Tres monumentos a la transparencia y a la modernidad legados por Campero - LA GACETA Tucumán

Tres monumentos a la transparencia y a la modernidad legados por Campero

En “La arquitectura, símbolo del poder político en Tucumán”, José Aragón analizó el concepto de las obras ejecutadas durante esas gobernaciones. Al libro, editado postmortem, lo financió Apunt.

16 May 2021 Por Guillermo Monti
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CONSTRUCCIÓN DEL PALACIO DE TRIBUNALES. Se llevó adelante con fondos de la Provincia en los años 30. credito

La gestión de Miguel Campero como Gobernador (1924-1928 y 1934-1938) dejó un valioso legado que viene estudiándose desde hace tiempo. Hay distintas maneras de analizar esos ciclos virtuosos para la historia de Tucumán y una de ellas se focaliza en las obras de envergadura que seguimos disfrutando casi 100 años después. El Palacio de Tribunales, la antigua sede del Banco Provincia y el edificio principal de la Caja Popular de Ahorros se construyeron durante esos años y reflejan un abordaje de la administración pública en el que vale la pena detenerse. “La arquitectura, símbolo del poder político en Tucumán”, cumple con esa función.

El libro, presentado hace unos días con un encuentro virtual al que no le faltó calidez, es obra del arquitecto José Aragón, fallecido en mayo de 2018. “La decisión de publicarlo postmortem tiene la intención de recuperar sus escritos para su tesis doctoral, tras haber cursado el Doctorado en Ciencia Política, cuyos cursos acreditó en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT”, explicó Susana Maidana, quien ofició de compiladora y editora.

Esa simbología a la que hace referencia el título del libro se expresa en la intención de Campero de dejarle a Tucumán su marca a nivel monumental, porque así fueron concebidos los edificios. Como monumentos que impactan por su volumen y por sus formas. Pero, ¿qué clase de marca es esa, por ejemplo en el caso de los Tribunales? “Un monumento a la transparencia, a la eficacia, a la modernidad y a la solemnidad de la Justicia, tanto para sus contemporáneos como para la posteridad”, advierte Aragón.

Pero además de monumentales y funcionales, a estos nuevos edificios-símbolos no podían faltarles las patas tecnológicas. En el caso de la sede de la Caja Popular la guinda del postre fue la incorporación del aire acondicionado central, todo un impacto en la segunda mitad de la década del 30. “El Gobierno de Campero deseaba mejorar la calidad de vida de la mayoría de los tucumanos, darles motivo de orgullo mediante sus obras -sostiene Aragón-. En este caso se trataba de ‘democratizar’ una novedad tecnológica que proveía ‘confort’ ambiental y a la que muy pocos tenían acceso”. Si bien el edificio ubicado frente a la plaza Independencia se inauguró en diciembre de 1939, cuando ya había asumido Miguel Critto la gobernación, es reconocido como una obra de Campero.

En el caso de la sede del ex Banco Provincia, en San Martín y Laprida, destaca Aragón que estuvo muy clara la intención de ejecutar un edificio representativo de una economía a la que el propio Campero tildaba de floreciente. Esa estabilidad del Tucumán de principios del siglo XX y el futuro auspicioso que se vislumbraba merecían que el Estado lo refrendara en el corazón de la ciudad, frente a la plaza Independencia, y nada menos que con un banco, la herramienta del crédito y de la producción.

Enfatiza Maidana -Doctora en Filosofía y Profesora Emérita de la UNT- que el libro fue financiado por el gremio de los no docentes (Apunt). A él pertenecía Aragón en su carácter de empleado de Radio Universidad y de la Dirección de Ceremonial y Protocolo. “Es una obra que transita por cruces y bordes -explica Maidana-. Se adivina en sus páginas la estrecha vinculación entre saber y poder de Michel Foucault; las lecturas de Roberto Rojo sobre las sendas de la utopía; los estudios de Ricoeur sobre ideología y utopía; el recorrido por la historia de Tucumán de la mano de María Celia Bravo, Marcela Jorrat, Rodolfo Cerviño, Carlos Páez de la Torre; los aportes arquitectónicos de Moreno, Nicolini, Gutman, Galvani y Ahumada; y las lecturas de politólogos como Ernesto Laclau y Guillermo O’Donnell, entre muchos otros”.

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