Vaquer: “la política ha demostrado que no está a la altura de lo que se necesita en el país”

Mientras el Gobierno pide aportes extraordinarios a la sociedad, “sólo les pido que hagan bien lo ordinario, aquello por lo que fueron elegidos”, indica.

PROPUESTA CREATIVA; NO AGRESIVA. Así definió Vaquer a los planteos formulados a la dirigencia política para trabajar en conjunto por el país. PROPUESTA CREATIVA; NO AGRESIVA. Así definió Vaquer a los planteos formulados a la dirigencia política para trabajar en conjunto por el país.
Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 04 Abril 2021

Una carta. Eso fue suficiente para “cantarle las 40” a los políticos. Juan Manuel Vaquer, empresario, abogado y ex presidente de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas (ACDE), expuso lo que gran parte de la sociedad argentina plantea, cotidianamente a los gobernantes: un plan serio y detallado de Gobierno, informes que transparenten los actos de gestión, medidas para erradicar la corrupción, con legisladores más austeros y jueces que sean independientes y probos. La interpelación del empresario fue realizada a través de una carta pública y luego de pagar el denominado impuesto a la riqueza. Se trata de un Aporte Solidario y Extraordinario  que alcanza a las personas humanas y sucesiones indivisas residentes  en el país -y también los no residentes- por la totalidad de sus bienes en el país y en el exterior, siempre que no superen los $ 200 millones. “Espero que seas ejemplo de virtudes cívicas y republicanas. Una sociedad virtuosa se construye dando el ejemplo desde arriba. Y, si sos funcionario, estás especialmente obligado a tener una conducta ejemplar. Si no estás dispuesto a hacerlo, por favor, renunciá a tu cargo”, dice en la misiva dirigida a la política (ver algunas frases).

En una entrevista telefónica concedida a LA GACETA, Vaquer aclara que esa carta no fue dirigida a nadie en particular, sino a cualquier persona que administre la cosa pública en todos los ámbitos, nacional, provincial y municipal. Reafirma su convicción de que la Argentina saldrá adelante con el compromiso de todos los sectores de la sociedad. Señala que tiene raíces tucumanas. Su madre, María Victoria Santillán Paz, nació por estas tierras. “Por eso tengo un enorme vínculo afectivo con Tucumán”, afirma. Confiesa que le pone muy contento de que sus cuatro hijos, todos profesionales, se hayan quedado a vivir y a trabajar en la Argentina, “por decisión personal más que por sentirse rehenes en el país”. Esta es la entrevista que el empresario concedió a nuestro diario.

-Las estadísticas oficiales difundidas esta semana le dieron razón cuando dijo que la Argentina juega en las grandes ligas de los pobres...

-Sin dudas. No nos deben sorprender las cifras de un país con un 42% de su población urbana por debajo de la línea de pobreza. Pudo haberse esperado medio punto menos o más, pero la tendencia es clarísima y eso lleva décadas. Nos tenemos que plantear qué tenemos que hacer diferente para revertir este cuadro de situación. En vez de gastar energías para establecer cuándo empezó la pobreza y quiénes tienen la culpa de este cuadro socioeconómico, tendríamos que pensar de aquí en más cómo cambiar la historia. Y, con el pago del Aporte Solidario Extraordinario, es lo que hice diferente en mi caso y no quedarme en discutir sobre este impuesto que me parece pésimo y probablemente sea declarado inconstitucional. Me dije “vamos a pagarlo”. Desde esa autoridad moral, de haber hecho aquel esfuerzo extraordinario, demandamos a la dirigencia política que también hagan algo diferente porque, de otro modo, dentro de un año seguiremos discutiendo sobre la pobreza y si la tasa alcanza un 45% o un 50%.

-De allí la interpelación a los dirigentes políticos...

-A los que administran la cosa pública, sólo les pido que le den prioridad a aquellos que más necesidades tienen. A ese 42% de la población argentina que es considerada pobre, pero que esos políticos lo hagan no pensando en captar sus votos, sino en cómo proveerles de más educación, de más salud y de más seguridad. Naturalmente también recreando el empleo para que la sociedad que menos tiene, a través de su esfuerzo y con dignidad, pueda salir adelante y desarrollarse.

-En su carta pública, ha demandado que el aporte extraordinario sea acompañado con una conducta en el gasto público. ¿Por qué cuesta tanto hacer ese esfuerzo fiscal?

-Entre otras cosas, hay que cambiar el enfoque porque vivimos discutiendo sobre si tenemos que tener más o menos Estado. Lo que planteo es que hay que tener mejor Estado. Está claro que ese Estado, en todos sus niveles, no está funcionando. Parece un Estado bobo; cuando compra, lo hace mal; tiene pérdidas por todos lados; algunas por ineficiencia, otras por corrupción. No existen planes. En el sector privado, por ejemplo, tenés que tener un departamento para medir si funciona o no una empresa. Ese plan es presentado a los dueños o a los accionistas y es transparente. Cada tres meses se mide su ejecución, si se está por el buen camino o no. Son cosas de sentido común, eso que se rinda cuentas de los actos y de los planes. Entonces digo que hay que hacer desaparecer una cantidad importante de gastos superfluos, de ineficiencia y de corrupción porque si no hacemos eso, la sociedad se tornará inviable.

-¿Por qué cree que a la política le cuesta tomar decisiones a partir del sentido común?

