Agapo perdió su caja un domingo en la oscuridad - LA GACETA Tucumán

Agapo perdió su caja un domingo en la oscuridad

Sixto Gamboa. protagonista de una zamba y una chacarera de Osvaldo “Chichí” Costello, murió a los 84 años.

15 May 2021 Por Roberto Espinosa
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LA SABIDURÍA DE LA COPLA. Sixto Agapito Gamboa, personaje de zamba.

Un alboroto de silencio se trepa al cielo de San Pedro de Colalao. Un rebaño de coplas retumba entre las nubes. Un rumor de cerro está rumiándole el alma. La caja ejercita una nostalgia: “yo cuando empiezo a querer, soy como gotera de peña. Cuando no la puedo mirar le hago seña…” Los caminos lo han llevado al abrazo de la vida.

Cuántas mañanas habrán albeado sus pupilas como conductor de los ómnibus de los Belmonte, y los atardeceres que se le habrán pegado en las retinas conduciendo los vehículos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria. Cuántos anocheceres habrán emponchado su soledad de montes y cumbres a lomo de mula, al abrigo de un morao decidor.

En el naciente dique El Cadillal, se despereza una amistad. Él, chofer de uno de los ingenieros ingleses. El taficeño, estudiante de las últimas materias de la carrera Ingeniería Eléctrica; trabaja como operario en el montaje de la usina hidroeléctrica. El folclore y las cosas del campo confraternizan en sus charlas. Se frecuentan. Lara, Hualinchay, Chulca… se posan en los pensamientos del artista, que le dedica una pieza. “Volviendo de Hualinchay lo vio pasar una estrella, con un trago de aguardiente la noche se hace más bella. Y entre guitarra y canción, yapando el vino morao le florece por las venas San Pedro de Colalao...”, la zamba carpera brota de la inventiva de Osvaldo Chichí Costello.

Adela Akel, de sirios ancestros, le ofrenda cuatro hijos. El canto lo hermana con el Negro Saravia, Marcelo Mamaní, Alberto Bonilla, Justino Alanís, Raúl Scrochi, Cholo Franco, Turín Moreno, Alicia Moreno… “Tenía muchas virtudes: un amigo leal, respetuoso, muy simpático, amiguero. Tenía una sabiduría heredada de coplas antiguas, y le encantaba andar por el monte a caballo, participar en el carnaval o en sencillas juntadas y compartir las exquisiteces de nuestras comidas típicas, como el locro, el asado, las empanadas regados con vinos finos o en damajuana. Así fue, lo invitó a mi papá a visitarlo en San Pedro y nació una hermosa amistad, con el tiempo se volvieron compadres y amigos dilectos”, recuerda la flautista Gabriela Costello.

A menudo, el cerro lo incita a peregrinarlo. Se pierde a veces una semana. Con sorpresa ha visto ese ventoso jueves 6 de agosto de 1936, cuando su madre Pía Gamboa le da la bienvenida. La chirlera del corazón le sacude coplas en la mollera. “Canto del silencio, la copla, nombradora de las cosas simples, decidora de la mística de los hombres que construyen en medio del silencio una vida que solo puede ser dicha entre versos, que se expanden y se funden con el secreto de lo invisible”, dice Jimena, su hija cantora.

Otro taficeño, Rubén Cruz, se arrima al fogón y con Chichí sacan del horno otra pieza: “Agapo perdió su caja un lunes de carnaval, ojalita que la encuentre para que pueda cantar. Yo sé que sus pensamientos coplas de vidalas son, y no por cantar sin caja le hace bulla el corazón…” Una zamba y una chacarera lo convierten en un personaje de su pueblo.

9 de mayo. Los 84 años miran ese alpapuyo hacer mutis por el foro. “Yo cuando era joven andaba de brazo en brazo, ahora que soy viejo ni el chivo me hace caso”, bagualea en sus pensamientos. No fue lunes, sino domingo. Seguramente, ahora Sixto Agapito Gamboa volverá a encontrar a su caja perdida en la eternidad.

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