La peor semana - LA GACETA Tucumán

La peor semana

El Presidente de la Nación mostró su peor cara. Las encuestas tampoco lo ayudan a Fernández. Jaldo llegó adónde quería, mas no pudo obtener la imagen que hubiera esperado.

18 Abr 2021 Por Federico Diego van Mameren
1

En el barrio se suele decir: “el que se calienta pierde”. Y Alberto Fernández se enoja y pierde. El Presidente de la Nación tiene una cara…

Los fanáticos del tenis siempre están muy atentos a los gestos. El lenguaje que expresa el cuerpo del rival va avisando el deterioro que está pasando. El Presidente se muestra agotado, enojado, abotagado, hasta parece harto. Harto como todos los argentinos que están cansados de no poder imaginar cómo será el día de mañana. No hay encuentros asegurados. Nada es predecible. Los que vivimos de este lado del mundo nunca hemos tenido la precisión u organización de los europeos que organizan una reunión social con un mes de anticipación, pero ahora ni siquiera se sabe si nuestro encuentro se podrá hacer porque es muy posible que nuestro interlocutor haya muerto para entonces.

El miedo, la desazón y la frustración necesitan rápidamente encontrar un culpable para mitigar todo ese malestar y, obviamente, lógicamente, el elegido es el Presidente de la Nación. No puede no saberlo Fernández. Y, a pesar de que lo sabe, se equivoca, comunica mal, confunde, se enoja y pierde. Esta semana cuando se sentó a mirar a los ojos a los argentinos y les comunicó las restricciones previstas pensó antes -y así lo dijo, después- a quien criticar. No hacían falta críticas. Hacían falta certezas. Y transmitir confianza para todos, no sólo para los que forman parte de su sector de gobierno. Y, así terminó cobrando.

Este miércoles, en LGplay, en el programa que se transmite por la noche, a partir de las 21, se vio una entrevista al psicólogo y escritor Luciano Loutereau. El joven profesional tuvo gran claridad para interpretar lo que están viviendo los argentinos, pero dijo algo que inevitablemente debe ser subrayado. Advirtió que aquel que se enoja, el que se “indigna”, deja de ser digno cuando lo hace. ¿Qué es la dignidad?, fue la obvia última pregunta. “La dignidad tiene que ver con ese momento o encrucijada vital en la que una persona es capaz de mostrar de qué valores está hecho”, explicó. Doble derrota para Fernández.

La peor de todas

Termina una semana realmente difícil, con un tremendo agravamiento de la curva de contagios en el país y en la provincia. Quizás haya sido la peor para Alberto Fernández, quien tras dudar bastante anunció severas medidas sanitarias y preventivas, que no cayeron bien en una población hastiada del encierro y de las penurias económicas. Sin embargo, urgido por sus asesores en el tema, jugó fuerte.

El problema es que largó y al darse la vuelta se dio cuenta de que estaba solo. Que no sólo el jefe de la CABA, Horacio Rodríguez Larreta, se había insubordinado contra sus disposiciones, sino que la inmensa mayoría de los gobernadores justicialistas no acompañaban todas sus medidas. Entre ellos, el tucumano Juan Manzur, que se suponía firmemente alineado junto a él.

Un mal momento que expone una preocupante situación de debilidad política de quien tiene la ya de por sí difícil tarea de manejar el timón de un barco acosado por las tempestades: ya no solamente la de la crisis económica, la inflación, la pobreza y el endeudamiento, sino también la de la terrible peste que azota al mundo y se transmuta para atacar a la raza humana. Por suerte, desde el punto de vista sanitario, la aparición de vacunas representa una luz al final del túnel, ya que permiten –cuando estén en circulación la cantidad necesaria– controlar al virus. Pero hasta en esto hizo agua.

La última encuesta de Poliarquía que circuló esta semana por Tucumán demuestra los problemas de imagen que tiene el Presidente. Pensar antes en la oposición, o en cómo mandar señales previo a comunicar lo que siente o lo que necesita, trae sus consecuencias. El 52% de los 1.784 argentinos encuestados desaprueban lo hecho por el Gobierno nacional para enfrentar el coronavirus. Lo obvio es que el 88% de los macristas testeados la desaprueba y sólo un 8% la aprueba. En cambio, en el grupo de los independientes la desaprobación llega al 56%. Cuando se les consultó a los cristinistas, el 97% respondió con el pulgar para arriba. Esto llamó la atención porque al insistente escenario que sugiere que la vice lo boicotea, se le contraponen estos guarismos. Finalmente, la otra sorpresa fue al sondear a los peronistas no cristinistas. Ellos fueron más críticos que los mismísimos cristinistas y hubo un 45% que desaprobó lo realizado y un 52% que estuvo de acuerdo. En la misma encuesta, el 70% sentenció que el coronavirus seguirá avanzando en todo el país y sólo el 22% confía en que se logrará frenarlo.

