Por la inseguridad, la Capital colocó 210 alarmas vecinales - LA GACETA Tucumán

Por la inseguridad, la Capital colocó 210 alarmas vecinales

Es en respuesta a los pedidos vecinales por el número de asaltos y arrebatos en la zona. Paliativo.

16 May 2021 Por Martín Dzienczarski
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ENTREGA. Amaya explica el mecanismo de las alarmas en un barrio. facebook Vale Amaya Oficial

Los constantes reclamos en los barrios por hechos delictivos llevó a que la Municipalidad de San Miguel de Tucumán colocara alarmas vecinales. Desde 2018, cuando comenzó el programa, ya se colocaron 210 bocinas y se repartieron más de 3.500 controles para activarlas.

Valeria Amaya, subsecretaria de Servicios Públicos, explicó que los vecinos interesados presentan un expediente al municipio, que dona la bocina y 20 controles, uno por familia. La instalación y los aparatos tienen un costo que ronda los $ 38.000.

“Es una acción que ha tomado la Municipalidad frente a los pedidos constantes de muchos barrios por la inseguridad. Prácticamente el 70% de la ciudad tiene instaladas alarmas o han iniciado expedientes para que se colocan en alguna cuadra”, explicó Amaya ante una consulta de LA GACETA. “Las alarmas son una medida de prevención y de seguridad entre vecinos. Un paliativo. El municipio compra la bocina y se la dona. Si algunas familias quieren más de un control, quizás para que lo tengan en la casa y otro integrante de la familia que sale a esperar el colectivo. Además de la instalación se crea un grupo de Whatsapp para que los vecinos estén comunicados. No impedirá que haya un hecho delictivo, pero suele ser disuasivo. Si ocurre un asalto los vecinos salen rápido para dar auxilio”, completó Amaya.

Las bocinas tienen un alcance de hasta 150 metros. Cada control, similar a los controles para los portones automáticos, está identificado con un número por lo que los vecinos puede identificar quién ha disparado la alarma, para llamar a la Policía y salir a auxiliar, dependiendo del caso.

“Tenemos un montón de pedidos: del barrio Mutualidad Provincial, Parque Sur, Telefónico, Capital Viola, San Alberto, José Hernández, Cerro Las Rosas, Diza.... Empezamos en Villa Amalia. La experiencia ha sido tan buena que ha llevado a que el grupo de Whatsapp que se arma entre vecinos para consultar por la alarma termina siendo un punto de encuentro y se termina usando para cuestiones solidarias. Esa fue la primera experiencia y no ha parado de replicarse”, recordó Amaya.

¿Hubo experiencias negativas con las alarmas?, le consultó este diario. “Nos ha pasado en algunos barrios donde hay grupos de delincuentes que se coloca una alarma y esta gente luego la rompe. Los vecinos están muy asustados, muy desprotegidos con estos grupos. Entendemos que lo mejor, más que la colocación de estas bocinas vecinales, sería contar con muchísima más presencia policial para garantizar que no se produzcan hechos delictivos o -si ocurre- las detenciones ocurran rápidamente”, completó.

“Es una ayuda”
La experiencia en el barrio Oeste I

“La colocación de las alarmas sirve para que nos organicemos como vecinos de cada cuadra para estar alertas. Nada puede suplantar a la presencia de policías para que no haya robos o casos de inseguridad, pero el control y la alarma nos sirve para estar atentos. Es como cuando una persona grita auxilio y pide que alguien ayude. Las veces que me robaron camino a la parada del colectivo quedaba aterrada, no me salía ni un hilo de voz. Con esto aprieto el botón del control, que lo tengo de llavero, y una vez pasó que me estaban por robar y se fueron asustados antes de que me sacaran nada”, comentó Mariana Peralta, del Barrio Oeste I.“Hay un vecino mío que es un señor grande y dos veces la ha activado él a la alarma porque siente los gritos desde la cama. Entonces así otro vecino puede llamar a la Policía para cuidarnos entre todos. Es feo tener que organizarnos de esta manera porque no puede ser que uno tenga miedo cuando sale a tomar el colectivo, pero bueno. Es la situación que nos toca vivir. No sé con qué tiene que ver, pero me parece que está relacionado con la falta de trabajo. Nadie que tenga trabajo saldría a robar”, completó la mujer.

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