
Es un hecho que nuestra sociedad está decadente. Todos somos responsables, especialmente la clase dirigente, que en muchos casos evita pronunciarse. Agresiones, burlas, vejaciones, la inseguridad, las disputas políticas, la depravación, la inmoralidad, la injusticia, el consumo de droga y consecuentemente, la degeneración, hacen ya insostenible esta situación. Tenemos en claro cuáles son nuestros derechos, pero también debemos aprender cuáles son nuestros deberes. La ruptura de la certeza dio lugar a la decadencia de la sociedad; debemos buscar nuevos valores, ideales donde encontrar la verdad; si un candidato promete ser honesto teniendo al lado un corrupto, nadie le podrá creer. Fruto de nuestra fragilidad humana, nos estamos negando a crecer en libertad y dignidad; al deshumanizarnos estamos en camino a destruirnos a nosotros mismos; los valores no deben ser impuestos, podemos y debemos adherirnos libremente. Dentro de nuestro país surgen conflictos y desencuentros; necesitamos reconciliarnos, descubrir las actitudes que nos aíslan de los otros, viendo más allá, y buscar sinceramente en nosotros mismos los valores que auténticamente forman parte de nuestro ser, encontrarnos con el sentido profundo de quiénes somos y quiénes queremos ser. Construir y no destruir, brindando un futuro promisorio para las generaciones que vendrán; para eso es necesario reconciliarnos y el camino a esto comienza tomando conciencia, aprendiendo a discernir, evitar de nuestras vidas la indiferencia o el miedo, no aceptar las imposiciones de la violencia, la corrupción y la impunidad de quienes nos estafaron, con la falta descarada de moral y la ética que debiera tener todo dirigente, denunciar los malos tratos que observamos, especialmente con las debilidades y necesidades de las personas más vulnerables. Sólo así llegaremos a la reconciliación plena. Todos somos merecedores de vivir en paz y armonía, sin ser dependientes de la miserabilidad de algunos, que nos maltratan con mentiras controlando obra, vida y milagros a través de los dolores e incapacidades de otros. Busquemos responsablemente a la persona que nos pueda brindar justicia, paz, y felicidad para todos y todas; sintámonos merecedores y dejemos de ser ilusos haciendo siempre lo mismo, esperando algo diferente.
Pablo José Giunta
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