Entrevista a Fabián Neiman: "no hay antisemitismo en Tucumán, sí prejuicios" - LA GACETA Tucumán

Entrevista a Fabián Neiman: "no hay antisemitismo en Tucumán, sí prejuicios"

El presidente de la DAIA filial Tucumán dice que en la provincia es notoria la buena relación entre las diferentes colectividades con la judía.

04 May 2021 Por Álvaro José Aurane
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NEIMAN. En su visión, en Tucumán hay unos personajes que profesan el odio, pero son muy pocos.

La reciente detención de dos personas, una en San Miguel de Tucumán y otra en El Manantial, por haber planificado y anunciado atentados contra la comunidad judía de Tucumán, hizo que abril se despidiera con todas las alarmas de antisemitismo encendidas. Las medidas fueron concertadas a pedido del fiscal federal N° 2, Pablo Camuña. En 2020, la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) había formulado una denuncia originariamente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que luego fue remitida a Tucumán.

Fabián Neiman, en contraste, sostiene enfáticamente que en esta tierra no hay antisemitismo. El presidente de la DAIA Filial Tucumán sostiene que Tucumán viene dando pruebas de que atesora fuera de la colectividad judía un poderoso capital humano que enfrenta el odio hacia quienes profesan esa fe. Eso sí, el también presidente del Consejo Federal de la DAIA, órgano que nuclea las 25 filiales DAIA del interior del país, admite que aquí sí hay antisemitas.

“Que muestra hostilidad o prejuicios hacia los judíos, su cultura o su influencia”, es la definición que da la Real Academia Española del vocablo “antisemita”. Pero en la entrevista con LA GACETA, el ingeniero en Sistemas y coordinador de Relaciones Internacionales de la Facultad Regional Tucumán de la Universidad Tecnológica Nacional, adopta otra acepción.

- ¿Qué es el antisemitismo?

La definición que prefiero proviene de la psicología. Es un fenómeno de proyección al caso particular del judío. Es proyectar en el judío demonios que, aquel que proyecta, tiene dentro de sí mismo. Y que como no quiere verlos en su persona, los proyecta en el judío. Casi siempre, detrás de la definición de “judío avaro” hay un avaro. Detrás de la acusación de “judío facho” hay alguien capaz de superar ciertos límites. El fenómeno de proyección siempre está presente en el antisemitismo: si el judío tiene la culpa, entonces yo no lo tengo.

- Siendo así, el antisemitismo, además de peligroso, parece toda una cobardía: hace cargo a otro de las propias culpas. ¿Cómo se combate?

Alcanzando la adultez, la madurez y la responsabilidad de los propios actos, de los propios dichos y de los propios pensamientos. Cuando no se anda buscando a quién echarle la culpa, es muy difícil que haya antisemitismo. Te diría que es prácticamente imposible. Porque el fenómeno de proyección es intrínseco al antisemitismo.

- Pareciera, a la luz de las detenciones recientes, que esa madurez nunca llega.

En términos de Gustavo Perednik, no hay odio más antiguo, más generalizado, más permanente, profundo, obsesivo, peligroso y quimérico que la judeofobia.

- ¿Cuáles son las fuentes del antisemitismo?

Cuando desde jóvenes estudiábamos el antisemitismo siempre hablábamos de tres fuentes. Yo les llamaría “excusas ideológicas”. El antisemitismo de derecha, el antisemitismo de izquierda y una porción del islam que es judeófoba. Si debiéramos caricaturizar el antisemitismo de derecha, en los tiempos de mis abuelos era (Walter) Beveraggi Allende (Ver aparte). Es el viejo antisemitismo nacionalista católico de derechas, que mi generación lo ve poco y nada. Porque la Iglesia católica evolucionó muchísimo. Sobre todo a partir del papado de Juan Pablo II y del antecedente de la encíclica Nostra aetate de Paulo VI, en la década del 60. (Ver aparte) En 1984 hay un hito en la Iglesia católica: Juan Pablo II visita la sinagoga de Roma. El segundo hecho histórico es cuando el mismo Karol Wojtyla visita Israel, va al Muro de los Lamentos y nos trata de “hermanos mayores”. Yo recuerdo ese episodio y me emociono. Él fue un hombre maravilloso. Y en su relación con el pueblo judío fue quien pudo poner en acto, en palabras, en ternura, en gestos misericordiosos, el texto de Nostra aetate. Termina con la acusación de deicidio por la crucifixión de Jesús, Dios para la Iglesia católica, que pesaba colectivamente sobre todos los judíos de aquel tiempo y también sobre los que vendrían después, incluyendo a mis abuelos, a mis padres y a mí. Ese reconocimiento es revolucionario. Lamentablemente, tuvo que pasar la Shoá (el Holocausto) para que tuviera lugar esa reflexión.