-Probablemente la respuesta se encuentre en múltiples causas. Los incentivos no están. Respecto de la política, tal vez porque la sociedad no le demanda (decisiones de sentido común) a través de su voto. Así las designaciones que se realizan no son tanto por competencias, sino por afinidad ideológica. En otros casos, la respuesta puede ser el desinterés por llevar adelante medidas o en decisiones que apuntan más a beneficios personales y no buscando el bien público. Más allá de estas múltiples causas, lo que sí está claro es que, del lado de la política, se ha demostrado que no está a la altura de lo que se necesita. No hay un esfuerzo extraordinario, como el que la política le pide ese esfuerzo a muchos actores de la sociedad. Miremos por sectores. La salud está haciendo un esfuerzo extraordinario en esta pandemia del coronavirus y, si miramos a nuestro vecino Uruguay, la política ha reducido sueldos para contribuir a mejor los de aquel sector. Ni siquiera estoy pidiendo eso (con la carta pública) a la política argentina; tan sólo que hagan bien lo ordinario, aquello por lo cual los funcionarios y dirigentes han sido designados. Si no pueden hacer eso, entonces renuncian. Sean dignos y háganlo.

-¿Considera que hay una suerte de castigo para aquellos que invierten en tiempos difíciles en vez de generarles mejores condiciones para ampliar esas inversiones? ¿Cómo observa la decisión que adoptó el CEO de Mercado Libre Marcos Galperín?

-No podemos tener una conversación seria e inteligente sobre la política y la economía sin tener presente la pobreza estructural. Internamente, creo que la única forma de revertir esta situación de pobreza es a través del crecimiento del sector privado, que es el que genera empleo genuino. La actividad privada genera valor para que un país crezca, pero también hay que redistribuir la riqueza de una manera inteligente. No vamos a crecer si no hay inversiones muchísimas más grandes de las que hay ahora porque los que se vuelcan hoy ni siquiera alcanzan para reponer los activos por el paso del tiempo o para infraestructura. En la Argentina hay gente inteligente, que tiene capitales, que estaba dispuesto a arriesgarlos, pero algunos se están yendo. No los juzgo. Pero sí tenemos que reaccionar para que no ocurra nunca más. Con lo que escribí en la carta sólo interpelo para que tomemos conciencia de la urgencia que estamos pasando y reaccionemos.

-¿Estamos entrampados en aquello de una Argentina plagada de grietas y de antítesis entre la riqueza y la pobreza?

-Me das pie para señalar que hay una creencia en un sector grande de la población de que en el país hay personas con grandes fortunas y muy adineradas. No es tan así. En mi caso, el impuesto a la riqueza me alcanzó, pero mis activos no serían considerados como fortuna en ningún país serio del planeta. En el imaginario, queda esa figura de McPato acostado panza arriba sobre una montaña de monedas y billetes. Pero en la realidad no esa así. Mi familia, mi esposa y yo hemos trabajado toda la vida, con la disciplina de vivir gastando sólo por debajo de lo que nos ingresaba. Hemos vivido bien y no tiramos manteca al techo. Esa conducta nos permitió construir un patrimonio para estar más tranquilos a la hora del retiro. Digo que el impuesto a la riqueza alcanza a gente que no tiene grandes fortunas. Tenemos que mirar hacia adelante. Estamos gastando energías echando culpas los unos sobre los otros. Hay que salir de ese esquema, en un esfuerzo de grandeza de toda la sociedad. Hay que buscar cambiar las cosas verdaderamente, ceder algo de nuestra parte y no solamente que lo haga el otro. La política le pide una cantidad enorme de esfuerzos a los otros, pero no está a la altura de ese esfuerzo colectivo. Hay que construir un proyecto de país entre todos, aun tragándose algunos sapos. Yo me comí este sapo (el llamado impuesto a la riqueza) y no es muy rico comerse este aporte extraordinario. Todos tenemos que ceder. Así se construye un país.

-Se ha anunciado, en reiteradas oportunidades la creación de mesas de diálogo o de concertación intersectorial.¿Por qué cree que no se llega a nada?

-Creo que la única forma de avanzar es que, como sociedad, tomemos conciencia de la urgencia de medidas que necesita la Argentina en estos momentos. En el caso de mi planteo a la política, muchos me dijeron que era demasiado ingenuo porque no creen que las cosas cambien. Yo tengo claro que no intentándolo, tengo el 100% de posibilidades de no lograr el cambio. Intentarlo vale la pena y, en la medida que la sociedad lo exija y comprendamos acerca de la necesidad de encarrilar el rumbo, algún día el cambio sucederá. Espero que sea pronto. No creo que tengamos demasiado tiempo para revertir esta situación de pobreza y que, por no hacer nada, se vuelva inmodificable.

-Como abogado y como empresario, ¿qué espera de la Justicia?

-En la carta puse un párrafo al respecto. Como abogado, debo decir que en cualquier democracia, la Justicia es la última defensa de los derechos individuales, de la libertad, de la propiedad y de las personas. Y de esa Justicia espero tres cosas: independencia, para que haya más jueces valientes que no se dejen influir y emitan fallos de acuerdo con su conciencia y pensando si perjudica o beneficia a un sector o a una facción; espero probidad e integridad, porque ese magistrado cobra buenos sueldos que le permiten vivir adecuadamente y tener después una buena jubilación; y lo tercero, que haya sentencias a tiempo, para que los expedientes no se demoren décadas. La Justicia lenta termina no siendo justicia y en nuestra realidad hay innumerables ejemplos. Es algo de sentido común y tan simple que un juez debe tener en cuenta desde el momento que jura en el cargo.

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