El último Eco - LA GACETA Tucumán

El último Eco

En febrero se cumplieron cinco años de la muerte de Umberto Eco, el escritor que nos ofreció una guía invalorable para comprender nuestro tiempo y movernos en el mundo de los libros.

23 May 2021
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Umberto Eco.

Viaje a la biblioteca de un humanista descomunal

Por Daniel Dessein

PARA LA GACETA - BUENOS AIRES

Recuerdo el día en que Cristiana Zanetto me dijo que intentaría entrevistar a Umberto Eco para LA GACETA Literaria. Me parecía imposible pero la alenté. Eco estaba enfermo con un cáncer avanzado y con decenas de proyectos en marcha. Estaba fundando una editorial, acababa de publicar su última novela y trabajaba vertiginosamente en varias compilaciones de modo simultáneo. Vivía casi todo el día encerrado en su casa de Milán, cobijado por una de las bibliotecas privadas más extraordinarias de Europa. Entre sus más de 30.000 volúmenes, tenía casi 400 ejemplares impresos entre el siglo XVI y el XIX, y 38 incunables.
Esa biblioteca, después de su muerte, quedó atrapada en un litigio legal que acaba de resolverse. Los libros modernos partirán hacia la Universidad de Bolonia, a la que Eco dedicó la mitad de su vida. Los antiguos, a la Biblioteca Braidense de Milán. Hasta que la mudanza se complete, no es posible acercarse a ella. La memoria vegetal, libro póstumo con textos inéditos recientemente traducidos al castellano, ofrece una forma oblicua para ingresar a ese mundo.
El título surge de su clasificación de las memorias. Frente a la orgánica del cerebro y a la mineral -tanto la que reposa en la piedra o en la arcilla como en el silicio que alberga la digital- se concentra en la vegetal, la de los libros, a los que rinde culto.
Irene Vallejo, quien acaba de publicar un ensayo (comentado en este número) heredero de Eco, dice, a propósito de La memoria vegetal, que el autor -a quien reconoce como maestro- combina magistralmente sabiduría y juego. Eso es lo que encontramos en esta inmersión en sus lecturas. Se mezclan títulos sorprendentes -reales y apócrifos- con artificios borgeanos.
En los primeros capítulos, Eco distingue la bibliofilia y la bibliomanía. Luego se mete con la biblioclasia, el robo de libros, las bibliotecas como organismos vivos y las implicancias del deterioro del papel. Más adelante nos lleva de la mano a conocer libros y autores de distintos siglos -Kircher, Migne, Khunrath-, deteniéndose en volúmenes sobre, por ejemplo, la necrofagia o una orden de cornudos con otros que se conectan con sus propias novelas. Las historias sobre su “cacería” de ejemplares raros para su colección son apasionantes.
La memoria vegetal es una fiesta para los amantes de los libros, particularmente para los lectores de ese gigante del pensamiento y las letras que fue, que sigue siendo, Umberto Eco.
© LA GACETA

La memoria vegetal *

El problema es, más bien, incluso para los libros, la abundancia, la dificultad de elección, el peligro de no lograr ya discriminar; es natural, la difusión de la memoria vegetal tiene todos los defectos de la democracia, un régimen en el que, para permitir que todos hablen, es necesario dejar hablar también a los insensatos, e incluso a los sinvergüenzas. Se nos plantea el problema de cómo educarnos para elegir, por supuesto, entre otras cosas porque, si no aprendemos a elegir, nos exponemos al riesgo de quedarnos delante de libros como Funes ante sus infinitas percepciones: cuando todo parece digno de ser recordado, ya nada es digno, y desearíamos olvidar.

¿Cómo educarnos para elegir? Por ejemplo, preguntándonos si el libro que vamos a tomar en nuestras manos es uno de esos que tiraremos después de haberlo leído. Me dirán que no podemos saberlo antes de haberlo leído. Pero si, después de haber leído dos o tres libros, nos damos cuenta de que no desearíamos conservarlos, quizá deberíamos revisar nuestros criterios de selección. Tirar un libro después de haberlo leído es como no desear volver a ver a una persona con la que acabamos de tener una relación sexual. Si eso sucede, se trataba de una exigencia física, no de amor. Y sin embargo, hay que conseguir establecer relaciones de amor con los libros de nuestra vida. Si uno lo consigue, eso quiere decir que se trata de libros que se prestan a una amplia interrogación, hasta tal punto que cada relectura nos revela algo distinto.

* Fragmento (Lumen, 2021).

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