En lo que va del año, 2.000 tucumanos hicieron trámites para irse del país - LA GACETA Tucumán

En lo que va del año, 2.000 tucumanos hicieron trámites para irse del país

Los principales destinos son España e Italia, según el Colegio de Escribanos. "Las condiciones económicas definen la calidad de vida", dice una economista.

09 May 2021
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En enero, se hicieron 379 apostillas. En febrero, 463. En marzo, 654. En abril, 503. El deseo de irse del país aumenta mes tras mes entre los tucumanos, a juzgar por esos números. En lo que va del año, 1.999 personas realizaron trámites de apostillajes en el Colegio de Escribanos de la provincia.

Las apostillas son las certificaciones finales que debe contener un documento legalizado. Principalmente se solicitaron certificaciones de títulos universitarios y de partidas de nacimiento. Los títulos son necesarios para trabajar en otros países, mientras que las partidas se requieren para obtener la nacionalidad extranjera.

"Los principales destinos son España e Italia", dice Marco Aurelio Padilla, presidente del colegio de Escribanos. En líneas generales, la mayoría de los interesados son jóvenes, ya sea solteros o con parejas recientes, completa.

Otra información que consta en los documentos del colegio es que mientras algunos de los emigrantes optan por hacerles un documento de poder a sus familiares para que les administren sus bienes, otros venden todo. "Queda claro que éstos últimos no tienen planeado volver", razona Padilla.

Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), un brazo de las Naciones Unidas, la Argentina tiene más de 1 millón de emigrantes, lo que supone un 2 % de su población. De acuerdo a estos datos, la emigración se dirige principalmente hacia España, en consonancia con las estadísticas tucumanas, Estados Unidos y Chile.

¿Ha sido siempre así? No. En 1990 había 430.000 emigrantes y en 2000, 555.000. Eso significa que en 10 años se sumaron 125.000 personas. Desde esa última fecha a 2010, se pasó a 938.000 argentinos viviendo en el extranjero; es decir, hubo casi 400.000 personas que se marcharon en esa década, que abarca la crisis económica de 2001.

Si se comparan esos números con los de otros países de América Latina y el Caribe, el porcentaje de emigrantes es bajo. No obstante, los especialistas miran con ojo crítico lo que acontece. "Las condiciones económicas de un país definen el bienestar y la calidad de vida de los individuos y de las familias. Siempre es deseable que existan puestos de trabajo formales en lugar de informales; salarios que permitan acceder a bienes y servicios pero también que permitan ahorrar; condiciones de estabilidad macroeconómica que den previsibilidad, tanto a las empresas como a las familias; servicios públicos como salud, educación, seguridad y gobiernos transparentes", enumera la economista Florencia Correa Deza, del Laboratorio de Políticas Públicas de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT).

"Cuando estas cosas fallan o faltan, el bienestar y la calidad de vida se resienten. Y se generan los factores de expulsión. En ese contexto, la emigración surge como una alternativa para mejorar u obtener lo que no está garantizado en el país de origen", agrega. Por eso, lo que se evalúa en el nuevo destino es justamente el trabajo formal, los sueldos, la estabilidad macroeconómica, etcétera.

Entre las razones para armar las maletas, un relevamiento realizado por la Universidad Argentina de la Empresa (Uade), antes de la pandemia, resalta cuatro causas principales: las recurrentes crisis económicas, la búsqueda de desarrollo profesional, la alta presión tributaria y la inseguridad. Hay un aspecto fundamental a considerar en este punto, advierte el sociólogo Héctor Caldelari. Si bien todas las causas citadas le parecen plausibles, no cree que en los países europeos los tributos sean bajos.

Luego explica que la vocación emigratoria de los argentinos creció rapidamente a mediados de los '70. Según él, da la impresión que desde entonces se ha mantenido relativamente alta. El sociólogo también pone la lupa sobre los egresados universitarios ("la fuga de cerebros ha sido una preocupación casi permanente y ha dado lugar al surgimiento de varias políticas para promover su retorno", añade).

Finalmente, opina que junto con la vocación migratoria y las facilidades para viajar, ha crecido el interés en la doble nacionalidad, tanto propia como de los hijos y nietos.

Pero, ¿qué dicen quiénes se quieren ir? A sus 40 años, Aixa Martínez (casada, mamá de dos nenas) cuenta que con su marido se plantean, todo el tiempo, la posibilidad de una vida en el exterior. "Aquí tenemos todo. No nos falta nada. Pero somos conscientes de que nosotros estamos en una burbuja. Donde vivo tengo una plaza privada, por ejemplo. Mientras, afuera hay mucha inseguridad. La sensación de que no te podés relajar nunca es agotadora. Pensamos en nuestros hijos y decimos 'no los podemos condenar a esto'", expresa.

Otro argumento que plantea Martínez Pastur es la posibilidad de crecimiento en otros confines. "Podés darte un nivel de vida óptimo con un cargo mínimo en una empresa o repartiendo pizzas. Aquí, en cambio, hasta un jefe de primera línea tiene que estar rogando que la inflación no le come el sueldo", grafica. Amigos y familiares suyos, que viven en Italia y Estados Unidos, se van horrorizados cada vez que la visitan, asegura. Y con resignación, concluye con cuatro palabras: "Tucumán va para atrás".

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