el fiel reflejo de lo que, día tras día y desde hace más de un año, padece el personal de la salud: la angustia, la incertidumbre, el deseo de que todo pase rápido y que, definitivamente, se encuentre una salida a esta pandemia. En ciertos casos, denota también la impotencia por la rápida evolución de un virus que tiene al mundo en vilo.
Las lágrimas de Alicia también exteriorizan las sensaciones de los familiares de aquellos que se contagiaron; de los que lograron recuperarse y de los que quedaron en el camino de una batalla no querida. De cadena de oraciones de amigos y familiares para que todo esto pase pronto, muy pronto.
Las lágrimas de Alicia también representan las penurias de aquellos sectores que necesitan subsistir después de un año y dos meses de pesadilla. Los comerciantes, los empresarios, los trabajadores y los proveedores. Toda una cadena de comercialización que no sabe qué es ese viejo largo plazo que diseñaban para vencer todos los obstáculos.
La Argentina, en general, y Tucumán, en particular, no encuentran respuestas a semejante escenario de crisis. El costo fiscal de la segunda ola tiene la incertidumbre propia de la del virus, ha definido recientemente el economista y director del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) Nadin Argañaraz. El otro costo, el de las vidas que quedan en el camino como consecuencia de la pandemia, no tiene cobertura ni resignación. Y aquí radica el esfuerzo colectivo.
“Toda esta situación se profundiza, se agrava día a día y experimentamos que no tenemos un proyecto claro, coherente y que incluya todas las realidades de los argentinos, ni una meta que nos aliente a seguir caminando juntos”, definió ayer el Arzobispo de Tucumán, monseñor Carlos Sánchez, durante la Homilía por la conmemoración de la Revolución de Mayo.
La definición es una clara alusión a lo que nos pasa, al desencuentro permanente, a la reapertura de grietas, a la falta de diálogo y de interconsultas, a la política del “sálvese quién pueda y como pueda”. Se trata de una sucesión de hechos políticos desafortunados que deben frenarse y, de hecho, por imperio de una realidad cada vez más aguda, se redujeron los decibeles de la discusión política por espacios de poder.
Hacen falta gestos. Y, si son sinceros, mucho mejor. El Gobierno ha adherido a un confinamiento de nueve días que puede llegar a extenderse en caso de que no se detenga la curva de contagios. Pero, al anunciar esa medida, de madrugada y sin que nadie en el gabinete explicara los alcances para tranquilizar los ánimos sociales, no ha recibido el acompañamiento de una franja de la población que aún resiste una norma de orden público. ¿La razón? La falta de prédica con el ejemplo. En los días previos se observaron reuniones políticas e institucionales masivas. De allí los cuestionamientos. Pero hay culpas compartidas. Mientras el Sistema Provincial de Salud redobla los esfuerzos para enfrentar esta segunda ola, no se ha visto, por ejemplo, que los sectores que conforman la oposición política hayan puesto a disposición sus “equipos técnicos de salud”, esos mismos que se mencionan en los meses previos a una elección general. Es verdad, el oficialismo hace mérito para llevarse todas las críticas, pero no se trata tan sólo de eso cuando en el medio está en juego la salud de un millón y medio de habitantes de esta bendita tierra. No sirven las excusas de que “para eso los han elegido” o “es la responsabilidad primera de quien gobierna atender las necesidades”. Es real, como también las iniciativas solidarias para mejorar o perfeccionar los programas de gobierno si están errados o no están focalizados.
Las encuestas que han encargado distintos espacios políticos son una muestra de que hay un fenómeno que está resurgiendo, independientemente del acompañamiento a tal o cual figura política: el desencanto. El fantasma del “30%” sigue aterrando a los políticos. A todos; oficialistas y opositores. La prioridad de las internas en las coaliciones, no forma parte de la agenda cotidiana de los tucumanos.
La sociedad reclama que el Estado y la política se focalicen en atender la pandemia. Según los especialistas, si en las próximas dos semanas la Argentina logra vacunar al 25% de su población con una dosis y al 10% de sus habitantes con las dos inyecciones, la cantidad de contagios de Covid-19, podría bajar en esta segunda ola. Los expertos han tomado como referencia lo que sucedió en algunos países europeos para realizar esta estimación. El Gobierno nacional ha recibido ese diagnóstico y, por esa razón, aceleró las gestiones para la llegada de 843.600 dosis de AstraZeneca (vía Covax) y 609.965 vacunas del componente 1 de la rusa Sputnik V. Tucumán está esperanzado en que las negociaciones con México, por la AstraZeneca, pueda implicar la apertura de ese mercado a la compra directa de dosis para la provincia.
Una aceleración en el plan de vacunación masiva redundará en una reapertura mayor de las actividades económicas y, consecuentemente, un repunte en el consumo, producto de las medidas que se adoptaron para ponerle más plata en el bolsillo a los asalariados y a los beneficiarios de planes sociales. En el medio de este escenario, el Gobierno provincial deberá hacer un esfuerzo adicional para pacificar la situación por la que atraviesan los comerciantes en particular. Una probabilidad más cercana es un plan de facilidades extraordinario de pago de impuestos provinciales. Es una de las medidas que hoy se analizan.