- ¿Y después de Juan Pablo II?

Todo esto fue muy bien continuado por el papa Francisco, incluso antes del pontificado. Desde que era monseñor Jorge Bergoglio tuvo una excelente relación con la comunidad judía de Buenos Aires. La Mesa de Diálogo Interreligioso de Buenos Aires funcionó durante años con referentes de la comunidad judía. Y cuando Bergoglio se convierte en Francisco encontré montones de paisanos amigos míos de Buenos Aires que estaban jubilosos. “Exultantes”, es la palabra, porque su amigo Jorge era Papa: habían pasado con él alguna Navidad. Y él había pasado con ellos alguna celebración de Pésaj (la Pascua judía, cuando se festeja la liberación del pueblo judío de Egipto). Durante su arzobispado en Buenos Aires, Bergoglio demostró haber llevado a fondo la tarea de Juan Pablo II. Todo ello influyó para que el antisemitismo de derecha, del cual mi padre presenció un poco cuando hizo el servicio militar, estuviera prácticamente desaparecido. Claro está, hasta estos hechos recientes en Tucumán.

- ¿Y con la izquierda?

El antisemitismo de izquierda y la judeofobia de cierto Islam son cuestiones diferentes, abrevan de fuentes distintas, pero en la Argentina, de un tiempo a esta parte, parecen haber encontrado en la estigmatización del pueblo judío un elemento en común. Es decir, si pensamos a la izquierda como un espacio progresista, sin confesiones religiosas cuando no directamente ateo, del lado de la defensa de los derechos de las minorías, no sé qué puede tener en común con la República Islámica de Irán. Sin embargo, parece que hallaron algo en común: veo a referentes de algún partido de la izquierda compartiendo paneles y también posturas junto con defensores del régimen de Irán.

- ¿A qué llamás judeofobia de cierto sector del Islam?

El caso del Islam fundamentalista es muy particular. El mundo musulmán se divide entre sunitas y chiítas después del gran profeta del Islam que fue Mahoma. Sin embargo, en mi mirada sobre el Islam la división está entre los moderados y los fanáticos. En Tucumán hemos tenido un sheij maravilloso: José Ibrahim. Era una persona exquisita. Murió de un infarto, dando clases en la Tecnológica, donde éramos colegas. Su mirada del mundo era tan notable que si todo el Islam lo viera como él (de hecho, muchos lo hacen), el mundo sería más pacífico. Hablaba con él no sólo acerca de la Shoá, sino del Estado de Israel. Y él me decía, como también lo hacía en clases, que provenía de un hogar donde su padre manifestaba que todos los pueblos del mundo tienen derecho a una nación, a la autodeterminación, y a conformar un país. Con José Ibrahim se derrumbaron también los prejuicios que yo tenía respecto de que todo el Islam tenía ideas extremas. Un prejuicio que había surgido, lamentablemente, de observar los atentados terroristas que se daban en el mundo chiíta como en el sunita. Irán es un país chiíta exportador de terrorismo, fundador del Hezbollah en el Líbano tras la guerra civil en ese país, y con mucha influencia en Siria. Y en el mundo sunita Al-Qaeda y el ISIS son dos conocidas organizaciones terroristas. Pero cuando tomaba café con José Ibrahim el resultado inevitable era entrar en lucha contra el propio prejuicio. Porque los prejuicios son recíprocos. José era un gran hombre del Islam. Claro que hay otras expresiones, incluso en Tucumán, que pregonan la destrucción del Estado de Israel como solución a los problemas de Oriente Medio. Eso es una fuente de antisemitismo. De judeofobia. Pero llevan años siendo minúsculas.

- Entonces, ¿cuánto antisemitismo hay en Tucumán?

La comunidad judía de Tucumán es pequeña. Tiene 3.000 o 4.000 miembros, quizás. Y sin embargo, en los casi 38 años de democracia que llevamos, los tucumanos eligieron para que los gobierne durante 12 años a alguien que surgió de la colectividad (N. de la R.: José Alperovich). Eso ya habla a las claras de Tucumán como provincia plural. Una provincia absolutamente no antisemita. De la comunidad hacia adentro, hacia mediados de los 90 y principios de 2000, había debates internos. Después del Holocausto, las siguientes dos generaciones son partidarias de no llamar la atención. Entonces estaban los que decían “para qué se mete”, “después nosotros vamos a tener la culpa si algo sale mal”. Pero en 2003 pude poner en palabras que no era la comunidad judía de Tucumán sino los tucumanos los que habían elegido un gobernador. Y sus aciertos y errores eran suyos, no de la comunidad judía.

- Los tucumanos no estaban votando católicos, judíos ni ateos, sino tucumanos.

