ANTECEDENTE. En 2006 se cerraron las exportaciones cárnicas y se perdieron unas 11 millones de cabezas de ganado en todo el país.

Los productores ganaderos argentinos todavía no pueden creer que el Gobierno nacional haya resuelto prohibir durante 30 días las exportaciones de carne, con el argumento de que la decisión fue tomada debido al fuerte aumento del precio de la carne en el mercado interno.
LA GACETA Rural entrevistó a Manuel Alvarado Ledesma, economista y profesor de Agronegocios en la Universidad del Centro de Estudios Macroeconómicos de Argentina (Ucema), para conocer su opinión sobre este tema.
- ¿El campo argentino sigue a pesar de todos los problemas que este y los demás Gobiernos imponen? ¿Cuál será el camino?
- Está claro que los Gobiernos están marcados por un populismo electoralista, por lo que buscan resultados inmediatos, aun a costa del futuro. Solo por medio de la educación popular, sobre los valores cívicos, y la toma de conciencia por parte de la gente de que el oportunismo se ha adueñado de la dirigencia se podrá avanzar por un camino de progreso y equidad. En su acción oportunista, muchos Gobiernos tienden a buscar un chivo expiatorio. Y en tal caso, la carne es un elemento ideal.
- ¿Cuál es la salida para que los precios de los productos exportables no suban en el mercado interno?
- ¿Los lectores saben que hoy pequeños países como Uruguay o Paraguay exportan más toneladas de carne vacuna que nuestro país? Increíble, ¿no? En otros tiempos fuimos los primeros. Un dato impresionante: hasta hace unas tres décadas Brasil era importador. Hoy exporta más de 2 millones de toneladas y la Argentina apenas 350.000 toneladas. ¿Dónde quedó aquel país de las vacas? Hubo un año dramático para la industria cárnica argentina: en 2006 se dispuso el cierre de las exportaciones cárnicas y ello nos llevó a quedar en los últimos puestos, con una abrupta baja en la producción que, a la postre, resultó -paradójicamente- en un aumento en el precio de nuestras carnes. La medida tuvo una serie de consecuencias, como la pérdida de cerca de 11 millones de cabezas de ganado.
- ¿Y qué pasó entonces?
- El espacio que dejó la Argentina en el mercado internacional, ni tontos ni dormidos, fue aprovechado por Brasil, por Paraguay y por Uruguay. El hombre común puede tropezar con la misma piedra dos o tres veces. Pero Gobiernos como el actual lo hacen muchas veces. Porque su propósito se centra en el cortísimo plazo. ¿Y mañana? Dios dirá.
- ¿Se exportan todos los cortes de carne?
- No. Y no se toma en cuenta eso. Por ejemplo, el asado y otros cortes populares como el matambre y el vacío van únicamente para consumo interno. Si se prohíben las exportaciones, se desincentiva la producción y, a la larga, ello hace subir los precios. Los precios de la carne, a lo largo del tiempo, suben porque la moneda pierde valor día a día, a consecuencia de los desenfrenados niveles de emisión monetaria.
- ¿La inflación y el déficit serían los flancos a atacar para que los precios bajan y no se disparen?
- Para entender el problema es necesario distinguir entre el alza de precios de una sola vez y el aumento sostenido en el nivel general de precios.
- ¿Cómo es esto, entonces?
- La inflación es un fenómeno monetario. A la larga, no se trata de un problema de costos ni de demanda. Tampoco de pujas entre sectores. Estos son factores surgidos como consecuencia del desarreglo monetario que, a su vez, pueden potenciar o propagar la inflación. La raíz está en el exceso en la cantidad de dinero destinado al gasto alocado para cubrir el déficit, a consecuencia de una actitud electoralista. Sin embargo, un salto en determinado precio puede no estar ligado a la expansión de dinero, como es el caso de la carne o de las frutas, en este particular momento. Así, parte del incremento de la tasa de inflación, en el muy corto plazo, puede no resultar de la expansión de dinero, sino del aumento de precio de un producto. Pero cuidado, una cosa es un salto en un momento dado y otra es el incremento sostenido de todos los precios durante un plazo largo. Y esto último es inflación y solo puede estar originado en un aumento en la cantidad de dinero. Este aumento reduce el nivel de confianza y malogra las expectativas, lo que incide en la demanda de dinero y, por tanto, en la velocidad con que este circula en la economía. Si el dinero circula más velozmente, el efecto es parecido al de un aumento en la cantidad de dinero. Se confunde el nudo de consecuencias con la causa. La lucha por el salario nominal, la teoría de la inelasticidad de la oferta, la distribución sectorial del ingreso y la inflación de demanda son las principales partes de este nudo que oculta la génesis de la cuestión que, en definitiva, se resume en la pérdida de valor de nuestra moneda y la consecuente huida de esta por parte de la gente.
- ¿Cómo separamos este esquema de que los precios internacionales afectan a los precios del mercado interno?
- Es necesario establecer una línea divisoria entre lo que el mercado externo requiere y lo que el interno demanda. El hecho de que la demanda externa aumente, como viene haciéndolo principalmente, es una gran oportunidad para el desarrollo nacional.
- ¿Y por qué no se lo considera de ese modo?
- En lugar de verlo así, se aprecia la cuestión como una amenaza dado que el salario real de los argentinos se encuentra en un nivel histórico lamentable. Hoy cerca del 75% de las exportaciones van a dar a China. Si este país incrementa sus importaciones, el dato es favorable para la economía en general. Más si se toma en cuenta que la carne demandada no es la que consume el argentino. No se trata de desacoplar los precios internacionales de los internos. El fenómeno es de inflación sostenida por una cuestión monetaria.







