
Hoy Domingo de Pascua la Iglesia en el mundo celebra la Resurrección del Señor. Cristo vive, no se quedó en la muerte sino que vive para darnos vida y llamarnos a ser portadores de vida en el presente. Es una segunda Pascua que nos toca pasar transida por la pasión de la pandemia, cruda realidad que se impone como hecho real que afecta a los cuerpos y a las almas de todos; es nuestra pasión como humanidad global, que sufre pero que desde la resurrección no debe olvidar que está llamada a la vida.
Para los cristianos que nos levantamos hoy con la certeza de la resurrección del Señor y de que Él vive entre nosotros, la victoria de la Vida ha de ser nuestra roca de esperanza para los momentos que vivimos y tendremos que vivir. La Pascua es Vida de Dios y es vida llamada a ser transmitida y protegida en los modos existenciales que nos toca transitar. Ese es el mandato que tenemos, a resucitar permanente la vida del mundo. Los cristianos estamos llamados, obligados en cierta manera, a ser anticuerpos de salud espiritual desde el Señor y en la Iglesia.
1.- Resucitar del Miedo: Hay que resucitar los corazones porque la pandemia ha inoculado el miedo, que paraliza y enferma. No podemos caer en la muerte del temor sino en el despertar del existir con pleno deseo de vida y de vivir la vida buena. Dios es nuestra vida, no permitamos que el miedo nos enferme y nos mate, reaccionemos desde la libertad interior de querer servir a Dios y a los hermanos en este momento histórico que nos toca transitar. La fe nos convoca a ser testigos de Esperanza, de mucha esperanza ante tanto miedo.
2.- Resucitar la Sociedad: El mundo se siente extraño y el síntoma más global que se vive es la confusión. Los espíritus se encuentran confusos y desorientados por la incertidumbre global. Los resucitados en Jesús están llamados a colaborar en resucitar una sociedad confusa y en estado de niebla permanente. ¿Qué ámbitos? La sociedad argentina ha recibido la Pascua con el 43% de pobreza, con una pandemia de enfermedades pero también de pobreza en vacunas, profundamente dividida en todos sus ámbitos, ya políticos como económicos y sociales. Argentina no podrá emerger de esta crisis ni de sus consecuencias futuras si no toma la decisión de apostar por la vida de todos los argentinos.
3.- Resucitar de la Injusticia, la Corrupción y el Individualismo: Argentina no puede seguir construyendo su futuro sobre el crecimiento de los más pobres y sobre una grieta social que es oportunidad para que los audaces de siempre aprovechen la confusión para sus intereses personales y sectoriales. Hay una pandemia educativa que crece cada día mas, una verdadera pauperización del estado de justicia y ausencia de honestidad en la estructura social más ínfima. Hay que resucitar de un mundo líquido de valores en verdaderos bienes morales y espirituales. La gravedad se hace patente en la ausencia de un verdadero liderazgo a la altura de las circunstancias. Una pandemia de líderes agrava la resolución del problema.
4.- Resucitar a la Familia: Argentina no puede salir fortalecida si no consolida las familias. La segregación socioeconómica y cultural de la familia traerá graves consecuencias a futuro. Hijos o familias enteras que parten al exterior en búsqueda de trabajo, conlleva la fragmentación y disolución de los vínculos por la ausencia de relacionalidad. Han surgido familias que viven como hongos individuales y no como comunidades de personas. Habrá Nación fuerte con familias sólidas y estables. La ley del aborto ha sido una heridad profunda en el corazón de las familias. Un país se edifica sobre leyes que favorecen la vida, nunca la muerte.
5.- Resucitar la Iglesia: los miembros de la Iglesia católica estamos llamados a responder a esta hora de la historia argentina. Es tiempo de una mayor exigencia en el servicio y la creatividad pastoral que pueda responder a lo que pasa en la sociedad. Nuestra tarea primordial es anunciar el Evangelio de Jesús y buscar proyectar sus consecuencias en la sociedad. Los pastores predicando y los laicos buscando crear acciones para la transformación de las almas y cuerpos, individuales y sociales. Son tiempos de mayor heroicidad y entrega para corresponder en cada lugar que nos toca vivir. No hay ámbito humano donde los cristianos no puedan aportar la semilla de la vida y la justicia. También somos responsables de lo que pasa.
Todos estos campos son un panorama crudo pero también una oportunidad para dar lo mejor de nosotros en la resurrección de la sociedad.
¡Cristo ha resucitado y espera de vos y de mí una jugada histórica para lograr el triunfo de la Vida!
Felices Pascuas.







