Los agoreros de las vacunas - LA GACETA Tucumán

Los agoreros de las vacunas

14 Abr 2021

Susana Maidana

Profesora emérita UNT

Hace tan solo un par de días, nos enteramos con pesar que Mauro Viale había fallecido, hombre de los medios, reconocido por su impronta personal en la conducción periodística y por la pluralidad ideológica de sus invitados. Su muerte impactó de tal modo que todo el espectro de la política argentina, cualquiera sea su signo, manifestó su auténtico pesar. Hombre querido y respetado por su autenticidad y su voluntad de trabajo. Fue un defensor de la salud pública, de la vacunación y de la necesidad del cuidado en tiempos de pandemia.

Inmediatamente, se escucharon algunas voces de los agoreros de la vacuna, poniendo en duda su efectividad y sosteniendo posiciones reñidas con la ciencia.

En uno de los últimos programas de Viale, un profesional de la industria farmacéutica argentina, afirmaba, sin temor ni temblor, que aquellos que gozaban de buena salud, que se alimentaban sanamente, como era el caso de Mauro Viale, no iban a contraer COVID. Es casi un lugar común admitir que hay que alimentarse bien, pero sabemos que no es condición necesaria y suficiente para garantizar inmunidad a un virus de suma peligrosidad.

Circula, en Tucumán, un audio de un reconocido especialista, que afirma, sin pudor, que Mauro Viale murió porque tenía COVID, sin saberlo y, al colocarse la vacuna, generó super antígenos, que lo llevaron a su fallecimiento. Sin embargo, muchos médicos, apoyándose en argumentaciones científicas, aclararon que el fallecimiento del prestigioso conductor no fue provocado por la vacuna.

Hay quienes han llegado al extremo de haber comparado la implementación de la cuarentena con la falta de libertades de la dictadura militar. Ni qué decir de quienes recomiendan diferentes medicaciones que auguran la cura.

Me pregunto ¿cuál es el sentido de las falsas noticias, no testeadas científicamente. Me pregunto ¿cuál es el sentido de negar la pandemia, con el falaz argumento de no cercenar las voluntades individuales? ¿No son, acaso, modos de producir mayor angustia e incertidumbre en momentos de pandemia?

Reiteradamente nos preguntamos qué pasará después de esta pandemia. Muy seguramente cambiarán nuestros hábitos de cercanía, probablemente sigamos usando barbijos, como hacen otros países hace varios años. Pero, al menos, reconoceremos el valor de la ciencia, la salud y la educación públicas de nuestro país. Y, fundamentalmente, nos encaminaremos a lograr consensos en aras del bienestar humano, aun cuando haya quienes opongan resistencia a salir del laberinto de los prejuicios y de los intereses individuales o sectoriales.

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