
Entre las muchas confusiones que trajo la pandemia de coronavirus en el país y en la provincia, está la falsa creencia de que se trata de un problema principalmente -sino exclusivamente- de las grandes ciudades. Con el tiempo, se demostró que el virus que en poco más de un año ya se cargó con la vida de casi tres millones y medio de personas en todo el mundo, no distingue ni clases sociales, ni barrios, ni pueblos ni países.
Un ejemplo elocuente es el de Ticucho, una localidad ubicada en la comuna de Tapia, a 40 kilómetros de la capital tucumana. En la primera ola de contagios, el poblado había salido prácticamente inmune de la crisis sanitaria mundial, lo que provocó un relajamiento generalizado respecto de la prevención, según admiten los propios vecinos.
El equipo periodístico de Panorama Tucumano, el programa informativo de LG Play que se emite los miércoles, recorrió el lugar y conversó con sus pobladores. Los propios vecinos admitieron que, ante el poco impacto que había producido la primera ola de covid, no se adoptaban demasiados recaudos. “La vida acá era normal; ninguno hacía cuarentena, directamente nadie usaba barbijo, nadie se cuidaba y nada de eso”, describió Daniel Fajre.
Actualmente, y en proporción a su demografía, es uno de los distritos más complicados de la provincia: de sus 525 habitantes, 60 están positivos para covid-19, lo que implica que un 14% de la población está contagiada. Otro dato preocupante es que el incremento en los contagios llevó a alcanzar el 40% de positividad en los testeos, según explicó Yolanda Brepe, directora general de la Red de Servicios del Siprosa.
El relevamiento sociosanitario oficial reveló que los pobladores no habían cumplido con las medidas de seguridad básicas. Por ello, los contagios se dispararon a partir de las reuniones familiares, los partidos de fútbol y otros encuentros. Por estos días, cerrar la zona de Vipos para evitar que se dispersen los contagios es una de las posibilidades que se baraja en el Comité de Emergencia, informó Brepe durante la entrevista con LA GACETA.
Con las alarmas ya todas encendidas, el Siprosa estuvo presente esta semana en Ticucho, haciendo testeos y advirtiendo a la población. Más que prevención, lo que tanto se ha insistido que hay que hacer para frenar las muertes, se trató de un operativo de contención, dado que los contagios ya se han disparado y que, de hecho, podrían ser más de los que cuentan las planillas oficiales debido a los contactos intrafamiliares, según advirtió la propia Brepe.
El presidente Alberto Fernández protagonizó una polémica hace un tiempo atrás al afirmar que el sistema sanitario “se había relajado”. Los trabajadores de la salud, en su mayoría, se sintieron ofendidos por esa apreciación del primer mandatario. Se hace evidente que, si hubo relajamientos, los hubo en todos los niveles de los gobiernos, incluyendo el de Tucumán. Es que, si la población llegó a vivir como si no hubiese existido una pandemia, en gran parte se debe a que el Estado, allí, no estuvo presente en el momento que debió hacerlo. Quizás hace un año, cuando todo era novedad y confusión y los libros se escribían sobre la marcha, errores de este tipo hubiesen sido comprensibles. A esta altura, con tantas vidas en juego, con tanto sufrimiento vivido y con la cantidad de datos que ha arrojado la experiencia, esta clase de ausencias pueden catalogarse como abandono. El momento exige que la comunidad reaccione y que las autoridades desplieguen toda su energía para contener este y otros casos similares.







