En los últimos 15 años se molió más caña y se alargaron los días de cosecha, pero no hubo la misma correlación con el total de azúcar producida y la calidad del cañaveral. Así lo aseguró a LA GACETA el ingeniero agrónomo Franco Augusto Fogliata, quien volcó en un estudio con cifras oficiales lo que pasó con las zafras azucareras desde 2005/2006 hasta la de 2020/2021, “porque nadie dijo nada en los últimos años”, aseguró.
El especialista en azúcar, arrancó ponderando a los años 2005/2006, ya que -confirmó- “fueron por lejos, los mejores en cuanto a la producción y a la calidad del cañaveral”. “Por ejemplo, los valores promedios de ambos años tuvieron un rendimiento fabril de 11,14%, además de 63,12 toneladas/caña/hectárea, y 7.034 kg/azúcar/ha. Ese es el verdadero potencial productivo de Tucumán en años climáticos normales ayudados por la tecnología disponible y variedades actuales. Pero los presentes números dicen otra cosa. El promedio 2007-20, apenas llegó a 5.243 kg/azúcar/ha”, explicó.
“A partir de aquellos años, empezó un sostenido declive a nivel provincial, hasta el día de hoy”. “Un dato clave para comprender mejor: en 2020 se produjo menos azúcar/año que en 2006, con más caña molida y una superficie cultivada mucho mayor. En las estadísticas surge con claridad que el aumento del área cosechable, junto al tonelaje molido (crecimiento horizontal de la producción) estaba en discordancia con los rindes obtenidos en toneladas/caña/ha y las toneladas/azúcar/ha, contradiciendo un sano principio de la economía agrícola, cuando dice que lo importante son los crecimientos del tipo vertical; es decir altos rindes por hectárea pues así mejora la rentabilidad del campo”, explicó.
“Esto no es una novedad pero cobra más relevancia con el sistema de pago por maquila, pues más azúcar/ha serán más bolsas a coparticipar para el productor y viceversa”, detalló.
Bajos rindes
“Cualquier especialista conoce esto. Si no se cuida ese aspecto, ocurre lo que pasó en 2019/2020: un elevado porcentaje de cañaverales con bajos rindes en la provincia que, según la Estación Experimental superaban el 50% del total (52,6%). Son cañaverales con menos de 56/t/h de rindes”.
“En este escenario, considerando que hubo altos costos de plantación, de cultivo y de cosecha, muchos cañeros tuvieron graves problemas financieros. Un estudio de la Estación Experimental de febrero/2020 reveló que en 2016/17/18 el margen bruto no alcanzaba para cubrir gastos elementales para renovar y cultivar adecuadamente el cañaveral, y que sólo logró una recuperación con los precios del azúcar en 2020”. (ver gráfico del licenciado Máximo Bulacio, del CACTU)
Ahondando en las cifras comparativas, Fogliata subrayó que trabajó con promedios provinciales, es decir el conjunto total y no de una zona o finca, siguiendo la línea de los llamados “azúcares equivalentes producidos” (o azúcar total). Precisó que esos números de las planillas oficiales indican:
1) La superficie cosechable registrada (según la Estación Experimental) en 2005/2006 era de 198.195 ha, y en 2020 llegaron a 276.880 ha (+ 39,8%).
2) La caña “bruta” molida alcanzó las 12.526.644 toneladas versus las 15.734.210 toneladas en 2020 (+ 25,6%).
3) El azúcar producido en el promedio de aquellos años fue de 1.396.239 toneladas versus los actuales 1.404.005 toneladas (+ 1%). Pero si se comparan sólo dos años, el 2006 y 2020, en el primero se produjo más azúcar con 1.525.190 toneladas. El ingeniero Fogliata en este punto remarca como dato adicional o curioso, que se comprueba que en las últimas cinco zafras (2016-2020), el azúcar total producido fue casi igual al de la zafra/2005-2006: 1.396.239 toneladas versus 1.347.348 toneladas (- 3,5% ahora).
4) Los rendimientos fabriles bajaron desde el 11,14% en la zafra 2005/2006, a los 9,78% neto y 8,22% en “bruto” para 2020.
5) En cuanto a los rindes de toneladas/caña/ha, fueron 63,12 toneladas contra las 56,82 toneladas actuales si es con caña “bruta” y 51,83 toneladas si es con caña “neta”. Pero siempre los valores son bajos.
6) Respecto de la relación con los kg/azúcar/ha (verdadero parámetro de calidad, afirma Fogliata) resultaron también abajo en el comparativo: 7.034 kg en 2005/2006 versus los 5.070 kg en 2020, referidos a los “azúcares equivalentes producidos” (o azúcares totales). Son demasiadas diferencias, resaltó el especialista.
7) El experto subraya también los últimos rendimientos fabriles netos. Dice que es llamativo que entre 2014/2016 la media fuese de 10,50% pero abruptamente entre 2017 y 2020 el registro es de 9.44%. En esos años nunca se llegó a 10%. Y apuntó que hace 50 años el rendimiento fabril de referencia era 9,20% (aceptado por todos) y servía para calcular el “factor k”. Y marca que la diferencia en medio siglo solo fue de 0.24%.
8) El ítem que volvió a la normalidad es el referido a la molienda de “materias extrañas” o “trash”, que acompaña a la caña cosechada mecánicamente. En 2020 fue de 8.78% (cifra normal), que contrasta con lo ocurrido en 2019 cuando los partes al 30 noviembre llegaron al 24.12% sin ninguna explicación, cuando la media era 9.05%.
“En síntesis, en el período de los últimos 15 años, no se avanzó como debería haber sido, tanto en tonelada/caña/ha como en tonelada/azúcar/ha. Todo a nivel provincial”, aseguró el ex ministro de la Producción provincial.
“Al parecer existe una correlación directa con el aumento del área cañera (casi 79.000 ha), lo cual está en concordancia con la disminución del área sembrada con soja -según la Estación Experimental en 2010 había 254.530 ha y en 2019 eran 172.300 ha (- 82.230 ha). De acuerdo con el mapa satelital de la Estación Experimental, la ampliación del área cañera fue hacia el Este de la Provincia, justamente hacia el área granífera, que es la zona sin riego superficial y donde las lluvias son insuficientes para las necesidades del cultivo, que son 1.331 mm/año”.
La conclusión
“Al final -evaluó- es evidente que es necessario contar con un gran plan provincial de transferencia de tecnología al productor, como la tuvimos entre 1967-77 -cuando el gobierno de facto cerró 11 ingenios- para recuperar la alicaída actividad de entonces”. Según Fogliata, aquel plan tenía tres pilares claves: investigar, enseñar y convencer sobre el valor de la tecnología. “Si aspiramos a ampliar y a consolidar el plan del bioetanol, se necesitarán más toneladas de caña por hectárea. Aquí también juega el regadío. En el Departamento de Irrigación indicaron que el área cañera regada en Tucumán no aumentó una hectárea en los últimos 25 años”, concluyó.