Fotógrafos, abstenerse

Y, por fin, se le dio. Osvaldo Jaldo llegó a Buenos Aires. No fue de la mano de Juan Manzur como otras veces. Y no pudo conseguir la foto sonriendo junto a Cristina. Pero, finalmente, como se precisó en estas mismas líneas hace dos semanas, se concretó el encuentro del vicegobernador con el senador Oscar Parrilli, hombre de extrema confianza de la vicepresidenta de la Nación. El objetivo de Jaldo era reunirse con Cristina, pero ésta lo derivó con su principal operador político, que sigue con cierta atención los temas de Tucumán.

La reunión en sí contiene varios mensajes: el principal es que la líder del kirchnerismo metió las narices en el conflicto de esta comarca, aunque le bajó el perfil a esa intervención. Igual la señal a Juan Manzur está clara: mientras los hombres de Fernández dejaron al vicegobernador sin interlocución y salieron a respaldar al titular del PE, el kirchnerismo al menos le puso la oreja.

Un dato de la reunión que habla por sí solo es que Parrilli no permitió fotos. La imagen viralizada de los dos legisladores que acompañaron a Jaldo tomándose imágenes en el hall del Instituto Patria mientras esperaban a su jefe, es ilustrativa del detalle.

De todas maneras, representa al fin y al cabo una bocanada de oxígeno para el promotor de la elección de Eduardo Cobos en la Defensoría del Pueblo. Hacía mucho ruido su orfandad de apoyos nacionales después de su enfrentamiento público con Manzur.

Está claro que por parte del jaldismo se ha puesto de manifiesto un espíritu conciliador luego de la espesa refriega y que fruto de ese “ablandamiento” mandó sus delegados al Congreso del PJ en El Cadillal. Seguramente, la gestión ante Parrilli creará mejores condiciones para una “foto de unidad” entre ambos mandamases del peronismo antes del cierre de listas para los comicios de este año.

Esa foto podría resultar contrastante con la de la oposición dividida en tres partes y para el pragmatismo peronista sería un logro no menor. Cerca del despacho del gobernador se comenta que la promesa de Manzur a Fernández de llevarle tres diputados y dos senadores parece cada vez más plausible. Con una sonrisa cómplice, alguien que suele tener diálogo con el gobernador sugiere que si el partido del intendente Germán Alfaro termina en segundo término, hasta se puede hablar de dos senadores y medio. Por extensión, en diputados se aplicaría la misma lógica: tres y medio.

Esa es sin duda la aspiración secreta de Manzur. Un resultado de esas características le devolvería preponderancia en el escenario nacional y le permitiría otear otros horizontes para 2023 si el objetivo de la reforma constitucional en la provincia se torna imposible.

De a poco se alejan los indicios de que la sangre llegará al río, aunque en el entorno del gobernador siguen alentando ese escenario.

Haciendo cuentas

El gobierno provincial despide la semana sin dar muchas explicaciones sobre la forma en que se dedicó a gastar dinero en 2019. Revisar la cuenta de inversión implica sorprenderse con cada hoja que pasa. Y, en aquel año electoral por ejemplo el Poder Ejecutivo de la provincia utilizó tanta plata en subsidios (la imagen de gente haciendo cola para recibir dinero días antes de los comicios es sólo un mal recuerdo) que igualó las partidas que refieren a obras públicas. Así, de 2018 a 2019 casi se triplicó la ayuda directa. La secretaría General de la Gobernación, por ejemplo de un total de 1.500 millones que se presupuestó para funcionar, destinó 1.000 millones para hacer transferencias, es decir que 700 de los 1.000 millones de pesos fueron subsidios que se destinaron a personas. Desde el oficialismo se hablará de la necesaria ayuda y solidaridad social, pero desde fuera demuestra un clientelismo que desnuda el desorden de una administración que prioriza seguir en el poder a cualquier costo.

Estas cosas que tienen poca explicación y que generan muchas dudas, pueden generar indignación, aunque ya aprendimos que no vale la pena perder la dignidad por las cuestiones que perdieron la línea ética y, que en todo caso debería ocuparse la Justicia o la oposición.

Esta nota fue anteriormente contenido exclusivo, sólo accesible para suscriptores.

 

Comentarios