Y a Alperovich lo reeligieron dos veces más, después. La segunda vez, en 2007, con más del 70% de los votos emitidos. Entonces no era el “ishuv” (N. de la R.: en hebreo, podría traducirse como “asentamiento”, una idea más amplia que comunidad -“kehilá”-) judío de Tucumán el que había consagrado un gobernador porque es imposible, dado que es muy minoritario. Eran los tucumanos. Y esa certeza fue absolutamente liberadora. Tucumán entonces es un ejemplo nacional de que el pueblo elige a sus gobernantes por su ideología o por sus propuestas, y no por cuestiones de fe.

- Entonces los tucumanos hacen una separación entre las cuestiones privadas, como los credos, y las cuestiones públicas, como la política.

Exactamente. Y también, como Marcos Aguinis titula uno de sus ensayos compilado en el libro “El valor de escribir”, hay “Mito y contramito del judío”. Y así como hay mito del judío usurero, tacaño, rico y ese cúmulo de prejuicios en los que Europa abrevó durante siglos…

- Como con “El mercader de Venecia”…

Tal cual: como con “El mercader de Venecia” y otras creencias que desataron años de persecuciones… Ante ese cúmulo de mitos, dice Aguinis con mucha sabiduría que surgió un contramito en la comunidad. Uno que se manifiesta en expresiones como “Albert Einstein era judío”, “Sigmund Freud era judío”, “Franz Kafka era judío”. Pero los méritos de Einstein en la física son suyos, no de la comunidad judía. Y la brillantez de la pluma de Kafka es suya, no de la comunidad judía. Y el genio de Freud es suyo, no de la comunidad judía. El contramito, entonces, es una forma fallida de defenderse contra el mito prejuicioso, porque el contramito también es un mito.

- Esa demostración de los tucumanos en las urnas, ¿no te parece que responde a un proceso, a una historia sin antisemitismo cuanto menos aquí?

En la generación de mis abuelos se hablaba siempre de la calle Maipú: los judíos y los árabes cristianos conviviendo con sus tiendas unas al lado de las otras. Ganum al lado de Chalom, que estaba al lado de Misrahi, que estaba cerca de Asfoura. Esa calle es un ejemplo de convivencia entre la comunidad judía y la comunidad sirio libanesa. Y un ejemplo de no importación de los conflictos de Oriente Medio a Tucumán.

- ¿Y cómo es ahora?

En el gobierno de Juan Manzur no sólo no hay judeofobia, sino que hay judeofilia. El vínculo del gobernador con la comunidad judía de Tucumán, de Buenos Aires, de Estados Unidos y con Israel es algo único. Y no sólo en la Argentina sino en el mundo, según refieren dentro y fuera del país. La comunidad judía de Buenos Aires descubrió Tucumán, en forma masiva, a partir de esta gobernación. De allí que creo que no hay antisemitismo en Tucumán. ¿Hay algo de prejuicio? Sí, si lo hay.

- Entonces, ¿no hay antisemitismo organizado, pero sí hay antisemitas?

No hay antisemitismo organizado. Pero sí hay algunos personajes que representan una fuente de odio y de judeofobia. Pero si pasan las décadas y tienen tan pocos seguidores, eso habla muy bien de nuestra provincia. De que hay recursos contra el antisemitismo, de que hay un reservorio de pluralidad y república fuera de la comunidad. Porque si sólo la comunidad judía debiese luchar contra el antisemitismo, estaríamos en problemas.

Pablo VI: la declaración conciliar Nostra aetate

La declaración conciliar Nostra aetate fue aprobada durante el Concilio Vaticano II (1959) y promulgada por Pablo VI en 1965. La parte central del documento recuerda “el vínculo con el que el pueblo del Nuevo Testamento está espiritualmente unido al linaje de Abraham” y promueve “el conocimiento y la estima mutua” entre cristianos y judíos. Otra declaración decisiva sepulta la acusación de deicidio. “Y si las autoridades judías y sus seguidores trabajaron por la muerte de Cristo, lo que se cometió durante su Pasión no puede ser culpado ni indiscriminadamente a todos los judíos de entonces, ni a los judíos de nuestro tiempo”.

La falsa teoría de 1971: Beveraggi Alende y la extrema derecha

Walter Beveraggi Allende fue un docente de Economía de la Universidad de Buenos Aires que en 1971 plasmó en un panfleto el presunto “Plan Andinia”. Se trata de una teoría conspirativa de extrema derecha según la cual se planeaba “instalar” un “nuevo Israel” en la Patagonia argentina. Según el autor, prueba de ello era que soldados israelíes viajaban al sur argentino como mochileros con la intención de realizar mapas, recabar datos y preparar el terreno para una invasión. “Los presuntos ‘soldados’ son sólo jóvenes haciendo turismo: en Israel el servicio militar es obligatorio para todos los jóvenes de 18 años”, puntualiza Fabián Neiman, titular de la DAIA Filial Tucumán.

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