Malvinas: de la batalla más larga sólo queda la historia - LA GACETA Tucumán

Malvinas: de la batalla más larga sólo queda la historia

Pradera del Ganso fue el primero y más prolongado de los enfrentamientos de la Guerra de Malvinas: fueron 33 horas de plomo.

02 Abr 2021 Por Álvaro José Aurane
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Edificio municipal, en Malvinas

En enorme medida podría decirse que el comienzo ocurrió aquí. Pero sólo los que conocen la historia pueden notarlo. Porque el lugar se parece a un paisaje de campiña de ensueño. Todo es verdor. A la diestra. Y a la siniestra. Y, como decorado final, están las ovejas, pastando imperturbables. Sin embargo, la escena está incompleta. El paisaje debería estar interrumpido por una escuela. Pero de ella queda nada. La guerra se la llevó.

En la Pradera del Ganso casi no quedan cicatrices del encarnizado enfrentamiento entre argentinos e ingleses que comenzó en las primeras horas del 28 de mayo hasta el mediodía del 29. Una lucha feroz que tuvo focos de acción en el cerro Darwin, en la parte norte de esta planicie, donde estaba el establecimiento educativo, y en las cercanías del pequeño poblado homónimo, que los actuales ocupantes llaman “Goose Green”, razón por la que en los despachos oficiales argentinos aparezca como “Ganso Verde”, que es la más literal de las traducciones.

Los ingleses habían iniciado el desembarco de sus tropas una semana antes en la cercana Bahía de San Carlos. Y luego de consolidar la cabeza de playa avanzaron hacia esas posiciones argentinas. De modo que Pradera del Ganso fue la primera batalla terrestre del conflicto bélico de 1982. Por esos antojos de los registros de documentos, ese mismo 28, los militares argentinos emiten el comunicado número 100, mediante el cual: “El Estado Mayor Conjunto comunica que oportunamente requirió de la ciudadanía que toda contribución de bienes al esfuerzo de consolidar la soberanía argentina en las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur fuera canalizado en efectivo a través del Fondo Patriótico”. Explicaban que, de la mercadería donada, mucha era útil para la logística.

En esta parte del archipiélago austral, simultáneamente, las tropas argentinas recibían, según consta en numerosas fuentes que recogen el testimonio de los combatientes, desde las balas de ametralladoras y los morteros de la artillería de campaña hasta el cañoneo de los buques británicos e, inclusive, misiles antitanque contra sus posiciones. Sin embargo, resistieron hasta tal punto que convirtieron a ese enfrentamiento en la batalla más larga de las que se registraron en los 74 días que duró la Guerra de Malvinas. Al final, el saldo de víctimas fatales en el que coinciden numerosas fuentes fue de 17 bajas para los británicos y de 37 caídos para los argentinos.

Pero en pintoresco poblado no hay nada que haga suponer que por ahí cerca, soldados de uno y otro lado del Atlántico se mataban, se dispersaban, se reagrupaban, se reabastecían y contraatacaban, una y otra vez, casi sin descanso, entre las 2.00 de un día y las 11.00 de otro.

Hay una veintena de construcciones, entre las que tratan de pasar disimuladas algunas edificaciones que, a los efectos de la guerra, son históricas. Por ejemplo, el galpón donde permanecieron detenidos los soldados argentinos que sobrevivieron esas 33 horas de plomo.

Según las fuentes que se consideren, fueron entre 1.100 y 1.400 los conscriptos que fueron tomados como prisiones allí hasta los días posteriores a la rendición argentina, que ocurrió el 14 de junio. Fueron, ciertamente, menos días que los que estuvieron, en similares condiciones, los pobladores de Pradera del Ganso, en un caserón contiguo, que, desde lejos, antes que el edificio municipal parece una capilla.

“Los argentinos sospechaban que los pobladores mantenían contactos con las fuerzas británicas, especialmente por las incursiones de los aviones ‘Sea Harrier’ que se habían concretado en días anteriores. Entonces, el 1 de mayo fueron convocados todos, en carácter obligatorio, a una reunión en el edificio municipal. Cuando estuvieron adentro, les cerraron la puerta”, explica el guía isleño Anthony Smith.

En total, fueron 115 los civiles que permanecieron allí hasta el día en que Pradera del Ganso volvía a ser llamada “Goose Green”. Una treintena de ellos eran granjeros, y el resto eran isleños que se habían ido de Puerto Argentino tras el desembarco de las fuerzas de la Argentina.

En el pueblo, los argentinos emplazaron su arsenal así como baterías antiaéreas, con las que derribaron dos bombarderos ingleses: uno el 1 de mayo y el otro el 27 de ese mes, en la víspera del combate. El piloto de esta última nave murió al estrellarse y su cuerpo está enterrado a un par de centenares de metros de las casas.

Al lado de esa tumba, a baja altura, se ha levantado un largo refugio para rebaños, hecho de chapas. Esa estructura hace que el sepulcro no pueda verse desde el camino. Porque el maquillaje campesino se esfuerza por disimularlo todo. Hasta el punto de que en la Pradera del Ganso ya no se ven gansos sino ovejas, que también son animales de granjas. Y ahora, en lugar de explosiones, sólo hay silencio, que también es el sonido de la muerte.

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